Guillermo Cabrera Álvarez

La tecla del duende

Duende de Bambú

Imagine un bosque de bambú, y dentro de él, un duende. Existen en el mundo unas 1 200 especies, incluso la llamada «bambú de la suerte» (lucky bamboo), que los chinos regalan por considerar que tiene energía positiva.

Desde tiempos sin memoria el hombre ha tenido la ocurrencia de usarlo, en la caza y la pesca, en instrumentos musicales, utensilios, artesanía, decoración, construcción de viviendas, jardinerías, como fuente de energía y reemplazo de madera. Es un material renovable.

En Cuba, el primer restaurante ecológico, El Bambú, está situado en el Jardín Botánico Nacional; un grupo musical llamado los Soneros del Bambú, inventaron el Cañambú, allá por 1940, en San Luis, Chago de Cuba. Así llamo a una amiga maravillosa, semejante a un duende de acero vegetal.

Esta planta fue una temible arma de guerra en Vietnam, donde muchos yanquis perecieron en las trampas de bambú, emboscadas a lo largo de la selva vietnamita.

Por estas descripciones concluimos que el bambú se parece mucho a un ocurrente. Por su flexibilidad y multiuso. Somos un pequeño ejército de bambusas y bambusos.

¿Y por qué no seleccionar cada año al teclero o la teclera más ocurrente y premiarlo con el trofeo duende de Bambú? Los invito a pensar y opinar sobre cómo crear las bases. Lo entregaremos el segundo sábado de cada febrero.

Leyenda

En un maravilloso jardín, crecía un bambú, esbelto entre todos los árboles del lugar, cada vez más hermoso. Un día su dueño se acercó y le dijo:

«Querido Bambú, necesito de ti». El Bambú respondió: «Haz de mí lo que quieras». Estaba feliz, su dueño le necesitaba. El señor, añadió: «Para usarte, te cortaré».

«¿Cortarme? No hagas eso, ¿ves cómo me admiran?»

«Si no te corto no serías útil». En el jardín hasta el viento contuvo la respiración. El Bambú repitió: «Haz de mí lo que quieras».

El sol se escondió y unas mariposas volaron asustadas.

El Señor deshojó, arrancó, partió, sacó el corazón. Después lo puso en un árido campo, cerca de una fuente de agua.

El hombre acostó cuidadosamente a su querido Bambú, ató una de las extremidades de su tallo a la fuente y la otra la orientó hacia el campo. Las aguas corrieron a través del cuerpo despedazado sobre los campos resecos.

Sembró trigo, maíz, soya, y cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembrados crecieron, todo se volvió verde.

Cuando él era grande y bello, crecía solo para sí. En su entrega, se volvió canal para fecundar la tierra. Muchas personas encontraron vida y vivieron de ese tallo de Bambú. (versión de un texto anónimo enviado por Laura Morales)

Este sábado tertulia en la biblioteca de Sancti Spíritus.

Graffiti

Taylon: Cuando salgas, estaré. Diez días no son nada. Bebe

Marianela: Alcancemos nuestras ilusiones, estemos a la altura de nuestras esperanzas y sigamos subiendo hasta la felicidad. Tu enamorado

Gretel: Escribe a esta sección para saberte. Dime si eres feliz, sabiéndolo, yo lo soy. Eres mi guía favorita. Asley, trinitario

Regalo de jueves

Un mundo nace cuando dos se besan. Octavio Paz

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