25 °C Continuamos con la segunda parte de las más recientes normas de la Real Academia Española:
Matilde Salas Servando y Pedro Valdés Piña, mis queridos amigos, me envían estas nuevas normas que la Real Academia Española informó recientemente. Sé que serán de necesario conocimiento para todos, y me complazco en hacérselas saber. Ahí les va la primera parte:
¿Dónde están los errores? Veamos: «Escribió un exergo de índole patriótico a su verso de 12 renglones». Exergo (fuera de la obra, en griego) es para los numismáticos la parte de la moneda o medalla donde cabe o se pone el nombre de la ceca u otra inscripción, debajo del tipo o figura. Epígrafe, entre otras acepciones es la cita o sentencia que suele ponerse a la cabeza de una obra científica o literaria, o de cada uno de sus capítulos o divisiones de otra clase. Lo que escribió el autor fue un epígrafe, no un exergo. Índole es de género femenino, así es que: de índole patriótica. Verso es el renglón, la línea. Puso el epígrafe antes de sus versos. Un verso no se divide en renglones.
Yoel González Lemos nos pregunta desde Miami el origen de la palabra: «¡Aleluya!». Se pronuncia igual en todas las lenguas. Significa «¡Gloria a Dios!», «¡Alabanzas al Señor!», y viene de las voces hebreas «hallet-lu-Yah». Es una interjección que expresa júbilo: el aleluya. Si se refiere a un canto de liturgia, puede ser el o la aleluya.
¿Dónde están los errores? Veamos: «El médico habló con los familiares de la pacienta, les dijo que su patología estaba en el último estadío. Alguien lo llamó porque habían traído a un deportista leccionado, y en ese impasse, falleció la difunta». La paciente y no «la pacienta». Patología no es sinónimo de enfermedad, sino el nombre de una rama de la Medicina que estudia las enfermedades. Estadio, y no: «estadío». Lesionado, en lugar de «leccionado». No son lecciones sino lesiones las que sufrió el accidentado. «Impasse», callejón sin salida, se debe usar ante una situación sin solución alguna; no solo es una palabra tomada del francés sino que se emplea casi siempre incorrectamente, ignoro la razón, como sinónimo de tregua, de tiempo de espera. Los difuntos no fallecen, ya están muertos.
¿Dónde están los errores? Veamos: «Los alumnos de el aula venían hoy a la escuela. Los llamé desde acá, para informarle que no habrían clases porque iban a rivalidar los títulos de los graduados en el extranjero». «De el» debe sustituirse por del. En español, sabemos que existen dos contracciones: del y al, así es que no deben usarse jamás: «a el» ni «de el». No «Iba a el parque de el pueblo», sino: al parque del pueblo. «Acá» no resulta correcto en este caso, sino aquí. En vez de «informarle», escribamos: informarles, porque son varios alumnos. «Habrían» resulta un error, recordemos, nunca es poco lo que se insiste en ello: Digamos habría. Haber como impersonal se usa siempre en tercera persona del singular. Revalidar significa dar nuevo valor, no empleemos: «rivalidar».
¿Dónde están los errores? Veamos: «Mi hija hembra se compró un vestido, cuyo vestido regaló a su media hermana». No hay hijas varones, así es que quitemos la palabra hembra, que además suena muy mal refiriéndose a una hija. Cuyo es —de eso hemos hablado— un pronombre relativo, que además tiene carácter posesivo. Dijimos en una ocasión: El libro cuyo título es tal, sí, porque el título es del libro, pero el vestido —en este caso— no es del vestido. ¿Creíste que media hermana constituía un error? Pues no. Medio no es aquí adverbio, sino adjetivo, se refiere a hermana que es un sustantivo, por tanto, varía para concordar con el nombre que califica o determina. Como media naranja, por ejemplo. Si fuera medio tonta, ya sería diferente, pues tonta es un adjetivo modificado por el adverbio medio.
¿Dónde están los errores? Veamos: «Cuando querramos usar especies para sazonar los alimentos debemos de hacerlo con medida; o séase, utilicemos la cantidad requerida. Si la receta dice: Cózalo con una pizca de nuez noscada, pues empleemos una pizca solamente». Queramos y no «querramos». Especias en este caso, en lugar de «especies». Debemos hacerlo, pero no «debemos de hacerlo». Recuerda que deber de es posibilidad y deber es obligación. Lo correcto es: O sea. «O séase» constituye un error. Cuézalo y no «cózalo», es forma del verbo cocer, sinónimo de cocinar. Nuez moscada, pero no «nuez noscada».
Me parece que resultaría entretenido y útil repasar, de vez en cuando, mediante ejercicios, lo aprendido en esta columna. La idea me la brindó un jovencito muy estudioso, Harold García Arranz. Él leyó en la prensa: «Retornó de nuevo a las tablas un actor norteamericano famoso por su profesionalismo». Y nos dice: Retornó a las tablas o De nuevo en las tablas. Además, si es famoso por su talento, pues es profesionalidad y no «profesionalismo», que sería por su afán de lucro. Confiesa el lector que estas cosas las aprendió con nosotros.
Leí: «Es posible que hayan quienes piensen de otra manera». Lo correcto hubiera sido: «Es posible que haya quienes piensen de otra manera». Aquí el verbo haber está empleado como impersonal, y usado como tal, nunca va en plural.
Hay que tener mucho cuidado al escribir o hablar acerca de un personaje, debemos tener en cuenta la época en que vivió, para que no sucedan cosas como la que vi en una película donde aparecía León Tolstoi, el excelente novelista ruso que murió en 1910, cuando aún no había nacido mi madre, pidiendo desesperadamente un bolígrafo, y ese adminículo, tan indispensable hoy, se inventó siendo yo una adolescente. Esperé que clamara por una computadora pero, por suerte, no lo hizo.
Nada tan inexplicable como la rapidez con la que se difunden los gestos y las frases que en mala hora se le ocurren a alguien. Es algo comparable únicamente a la velocidad de la luz. Se escucha ahora: «No tengo ni esto de…». Lo dicen uniendo los dedos índice y pulgar para significar una pizca, y ahí agregan cualquier cosa que necesitan. Oí: «Mi hijo no me dejó ni esto de dulce de coco en la cazuela». Bueno, no está tan mal, porque no dejó ni una pizca. Pero me dice mi querida amiga Martha Ximeno, que lo extienden a —tomemos por caso— «No conseguí ni esto de libro para leer anoche» o «No dijo ni esto de buenos días, cuando entró». ¡Madre mía, ¿adónde iremos a parar?!
Debilitamos —¿quién no lo ha hecho algunas veces?— la e y la convertimos en i. Un locutor hablaba recientemente de que todos dicen Corea, sin embargo muchos pronuncian «corianos» en lugar de coreanos. Es cierto.
Las computadoras se arrogan el derecho de cambiar una palabra cuando la reciben mal escrita. Escribí la palabra bistec; pero terminada en ck, para decir que así no era correcta. El procesador de texto de la máquina, atrevido, la sustituyó por bistec, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Yo pretendía mostrar el error, y salió un desaguisado: «Se prefiere bistec y no se recomienda usar bistec».
Maday Martínez Dueñas, una muchacha preocupada por el idioma, me escribe para hacerme saber que escuchó por televisión: «véamos» y «séamos», en vez de veamos y seamos. Estas dos formas verbales son llanas, como leamos, por ejemplo.