Los que soñamos por la oreja

El feliz retorno de Estado de Ánimo

Más allá de que resulte triste admitirlo, cualquier estudio serio acerca de la producción fonográfica en Cuba de las últimas décadas ha de concluir que la falta de coherencia en lo concerniente al trabajo en dicha área ha sido signo predominante. Así, la selección de artistas para grabar no ha obedecido a una secuencia lógica, hay quienes han quedado obviados en favor de otros que llegaron después que ellos o están los que han tenido una primera oportunidad cuando ya han visto pasar sus mejores momentos. De tal suerte, una época tan infinitamente rica como la que se ha vivido en nuestro país en materia musical, no ha tenido el más feliz reflejo en cuanto a discos se refiere. Hoy quiero comentar a propósito de un ejemplo que atestigua lo anterior, en el sentido de ser una grabación sacada al mercado a destiempo de haberse efectuado.

Para quienes durante el decenio de los 90 de la anterior centuria seguíamos en Cuba la música de carácter propositivo, el nombre de la agrupación Estado de Ánimo nos resultaba algo familiar, no solo por ser la banda de respaldo del siempre recordado y querido Santiago Feliú sino por el propio trabajo que de manera independiente ellos realizaban. Lamentablemente, en aquel momento las discográficas cubanas nunca se interesaron por dejar plasmado en un disco el quehacer del ensemble. Por entonces todo el énfasis solía recaer en la timba y no había casi espacio para otra clase de propuestas.

Muchos años después de que Estado de Ánimo desapareció como  colectivo, por fin los melómanos interesados podemos disfrutar de un soporte digital con una muestra de lo hecho por esta formación. El material es contentivo de la grabación de una actuación llevada a cabo por el grupo a propósito de una gira por España, por tanto posee todas las virtudes y ¿por qué no? también los posibles defectos de esa clase de registros. Empero, lo destacable es que con el prensaje se salva parte de la deuda que los sellos discográficos cubanos tienen con una gran zona de la música producida entre nosotros en el complejo decenio de los 90.

Se recogen en este álbum nueve temas, entre los cuales aparecen varios de los que no podían dejar de estar en el repertorio activo de la agrupación en cada una de sus funciones. Así volvemos a escuchar cortes como El mueble de Bebita, del guitarrista Élmer Ferrer; El rap de Aurobindo y El canguro loco, ambas acreditadas al bajista del ensemble, el hoy muy popular Descemer Bueno; Aunque no lo quieras reconocer estamos separados, del pianista Roberto Carcassés; o Poliscandú, del baterista Ruy López-Nussa.

Si me preguntasen por mi favorita entre las nueve piezas incluidas en el fonograma, sin la menor discusión respondería que La calabacita, obra que representa a la perfección toda la creatividad que signó siempre el trabajo de Estado de Ánimo en sus distintos formatos, desde aquella primera presentación allá por 1990 para acompañar al cantautor Julio Fowler en un gran concierto.

Es probable que los más jóvenes en el país desconozcan qué fue Estado de Ánimo y lo que representó para nuestra música, pero puedo asegurar que buena parte de lo que ha sucedido después entre nosotros, específicamente en materia de jazz, mucho le debe a lo que ellos hicieron en su momento, una mezcla entre jazz, rock, elementos de lo cubano y de otras zonas del mundo, como la India, en un ejemplo de lo que es de verdad la fusión. Con carreras sólidas de forma individual en el presente, sería gratificante que aunque fuese por una noche, Élmer, Roberto, Descemer y Ruy se volviesen a reunir para ejecutar algunos de los temas incluidos en el álbum, así como otros no recogidos aquí, y de esta manera, de algún modo rendir tributo a su ex compañero Santiago Feliú, quien no solo fuera gran amigo de estos cuatro importantes músicos cubanos de la actualidad, sino también suerte de mentor espiritual en los años de formación de un cuarteto que hizo historia (y la siguen haciendo hoy por separado sus integrantes), por encima de que en su momento la impericia y desidia de turno impidiese a algunos darse cuenta de la maravilla que tenían ante sus ojos y oídos.

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