Los que soñamos por la oreja

Rochy se renueva

«¡Ay!, formas de amar y de no ver el fin./ Modos de inventar para confiar, mentiras sanas./ ¡Ay!, paciencia, déjame esperar./ Esperar que sea yo cuando nadie. / Esperar para dar cuando nada./ Esperar a que vuele sin norte./ Esperar a que cansen sus alas./ Para estar si es que dice mi nombre./ Para estar si me piensa y no llama./ Para estar cuando ya no le aborden./ Para dar más de lo que alcanzaba./ Esperar, esperar y esperar. / Aunque digan que yo./ Prefiero no saber. / Prefiero no saber más./ Prefiero no saber más que amarle».

Lo anterior es el texto de la canción Mentiras sanas, original de David Torrens y que da título a la más reciente producción discográfica de Rosa María Ameneiro o simplemente Rochy. Conozco el quehacer musical de esta vocalista desde que ambos éramos adolescentes y estudiábamos en mi recordado y querido preuniversitario Saúl Delgado, en el que incluso su mamá, la profe Consuelo, me impartió la asignatura de Literatura.

Graduada de Arquitectura, carrera que llegó a ejercer, en un momento dado Rochy se dio cuenta de que lo suyo era el canto, así que renunció al mundo de los planos para dedicarse de lleno a poner su voz al servicio de numerosos cantautores. Porque eso ha hecho ella, ser una suerte de portavoz de la obra de trovadores de diferentes generaciones.

Ahora ha comenzado a circular el álbum denominado Mentiras sanas, que constituye la tercera producción fonográfica de Rochy. Confieso que cuando tuve noticias de que ella estaba grabando el disco y de que el productor del mismo era Kelvis Ochoa, me asaltó una que otra duda en cuanto al resultado final, porque era la primera vez que Kelvis se involucraba en tales funciones y además, a decir verdad los modos de acercarse a la cancionística por ambas figuras no son muy parecidos.

Sin embargo, en mi opinión, tras escuchar varias veces la grabación, he llegado a la conclusión de que este es el mejor CD que Rochy nos ha entregado y en ello, fundamental ha sido el desempeño de Kelvis como productor. Él hizo que la vocalista asumiese algunos temas con aires un tanto marchosos, cosa que ella nunca había hecho, o la puso a cantar en tonalidades más altas a las que la intérprete está acostumbrada. Con esos detalles, se ha logrado que el álbum nos presente a una Rochy renovada, sin que pierda la esencia que le ha caracterizado desde los años 80, cuando era participante activa del movimiento de artistas aficionados en la Cujae.

Contentivo de diez temas, en el fonograma Rochy vuelve a apostar por la obra autoral de varios trovadores. En ese sentido, la mayoría de los cortes eran inéditos y justo se dan a conocer en la voz de la cantante, otra particularidad que funciona como suerte de valor agregado al material. Con sumo placer se escuchan en el álbum las canciones Brazos en cruz (Diego Gutiérrez), Es probable (Raúl Torres), Mentiras sanas (David Torrens), Horas (Jorge Drexler), Prefiere (Pavel Urquiza), Eres para mí (Julieta Venegas Percevault, Ana María Tijoux Merino), Quisiera (Gerardo Alfonso), Fragancia, Es por ti y La verdad, estos tres últimos títulos compuestos por el tunero Kelvis Ochoa, quien también interviene como corista en el material.

Destacado es el desempeño de los músicos de respaldo en la grabación. Ellos son el pianista Harold López-Nussa, Gastón Joya en el bajo, Oliver Valdés desde la batería, el guitarrista Roberto L. Gómez, Yaroldi Abreu en la percusión, las violinistas Mónica Betancourt y Elizabeth Herrera, Yosmara Castañeda a la viola, Denise Hernández en el violoncello, Thommy Lowry García a la trompeta y Jesús Cruz en la armónica.

Con funcionales arreglos que contribuyen a resaltar la belleza de las melodías y el trabajo de la cantante, estamos en presencia de un disco que nos aproxima a una Rochy muy renovada y a la que solo le critico en estos tiempos su escasa presencia sobre los escenarios. Cierto que se ha tornado en extremo difícil organizar conciertos, pero al menos aunque fuese únicamente acompañada por su hijo, el joven pero ya sobresaliente pianista Rodrigo García, es decir, sin su propia banda de respaldo, ella debería dejarse ver más en los espacios públicos. Es un reclamo de quienes gustamos del peculiar modo de cantar de esta habanera, que no debería caer en saco roto. Digo yo.

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