Joaquín Borges-Triana

Los que soñamos por la oreja

¿Quién dice que segundas partes nunca son buenas?

Hace poco, y gracias a mi nuevo hermano Ricardo Castillo, he iniciado amistad con una encantadora muchacha, economista de profesión pero de gran sensibilidad hacia el arte y la literatura. Un poco en broma y otro tanto en serio, mi amiga me ha rebautizado como Viejito JB. Si bien tal apelativo no me molesta, de cuando en vez le recuerdo que, como diría la canción tema de un antiguo programa televisivo, «joven ha de ser quien lo quiera ser».

Lo de poseer juventud acumulada tiene sus ventajas, sobre todo en lo relacionado con el tema al que me he dedicado como profesional durante años. He escuchado tanta y tanta música por mi edad, trabajo y afición, que ello me permite establecer comparaciones entre propuestas del presente con otras del pasado. Justo eso es lo que me sucede con California Transit Authority (CTA), una de las agrupaciones que más disfruto desde su aparición con el disco Full circle.

Este grupo suena como debería haberlo hecho Chicago, si no se hubiesen apartado de la línea estilística con la que se dieron a conocer en los tempranos años 70 del pasado siglo, y con la que marcaron pauta en la música de todo el mundo. Uno de los fundadores y bateristas de lo que de inicio se llamó Chicago Transit Authority (reducido luego solo a Chicago) fue Danny Seraphine, expulsado de la agrupación en 1990.

Tras 15 años de casi nula actividad (esta clase de músicos se puede dar ese lujo, pues por lo general son millonarios), Danny fue convencido por el guitarrista Marc Bonilla para que saliera del retiro que se había impuesto y así dar vida a una nueva banda. De tal modo fue que surgió CTA, con la idea de revivir el espíritu y la alegría que prevalecían en el primer repertorio de Chicago.

La ópera prima del proyecto naciente fue el mencionado CD Full circle, un disco en el que rock, soul, jazz y mucha bomba (como se diría en el argot de los músicos) se mezclan para dar como resultado un muy atractivo material.

Era lógico que el álbum recibiese una favorable acogida pues, junto a los mencionados Seraphine y Bonilla, en la grabación intervinieron instrumentistas de la talla de Ed Roth, Peter Fish y Mick Mahan, así como Keith Emerson, Brandon Fields, Nick Lane, Lee Thornburg y Alex Acuña, entre otros invitados.

Si bien es cierto que Full circle nos presentó a un Danny Seraphine rejuvenecido y con muchas ganas de hacer música de altos valores, también resulta verdad que, como propuesta para el mercado, el álbum se planificó para ir al seguro. Y esto lo digo no solo por la excelente nómina de instrumentistas que participaron, sino sobre todo por la concepción manejada para la selección del repertorio del disco.

En él se echó mano a varias viejas y exitosas piezas de Chicago, como por ejemplo, Introduction, South California Purples, Make Me Smile, West Virginia Fantasies, Colour My World, Happy Cause I´m Going Home, Mississippi Delta Blues, I´m a Man (notable cover hecho por Chicago a un original de The Spencer Davis Group) y 25 or 6 to 4, en la condición de Bonus Track.

La segunda producción fonográfica de CTA, es decir, Sacred Ground, para mi gusto constituye un trabajo más llamativo que su ópera prima, no porque aquella estuviese carente de atractivos, ¡nada de eso! Lo que ocurre es que en este otro álbum, Danny Seraphine y Marc Bonilla (los cerebros del ensamble) apuestan por un espíritu de mayor creatividad. De tal suerte, disfrutamos de un repertorio en el que en ocho de los 14 temas registrados, Marc es autor o coautor, a lo cual une que las formidables orquestaciones del CD corren a su cargo.

Aunque todo el disco me resulta estupendo, es obvio que en él hay cortes que son mis favoritos. Tales son los casos de los instrumentales In the kitchen (con la intervención de nuestro compatriota Luis Conte en la percusión cubana), original de Peter Fish, y Primetime, escrito por Bonilla, Seraphine, el teclista Ed Roth y el bajista Mick Mahan.

Sobresalen también un par de covers, I Love You More Than You´ll Ever Know, compuesto por Al Kooper para el primer disco de Blood, Sweat and Tears, y Take Me Back To Chicago, original de Seraphine cuando era miembro de Chicago.

Álbum sencillamente maravilloso, Sacred Ground, de CTA, que marca otro hito en la historia del jazz rock y corrobora que a veces segundas partes sí pueden ser buenas.

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