Los que soñamos por la oreja

Un pianista fuera de liga

No me oculto para decir que en la actualidad, uno de mis pianistas cubanos favoritos es Alfredo Rodríguez Salicio. Me convertí en admirador de este habanero desde que asistí hace ya varios años a un concierto suyo, en el que compartía una propuesta de tres pianos con los también notables tecladistas Ernán y Harold López-Nussa. De entonces a acá ha transcurrido el tiempo y con él, Alfredo ha madurado mucho más, tanto en la condición de ejecutante como en la de compositor.

Su álbum debut, el fonograma titulado Sounds of Space, es un trabajo que sorprendió a muchos por lo diferente de la propuesta, en relación con lo que en materia de jazz se suele esperar de los cubanos. La nómina de instrumentistas que acompañó a Rodríguez Salicio en su ópera prima estuvo conformada por gente brillante, como los bajistas Gastón Joya y Peter Slavov; los bateristas y percusionistas Michael Olivera (gran colaborador de Alfredo durante años) y Francisco Mela; el clarinetista devenido saxofonista Ernesto Vega, así como el cuarteto femenino de flauta Santa Cecilia.

De aquel CD recuerdo gratamente las piezas Qbafrica, Silence, Cu-Bob, April, Crossing the Border, Transculturation, Fog y los temas de mayor orientación hacia lo latino, como Sueño de Paseo o …¿Y bailaría la Negra?, dedicado a nuestro compatriota Ernesto Lecuona, cortes que recomiendo deben ser estudiados por los que se interesen en los derroteros que está asumiendo la actual producción jazzística cubana, y en la que Alfredo Rodríguez Salicio representa la arista de nuestros intérpretes de piano que están influenciados por figuras internacionales como Bud Powell o Thelonious Monk.

Hace poco más de una semana, como parte de una remesa discográfica que mi hermano Humberto Manduley López me hace llegar de forma sistemática, y en la que venían álbumes de gentes como los pianistas santiagueros Aruán Ortiz y César Orozco (materiales que prometo comentar en esta columna), recibí el segundo álbum acreditado a Rodríguez Salicio, el denominado The Invasión Parade, que sale al mercado a través del sello Mack Avenue Records. Aunque publicado en el primer trimestre de 2014, es ahora que por fin puedo acceder a este CD (ya se sabe las dificultades que tenemos para poder estar al tanto de lo que en materia fonográfica hace nuestra gente).

De algún modo, aquí estamos en presencia de un trabajo que continúa en la indagación de una propuesta jazzística en la que el sentido de lo espacial tiene particular relevancia. Es un estilo que se ha ido abriendo paso entre jóvenes jazzistas cubanos y que, en mi opinión, mucho le debe a lo realizado desde el saxofón por Román Filiú, para mí el primero entre nosotros en adentrarse por tales derroteros y que ha sido suerte de guía espiritual para no pocos compatriotas cultores del género.

Contentivo de nueve cortes, en el álbum encontramos tanto composiciones originales de Alfredo, como clásicos de la música latina, pero que él rescribe en muy peculiares versiones. En el primer caso están las piezas The Invasion Parade, El Güije, A Santa Bárbara, Timberobot, Snails in the Creek y Cubismo, de los cuales mis favoritos son Timberobot, en virtud de los impresionantes arpegios que aquí escuchamos, y A Santa Bárbara, donde la velocidad de la ejecución trasciende el mero alarde técnico. Por su parte, en el universo del cover, aparecen Guantanamera (relectura disonante que me deja boquiabierto), Quizás, quizás, quizás y Veinte años (pletórico en extrapolaciones rítmicas y armónicas).

Con la intervención de Esperanza Spalding y Peter Slavov (contrabajo), Pedrito Martínez (percusión), Billy Carrion y Román Filiú (saxofón), Henry Cole (batería) y Javier Porta (flauta), The Invasión Parade, del habanero Alfredo Rodríguez Salicio resulta un disco inmerso en los códigos de un discurso muy moderno, donde la música académica y la popular se unen sin prejuicios, en muestra de lo que es el nuevo jazz hecho por los cubanos.

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