Guillermo Cabrera Álvarez

La tecla del duende

Cada uno

Mientras lees ruedan hacia Bayamo 80 lectores de Juventud Rebelde dispuestos a rascarle la barriga a las nubes, allá en el Turquino. La mayoría asciende por primera vez. El abanico de edades va desde los 11 hasta los 70 años. Tendremos después informaciones detalladas. Este sábado, habrá lectura de textos relacionados con Fidel en todas las peñas.

Orillas

Cada uno en su orilla, así viven muchas parejas después de ciertos años. No dan el primer salto, el primer desafío a las olas amenazantes, la primera brazada para encontrarse. Todo se vuelve distancia, incomunicación, silencio. No muere el amor, sino la voluntad para vivirlo.

Actúa antes de que el silencio se vuelva desamor, no te encierres defendiendo la tristeza, eso anula compañías. De ahí nace un rencor que solo hace posible el desencuentro.

Deja que baje tu marea y llegue la ola de su orilla a borrarlo todo, sin dejar una huella con sus besos calientes de espuma. Todo lo que quieres dar lo haces con temor. Todo lo que desearías recibir lo has hecho cenizas.

El amor se da entero, sin tapiar los sentimientos y cerrar las emociones. Vives haciendo fisuras por donde se va lo que quisieras expresar, y después te espanta la soledad.

Penetra las simples frases de todos los días, y verás cuánto se puede llegar a decir con ese lenguaje familiar, esas pequeñas palabras cotidianas pueden ser puentecitos para llegar a la otra orilla.

Hay muchos sentimientos que revivir, aunque parezcan muertos. Un gesto, una reacción que no llegó, te sirve para justificar la falta de sonrisas y la poca voluntad para tantearle el corazón. Desanima retroceder lo andado, todo por huir de las palabras, como si fueran un fardo.

Entrégate. Ofrece tu mano llena de ternura, y no calles cuando quieras decir: te amo. A lo mejor unas palabras en vuelo, algo dulce, con alma, bastarían. Pon pétalos no piedras. No pises las alas para impedir el vuelo. Lleva agua al desierto y evita morir en las arenas de la incomunicación. El amor no está fuera; está dentro, se saca del fuego propio. Si ardes otros arderán en ti.

Ignoras su soledad pensando en la tuya. Te sientes mal en todos los rincones de tu casa, sin lugar, sin luz, La soledad es un manto de pequeñeces. Mete palomas en tu alma.

¡Abre los brazos, y cruza a la otra orilla!

Graffiti

Bairon: No tengo otro pretexto para hablarte que no sea decirte: te amo. Ivonne

Pizzitamia: Un cirio cada mes, me arruino pero no me rindo. El gordo

Olvido: No te extraño. Fui un sueño para ti. Para mí fuiste un despertar. Cándida

odaromane ateforp nU. náralbah sodot euq al ed ajerap al somerah y sogima res ed somerajed aíd núglA

Regalo de jueves

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Gibrân Jalîl

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