Los que soñamos por la oreja

Buen thrash death melódico

Mientras disfrutaba muchísimo en los dos recientes conciertos de la banda The Dead Daisies, tanto por el repertorio del grupo, sus versiones acerca de temas de agrupaciones al corte de Cactus, Deep Purple o The Beatles, como por las breves citas a clásicos del rock de otros tiempos que hacían al introducir o desarrollar piezas suyas como Yesterday, numerosas ideas pasaban por mi cabeza. Por más que no quería pensar sino solo ser partícipe del jolgorio colectivo, no podía dejar de meditar en que resulta una pena que toda o buena parte de ese público que se moviliza para ir a las funciones cuando nos visita un ensemble foráneo, no haga el más mínimo esfuerzo por apoyar a la escena nacional de rock y metal.

No fueron pocas las personas que me comentaron tras estos conciertos que no sabían que en Cuba existiera un proyecto como el de Ánima Mundi (a pesar de sus casi 20 años en la carretera), totalmente enfocado hacia el rock sinfónico, o que me dijeron que ellos ubicaban a David Blanco solo como el intérprete de La pachanga y no como alguien al que le encanta abordar cortes de gentes como The Rolling Stones, a tono con su vieja historia allá por los 90 en la banda A19. Igualmente, en ambas noches pensé que sería estupendo que todos esos colegas de la prensa que cubrieron de manera excelente los conciertos de The Dead Daisies, de cuando en vez realizaran trabajos periodísticos sobre el quehacer de nuestros grupos de rock y metal, de tan escasa presencia en los medios de comunicación en Cuba.

Una de esas agrupaciones cubanas con una propuesta harto interesante, pero que rara vez aparece en nuestra prensa es la denominada Blinder, surgida en la capital villaclareña en 1999, como suerte de continuación de Médium, uno de los primeros grupos que entre nosotros abordó el death metal. Dirigidos desde su fundación por el vocalista Eric Domenech García, en 2014 Blinder fue fichado por el sello discográfico canadiense Rhombifer Music, el cual les puso en el mercado el fonograma titulado Hegemonic cult, perfecto ejemplo de lo que cabría calificarse como muestra de thrash death melódico.

Desde las mismas páginas de Juventud Rebelde, he comentado las anteriores propuestas discográficas de esta banda, es decir, Transhumanos, Opción cero y Cultura del miedo. Si en aquellos materiales, el piquete de Santa Clara apostaba por la hibridación entre el death metal con pasajes industriales, así como por la utilización de elementos melódicos y del estilo procedente del llamado metal europeo, ahora nos entregan un fonograma signado por la madurez de lo que interpretan, con una prevalencia de pesados riffs y ágiles solos guitarrísticos.

Con una alineación en la que aparecen los guitarristas Aldo Díaz y Yoandi Broche, el bajista Asley de Armas, Reinel Rodríguez como baterista e ingeniero de grabación, además del ya mencionado Eric Domenech García como hombre frontal del ensemble, en su más reciente grabación Blinder incluye un total de ocho cortes. El disco abre con la pieza denominada Soulles, que sirve a las claras para captar las intenciones musicales del proyecto villaclareño. Desde aquí uno se sorprende al ver que a pesar de los años transcurridos, Eric se mantiene con el poderío de su voz totalmente intacto, inmerso en los códigos del canto gutural, como cuando se le conoció allá por el lejano decenio de los 90.

Otros temas recogidos en Hegemonic cult son I hate myself, Faces of reality (donde tienen como invitado al guitarrista Ionel Muñoz), Shoot to hill, Final proclamation of war (mi track favorito en el fonograma), Hegemonic cult (que da nombre al material» y que trae la sorpresa de contar con un impactante solo guitarrístico a cargo de Steve Smith, otrora integrante de bandas afamadas como Forbidden, One Machine, Nevermore, Testament, Dragonlord y Vicious Rumors.

En este disco, que también tuvo la fortuna de ser masterisado por Andy LaRocque, guitarrista del afamado grupo King Diamond, Blinder incluye además una excelente versión acerca de Die by the sword, original de Slayer y que sirve como sentido tributo a Jeff Hanneman, desaparecido miembro de dicha banda estadounidense. Álbum que de seguro hará las delicias de los amantes del metal extremo, en él Eric Domenech y su tropa corroboran lo sólido de su propuesta, a la que solo le haría falta que público y prensa entre nosotros apoyásemos un poco más. Digo yo.

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