Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El Duende

La tecla del duende

Amándonos

Nacer, decía Lezama, es aquí «una fiesta innombrable». Amar, que es casi lo mismo, también resulta insólito. De ingenio y abrazos se hizo un puente para esperar este día. Y las voces chispearon tanto, que pareció amanecer más temprano. Mañana oiremos los ecos de la algarabía. Hoy, para quienes madrugaron queriendo o aguardaron esperanzados o lloraron sin remedio o rieron a morirse, estos teclazos de corazonadas.

Confesión

Llegué a creer que no existías; que eras un pretexto para justificar el fuego de algunas locuras, que eras un truco de esta vida maga-inconstante.

Pensé que eras un invento de ingenuos que amontonaban versos, de incautos recolectores de rosas o de frenéticos cultivadores de arcoíris. Entendí que tenías cuerpo de fantasma, de sombra, de artificio.

No me ruborizo al decirlo: para mí andabas sin espuelas, sin flechas y sin hechizos. ¡Ibas tan débil en mi cosmos! Podías apagarte con cualquier palabra necia, con la discusión por ciertos desacuerdos; con la herida fecundada en la distancia... con el gravamen del tiempo.

Te vi fallecer tantas veces en otros que te defendían a ultranza que te supuse quebradizo y leve. Me contaron tanto tu muerte miles de voceros de la «ternura eterna» que me convencí de tu impotencia.

Te observé flaquear en autoproclamados Romeos que se cansaron de regalar detalles; te vi desmayar en ilusorias Julietas que tiraron estrofas por la ventana y se dedicaron a «gozar» sus existencias.

Y en cada febrero me llovían las preguntas: ¿Por qué te convierten en mercancía temporal de una jornada? ¿Por qué lates un día y después te hacen vapor en el calendario? ¿Por qué te evocan hoy como un mártir resucitado si deberían nombrarte vivo siempre?

Por todo eso yo desconfiaba de ti al extremo, lo confieso sin pena. Suerte que, creciendo en el espíritu, comencé lenta y paulatinamente, a comprender tu esencia: no le avisas a nadie; no le imploras a nadie para que te abra puertas; andas desprovisto de fanfarrias, cabalgas mudo con tu cabeza de duende dentro de la muchacha imperfecta que me sube estos calores al estómago; paseas en la paciencia de la mujer que disimuló enteramente mi pifia y me ofreció una pizca de arena.

Caminas en los ojos de mi niña princesa, que me mira cada vez para sacudirme. Estás en la lágrima vertida en el adiós a uno de mi sangre. Palpitas cuando, repentinamente, sin entenderlo, me brotan deseos de fabricar una ola o una burbuja y me quedo con las ganas; en el ansia de vencer la fragilidad del alma ante los golpes y los hechos.

Respiras en los silencios que atesoro como si fueran voces, en los secretos imposibles de volcar en papelitos doblados en la camisa, en la cobardía de no aceptar que vienes a provocarme disparates.

Ahora, quizá, te entiendo. Quizá. Y creo, finalmente, que existes, sin formas ni perfiles. Comprendo, tal vez, a los incautos, a los frenéticos, a los amontonadores de versos: sí usas flechas —¡tremendas!—; habitas en los lugares ignotos que nadie consigue describir ni vislumbrar.

Y ahora compadezco a los pobres que, en tu nombre, falsearon una estrofa, compraron una lentejuela, fingieron la sonrisa. Me apiado de los que fueron esclavos perennes de la búsqueda y, como siervos, se extinguieron esperándote... (Osviel Castro Medel)

La caricia perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,/ Se me va de los dedos... En el viento, al pasar,/ la caricia que vaga sin destino ni objeto,/ la caricia perdida, ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,/ pude amar al primero que acertara a llegar./ Nadie llega. Están solos los floridos senderos./ La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,/ si estremece las ramas un dulce suspirar,/ si te oprime los dedos una mano pequeña/ que te toma y te deja/ que te logra y se va./

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,/ si es el aire quien teje la ilusión de besar/ oh, viajero, que tienes como el cielo en los ojos,/ en el viento fundida, ¿me reconocerás? (Alfonsina Storni)

Semillas

Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única (Jorge Luis Borges)... Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección (Antoine de Saint Exupery)... El amor es una amistad con momentos eróticos (Antonio Gala)... El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece (Jacinto Benavente)...

Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal (Friedrich Nietzsche)... Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad (Gottfried Leibnitz)... El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga (Giovanni Papini)... En el verdadero amor no manda nadie; obedecen los dos (Alejandro Casona)... El amor, para que sea auténtico, debe costarnos (Madre Teresa de Calcuta)... Quien puede decir cuanto ama, pequeño amor siente (Francesco Petrarca)...

El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más hermosa de su vida (Stendhal)... Cuando no se ama demasiado no se ama lo suficiente (Blaise Pascal)... El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males (Leonard Cohen)... Ama un solo día y el mundo habrá cambiado (Robert Browning)... El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice (Charles Baudelaire)... El amor sin admiración solo es amistad (George Sand)... El amor es la más noble flaqueza del espíritu (John Dreyden)... No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe (Platón)...

Nuestro corazón tiene la edad de aquello que ama (Marcel Prévost)... El amor es un huésped que importuna (Luis G. Urbina)... El amor es el egoísmo de dos personas (Boufflers)... Cuando se ama, el corazón es quien juzga (Joubert)... El amor nace, vive y muere en la mirada (Shakespeare)... (Compilación de Juan Morales Agüero)

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