Joaquín Borges-Triana

Los que soñamos por la oreja

Nueva mordida de la serpiente blanca

Después de tres años de la salida al mercado del disco titulado Good to be bad, el vocalista David Coverdale y su tropa de Whitesnake vuelven a la carga en el presente 2011. El pasado 25 de marzo fue puesto en circulación a nivel mundial el fonograma denominado Forevermore, decimoprimero en la carrera de esta vieja agrupación británica que, pese al tiempo transcurrido desde su aparición y a los muchos cambios de alineación en su nómina, persiste en reinventarse una y otra vez.

Desde que uno empieza a escuchar los 14 temas recogidos en el CD, se da cuenta de que este es un material con profundo sabor retro, pletórico en reminiscencias de álbumes grabados por el ensemble entre fines de los 70 y la década de los 80. En tal sentido, cabe afirmar que estamos ante un puñado de composiciones e interpretaciones signadas por un sonido gordo y cortante, con una base rítmica bien empastada. Asimismo, es evidente que Coverdale y sus compañeros de grupo se propusieron al enfrentarse a la producción de este nuevo fonograma, hacer un retorno a lo que pudiera definirse como una propuesta del más clásico rock y blues metalero.

Con una actual nómina en la que acompañan al vocalista David Coverdale los guitarristas Doug Aldrich y Reb Beach, así como el baterista Brian Tichy, Michael Devin en el bajo y el teclista Brian Ruedy, Forevermore se inicia con Steal your heart away, corte cuya introducción me lleva a evocar los tiempos ya lejanos de Love Hunter, uno de los trabajos discográficos de la banda que más he disfrutado personalmente, junto al afamado 1987.

Algo que también me llama la atención de conjunto en el CD es ese sutil pero claro coqueteo que se percibe con el legado de Led Zeppelin. En el manejo que aquí se hace de composiciones en un aire de medio tiempo, como sucede en One of these days, o en los cortes titulados Whipping boy blues y My evil ways, se comprueba que Coverdale ha sido un profundo admirador y seguidor de la obra de los Zep. No por gusto llegó a grabar un álbum con el maestro Jimmy Page.

En lo referido al desempeño de los músicos de la agrupación, como excelentes profesionales que todos son, los mismos responden con total exactitud a las funciones que cada uno de ellos debe asumir en el colectivo. Harto significativo resulta lo bien que acopla la mancuerna de guitarristas, por encima de que sus estilos de tocar son muy diferentes. De los dos instrumentistas, como ya sucediese en el Good to be bad, Doug Aldrich es quien (en mi opinión) se lleva las palmas a la hora de demostrar las habilidades como ejecutante. Creo que también resulta favorable la decisión de hacer que las guitarras suenen un tanto menos saturadas que en el aludido disco de 2008.

Ya en lo concerniente a la participación de David Coverdale como figura frontal de Whitesnake, hay que tener en cuenta que este hombre arriba en el presente 2011 a los 60 años de edad y que unido a ello, su garganta ha tenido problemas en tiempos recientes, que lo han llevado hasta a clausurar giras. A pesar de dicha situación, creo que en este álbum él sale bastante bien parado, porque sabe adaptarse a sus posibilidades actuales, que por supuesto no son las de aquellos tiempos en que nos maravilló al irrumpir en la escena del rock como cantante de Deep Purple.

Pero como dice el refranero popular, «más sabe el diablo por viejo que por diablo». A tenor con lo expresado, David nos atrapa con su magia y demuestra que él ha sido uno de los mejores cantantes de hard rock que han existido, prueba de lo cual lo brinda en el groove que le aporta a la interpretación de All out of luck, o en esa lección de buen canto que es Tell me how.

En mi criterio, el lado menos logrado de Forevermore es el representado por las baladas, que en general poco aportan, a lo que se une la pobreza de sus textos. Al margen de tal señalamiento, este es un fonograma que nos pone ante una banda aguerrida y que en temas como Dogs in the street, rockea como en los tiempos gloriosos del grupo. Porque de seguro, este es el Whitesnake de siempre y, por lo menos para mí, eso es más que suficiente.

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