El Duende

La tecla del duende

Fin y principio

Mientras circulaba la tecla el jueves último, Pancho, el jefe de Piquera de JR, llegó al out 27 de su juego. Único cubano en dar nombre, estando vivo, a una galería, el negro bueno era en sí mismo una ocurrencia.

Las noches del periódico se saben de memoria su andar sonreído y cansado, arrastrando recuerdos por los pasillos que nos unen. Siempre fue demasiado Pancho para que le dijeran Francisco. Siempre llenó, entre traguito y traguito, el tiempo y las querencias de quienes le rodeaban.

En el cementerio, cuando todos quisimos decir algo y nadie dijo nada, supimos que el amigo era tan hondo como el silencio. Aunque, pensándolo bien, a unas cuadras del cementerio, sí hubo un grito. Julieta y Adán, sus compañeros del diario, lanzaron la primera bola de otro jugador rebelde: nacieron a Danielito.

La viejita ingenua

Esta era una viejita muy ingeeenua, muy ingeeenua, que creía en las cosas más increíbles del mundo. Creía (por ejemplo) en el amor a primera vista. En el azul del Danubio. (...) En la fidelidad de los perros. (Y en su inteligencia). En los cumpleaños. En el sonido dentro de los caracoles. En los diccionarios de sinónimos. En Freud, en Andersen, en Grimm (en los dos). En la Guía de teléfonos. En el observatorio. (...) En la poesía...

Esa viejita creía en cualquier cosa. (...) Y por eso un día a esta viejita que era muy ingeeenua muy ingeeenua, se le ocurrió sembrar una ceiba dentro de una preciosa maceta azul que tenía en el balcón. Claro está, esta viejita (...) no había leído la página 15 del tomo III del Diccionario Enciclopédico UTEHA (...). Ahí decía claramente:

«Ceiba (voz haitiana) f. Bot. La bombácea Ceiba pentandra, árbol americano, con tronco grueso, copa extensa casi horizontal, de unos treinta metros de altura...».

Ni tampoco había escuchado las palabras precisas de aquel profesor de la cátedra de Agronomía de la universidad: «Ejem... para sembrar una Ceiba necesitamos... al menos, de un terreno de unos seis por ocho metros... con un buen ph y mejor drenaje».

Ni mucho menos esta viejita, que era muy ingeeenua, muy ingeeenua, supo jamás el diagnóstico profesional y mesurado de aquel otro eminente siquiatra de la capital:

«Ejem... evidentemente... sembrar una ceiba dentro de una maceta —aunque sea azul— refleja... evidentemente... una condición psíquica de características altamente preocupantes».

Por eso esta viejita que era muy ingeeenua, muy ingenua, le echaba agua todos los días a su preciosa maceta azul y vivió muy feliiiz, muy feliiiz —envidiada terriblemente por todos los vecinos— con su gran Ceiba de 30 metros de altura en su balcón. (Héctor Zumbado)

Tertulia tunera

Este sábado los tecleros de Las Tunas celebrarán su encuentro habitual. Será a las 2:00 de la tarde en la Casa de la Prensa.

Graffiti

Mi ATP: En un día te daré el amor de una semana. Tu YFP

Ludo: Ma belle, nuestra lengua materna nos hará comunicarnos mejor, aunque te ame en todos los idiomas. YUR

Semilla

¿Y esa luz? Es tu sombra. Dulce M. Loynaz

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