El Duende

La tecla del duende

1ro. de encuentros

En el número 27 de via Po, en Turín, Italia, hay un quiosco pintoresco con una foto del Che. Sombreros, bufandas, estatuas de leña, espejos, anillos... de todo se vende allí, con amabilidad y elegancia, menos un gorro, también con el rostro guerrillero, que Enrique guarda para sí mismo.

A él lo descubrí por el acento, un día que caminaba hacia la universidad y pregunté por el precio de un llavero. Argentino, me dijo, y cuando respondí cubano, me sonrió como si nos conociéramos de toda la vida.

Desde ese momento, a cada rato, matábamos el frío de la ciudad hablando de América Latina y sus luchas, de los gringos estos «que siempre quieren cagarnos», de Carlos Gardel o las calles mexicanas. También de Cuba. Mucho. Annamaría, su esposa italiana, ha estado dos veces en la Isla. Habla poco español, pero al referirse a los cubanos, inventa un superlativo que bien podría definirla a ella misma: «gente relinda». Y Muñeca, su mamá, es una vieja batalladora social por los niños argentinos. «Estuvo en tu tierra, me dice Enrique. Y se reunió con Fidel».

La noche del 31 de diciembre, mientras Turín se llenaba de fuegos artificiales, brindamos en la casa de Kike y Ana —con seis horas de adelanto— por la Revolución y sus 50 años de terca esperanza. Cuando le agradecí a ambos por tanta gentileza, él volvió a sonreírme: «Cómo no vamos a ayudarte, boludo, si los cubanos han puesto el corazón y las pelotas donde nadie en América lo ha hecho».

Pienso en mis amigos distantes, ahora que viene el 1ro. de Mayo, porque alguna vez quisieran traer a nuestra Plaza a su pequeña Carmencita, y al hermano que ya le viene en camino. Pienso en ellos, porque allí, cuando desfilemos, muchos en el mundo estarán pensando en Cuba. Y alguno le tenderá el afecto a otro cubano, para seguir amando y armando nuestro continente «chambón y jodido», pero irremediablemente bello.

¿Por qué andar a vernos este día? ¿Cuántos sueños, nuestros y de otros, irán en un grito de unidad, o en un chiste entre consigna y consigna, o en el dolor de los pies, que sin embargo, quieren seguir avanzando?

Y como los soberbios de siempre pregonan que todo en esta Isla está diseñado cual retablo de títeres —aunque millones salgan a desfilar un Primero de Mayo—, sería saludable hablarles de nuestro irreverente compromiso. Que cada quien escriba en un cartón, a mano, las razones para encontrarnos y envíenlas a La Tecla, para compartirlas. Que el Juventud haga del próximo jueves un mural para el día de todos.

La desmemoria 4

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.

Al llegar al barrio de Heymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.

—Ha de ser por aquí —me dicen. Pero nadie sabe.

Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.

El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.

Tras la inútil exploración de Heymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura curiosidad, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.

El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador. (Eduardo Galeano, El Libro de los Abrazos)

Buscándome líos

La noche de mi primera reunión de célula llovía /

mi manera de chorrear fue muy aplaudida por cuatro /

o cinco personajes del dominio de Goya /

todo el mundo ahí parecía levemente aburrido /

tal vez de la persecución y hasta de la tortura diariamente soñada. /

Fundadores de confederaciones y de huelgas mostraban /

cierta ronquera y me dijeron que debía /

escoger un seudónimo /

que me iba a tocar pagar cinco pesos al mes /

que quedábamos en que todos los miércoles /

y que cómo iban mis estudios /

y que por hoy íbamos a leer un folleto de Lenin /

y que no era necesario decir a cada momento camarada. /

Cuando salimos no llovía más /

mi madre me riñó por llegar tarde a casa. (Roque Dalton, tomado del sitio web www.patria grande.net )

Graffiti

Massiel: ...Si quieres encontrar en cualquier parte amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo. Yoselin

Robe: Que el amor nos alcance para siempre. Lily

Mi Shrek: Puede que nuestro amor no haga girar al mundo, pero debo admitir que hace que el viaje valga la pena. Tu Fiona

Médico: Decir «me equivoqué» es a veces la única manera de comenzar de nuevo. En tu arsenal está la buena fe del reinicio. Tus amigos

Semilla

El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad. Victor Hugo

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