Los que soñamos por la oreja

Descansa en paz y gracias, Chris Squire

Suelo planificar con sobrado tiempo de antelación lo que voy a escribir para esta sección. Desde hace más de una semana había pensado que hoy me referiría a la colección Memorias, la más reciente e interesante idea de Jorge Rodríguez y el colectivo de los archivos de la Egrem, pero un correo de mi buen amigo Humberto Manduley, fechado el pasado domingo, lo cambió todo. En el mensaje, Mandu me decía: «Murió Chris Squire. Geoff Downess acaba de dar la noticia hace un rato… Qué mal... El tipo estaba enfermo con leucemia, bajo tratamiento y había dejado su puesto para la próxima gira de Yes (sería la primera vez que saldrían de gira sin él)...».

Para quienes durante décadas hemos sido devotos del rock sinfónico y del progresivo, el nombre de Chris  Squire ha resultado harto familiar. Como que en mi caso, soy de los contados que se niega de plano a participar en Facebook, no sabía nada de su enfermedad ni del anuncio de que no intervendría en la actual gira de Yes, por cierto, en compañía de Toto. Tengo claro que muchos de mis lectores no tienen idea de quién es este músico, pero les puedo asegurar que él ha sido uno de los instrumentistas de mayor importancia en su generación, esa que lo transformó todo a partir del decenio de los 60.

Nacido el 4 de marzo de 1948 en Kingsbury, en el noroeste de Londres, y de nombre completo Christopher Russell Edward Squire, él fue el único miembro que permaneció en las filas de Yes desde que se fundasen en 1968, por lo que intervino como bajista, compositor, corista y arreglista en todos los discos grabados por la banda, sin discusión una agrupación insigne del mejor rock sinfónico/progresivo de siempre.

Mientras escribo las presentes líneas, me parece que estoy escuchando el sonido inconfundible que Chris Squire le sacaba a su bajo, marca Rickenbacker 4001, con el que mezclaba dosis iguales de agresividad, dinamismo y melodía. Al tocar, él usaba la técnica conocida como bi-amping, es decir, separar la señal estéreo de su instrumento, por medio de dividir la señal de los micrófonos del bajo en salidas duales de alta y baja frecuencia. Así, las bajas frecuencias las mandaba a un amplificador de bajo convencional, mientras que las de alta las dirigía a otro amplificador pero de guitarra. Con ello conseguía generar un sonido particular, complementado por el empleo de pedales como el wah-wah.

Su extraordinaria línea de bajo en el tema Rondabout, del LP de Yes Fragile (1971), quedará como una clase magistral para cualquier bajista. Igualmente, recomiendo buscar su disco Fish Out of Water (memorable álbum en compañía de personajes como Bill Bruford en batería y Patrick Moraz en teclados),uno de los tres fonogramas que nos dejase como solista.

Hay quienes le han achacado a Chris cierta vocación por coquetear con modas pasajeras, sobre todo por haber sido el ideólogo de un disco como 90125 (1983), de seguro la producción musical más discutida de Yes. Tengo que decir que en su momento de salida, también yo estuve entre los furibundos críticos de dicho material; sin embargo, con el tiempo se me ha ido convirtiendo en un trabajo al que vuelvo una y otra vez y al que le redescubro detalles en cada nueva audición. A estas alturas de mi vida, me parece que la idea de Squire al llamar al sudafricano Trevor Rabin para intervenir como guitarrista en aquella grabación fue sencillamente una genialidad, aunque entonces no me percaté de ello.

Ahora, al saber que Chris Squire ha muerto, evoco mis viejas discusiones con amigos como Ernesto Altshuler Álvarez, Lenny Martel y el también fallecido Carlitos Lugo, en las que nunca nos pusimos de acuerdo en cuanto a cuál resulta el mejor disco de Yes. Hoy poco importan ya los desencuentros que originaron acercamientos y alejamientos de los integrantes del grupo, del que el bajista también conocido como Fish nunca se fue. Cuando el teclista Rick Wakeman nos visitase, acuné el sueño de que a lo mejor alguna vez por aquí estaría Yes. Por supuesto que de ocurrir algo así, ya no sería lo mismo. Así pues, lo único que me queda hacer en mi nombre y en el de quienes hemos admirado a este hombre fallecido el pasado sábado 27 es decirle: «Descansa en paz y gracias, Chris Squire.».

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