Ida y vuelta - La tecla del duende

El Duende

La tecla del duende

Ida y vuelta

Se conocieron en 1988. Entonces los dos eran muy jóvenes, ágiles, flexibles, guapos. Él, hijo de un húngaro y una bonaerense, con el pelo muy negro y la piel muy blanca (…). Ella, hija de un andaluz y una andaluza, (…), fresca y crujiente como una manzana. Él se fijó en ella nada más entrar en el tren. Ella tardó más en descubrirle...

En 1988, cuando se conocieron, él vivía en Londres, con su novia, e iba a Budapest con mucha frecuencia. (…) Ella vivía en Madrid, pero en aquel momento no sabía dónde. Cuando se largó de casa, dos semanas antes, vivía en el barrio de la Prosperidad, hasta donde había llegado desde Getafe, su ciudad natal, en pos de su novio, que acababa de dejarla por otra. (…).

Había decidido irse a Budapest. Y nadie le había advertido de que iban a pedirle un visado para entrar en el país.

No le entiendo, no le entiendo, sorry, sorry, le dijo al guardia que le vomitaba encima una cascada de palabras amenazadoras, (...) hasta que aquel bendito acento porteño conquistó sus oídos. Pero no te apures, yo te explico, yo te ayudo... Le cogió de la mano y no se la soltó hasta que se despidieron en el aeropuerto de Viena, dos semanas después.

(…) Ella se enamoró de él, aunque sabía que aquella historia no iba a ninguna parte. Él se enamoró de ella, aunque sabía que no iba a ir a ninguna parte con aquella historia. Fueron muy felices, y se despidieron con un largo beso de amor antes de subirse a dos aviones distintos, sabiendo que nunca jamás volverían a verse.

Tres meses después, en Nochevieja, ella tuvo la debilidad de llamarle. Feliz 1989. Él no contestó. Claro, pensó ella, ¿y qué iba a hacer? En 1991, la chica con la que él vivía en Londres le dejó por otro, mientras ella conocía al hombre de su vida. En Nochevieja fue él quien llamó. Feliz 1992. Ella no contestó. Claro, pensó él, ¿y qué iba a hacer? La semana pasada, los dos se encontraron de repente, al pasar el control de seguridad de la T-4. Él se estaba poniendo el cinturón cuando la vio. Ella, que se ponía el reloj, tardó más tiempo en reconocerle. Hola, dijo él. Hola, contestó ella. ¿Cómo estás? Bien, yo... Sí, ¿y tú? Bien también.

Luego, la mujer de él le preguntó en inglés con quién hablaba, mientras el marido de ella la cogía del brazo para llevarla hacia los ascensores. Ninguno de los dos volvió la cabeza para mirar al otro al alejarse. Los dos se arrepintieron después de no haberlo hecho. (Almudena Grandes, tomado de www.elpais.com)

Tertulia Floridiana

Este viernes, a las 3:00 p.m., se reunirán los tecleros de Florida, Camagüey. La radio y yo: ese será el tema.

GRAFFITI

JVM: No tengo alas para ir al cielo, pero tengo palabras para decir: «Te Quiero». E.L.P.

VER: Para qué quieres que te diga lo que siento, si no eres capaz de entender lo que te digo. Tu nena

SEMILLA

Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal. Madre Teresa de Calcuta

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