El Duende

La tecla del duende

La cosa

De pequeño tuve una caja de zapatos que llegó a ser mi juguete preferido, entre otras cosas porque no tenía otro. Pero envejeció más deprisa que los zapatos que había llevado dentro, de manera que a mi caja se le cayó un día la primera a y se quedó en una cja, que así, a primera vista, parece un juguete yugoslavo.

Busqué entre las herramientas de mi padre una a de repuesto, pero no había ninguna y tuve que sustituirla por una o. De este modo, sin transición, tuve que olvidar la caja para hacerme cargo de una coja, lo que es tan duro como pasar directamente de la niñez a los asuntos.

Jugué mucho con aquella coja, todavía la recuerdo, pero se fue haciendo mayor también y un día se le cayó la jota. (...) El caso es que tampoco encontré entre los tornillos de mi padre una jota en buen uso, así que la sustituí por una pe que estaba prácticamente sin estrenar.

La coloqué en el lugar de la jota y me salió una copa estupenda, con la que he bebido de todo hasta ayer mismo, que se me cayó al suelo y se rompió. A decir verdad, se rompió justamente por la pe, y como es muy antigua no he encontrado en ninguna ferretería una igual. Ayer fui a casa de mis padres, y después de mucho rebuscar en el trastero di con una ese que no desentona con el conjunto.

O sea, que ahora tengo una cosa, pero no sé qué hacer con ella. La caja, la coja y la copa eran muy útiles para guardar secretos, jugar o emborracharse. Pero la cosa me da miedo; además, la escondí en el bolsillo interior de la chaqueta, de manera que desde ayer tengo una cosa aquí, en el pecho, que me llena de angustia. Lo peor de todo es que, como no sé qué es, tampoco sé cómo se rompe. Qué vida, ¿no? («Articuento» de Juan José Millás)

Apariencias

Hubo una vez una rosa roja, que se sentía oronda al saberse la más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Un día advirtió que a su lado siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a mirarla. Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato. Él, muy obediente, se marchó.

Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al verla totalmente marchita, sin hojas ni pétalos. Le dijo entonces: «Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó?»... «Es que desde que te fuiste —contestó la flor— las hormigas me han comido sin piedad». «Pues claro —ripostó el sapo—, cuando yo estaba me las comía a ellas y tú eras siempre la más hermosa». (Enviado por Fidel Alejandro González)

Nombre

«¿Por qué nuestros padres nos pusieron el nombre que llevamos?». Este será el tema de la Tertulia noviembrina en el Hueco de G y 21. Nos vemos el sábado, dos horas después del mediodía.

Graffiti

Almamiel: No importa cuántas veces te caigas, lo importante es la capacidad para levantarte. Roca

Jorge: Sabes que te quiero, pero aún no sabes cuánto. Tu mariposita

Tecleros de la UCI: Feliz aniversario. No olviden hacer de cada encuentro un motivo para crecer por dentro. Zorilén (estudiante de Informática que cumple misión en Venezuela)

Farmacéutico: Necesito tu perdón o pararé en un manicomio. Ar

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