El Duende

La tecla del duende

Pólvora tunera

Las sorpresas se fraguaban en el número 22 de la calle Abel Santamaría. Los viajeros iban llegando a cuentagotas, hasta llenar las camas y el piso de la sala.

Al día siguiente una nube de pólvora tomó la cima del Cerro de Caisimú, y la explosión de amor no se hizo esperar. Nieves, con su chispa perennemente encendida, regaló calurosas sonrisas que los amigos devolvieron con un beso. El campismo, colmado de trabajadores entusiastas, tiene hasta un elaborador que utiliza las «teclas» como sazón.

Así, entre chistes, desfiles, rifas y disparates, tecleros de siete provincias enarbolaron la bandera de la amistad, saciaron de bondad sus almas y disfrutaron de un ambiente casi celestial para celebrar el segundo aniversario de la tertulia tunera. En el mismo lugar donde cientos de años atrás un ambicioso behíque levantó su choza para estar más cerca de los dioses y controlar el valle.

La sensibilidad humana no tiene límites y los ocurrentes dieron fe de ello cuando, cargados de ternura, tomaron por asalto una emisora radial que lleva por nombre un grito de guerra: Victoria. (Reporte de René Alfonso)

Holguín, Florida, Matanzas

En la glorieta del Parque de las Flores, acompañados del relevante periodista Nicolás de la Peña Rubio, los duendes holguineros tuvieron su cita. Se habló del Padre de la Patria y todos los presentes explicaron qué significaba para ellos la palabra «libertad». Poco a poco hasta los transeúntes se iban sumando a la peña. De ahí la tropa de ingenios se fue a compartir un almuerzo al restaurante de la Colonia china… (Información enviada por Cary)

Los duendes de Florida, Camagüey, inundaron uno de los estudios de la televisión local. El lenguaje de las flores, ese fue el tema de la peña. Los diversos olores y colores circundaron la aventura y muchos conocimos las maravillosas frases que, escondidas por su belleza, nos hacen llegar esos regalos naturales… (Nota de Lianet)

En Matanzas también sonó alto la Tecla. Se habló de la ciudad que amamos, de sus ríos y puentes; de las calles, el Sauto y la Plaza de la Vigía. No nos pusimos de acuerdo en desde dónde se observa la vista más bella: unos que por la Central, entrando desde Limonar; otros: que desde la Vía Blanca… Vinieron, aun sin estar, muchos hijos ilustres de esta tierra. Hasta que finalmente recorrimos las salas del Museo Palacio de Junco. Trescientos dieciséis años de la Atenas cubana y mil ideas para vivirlos. (Reporte del Moro).

GRAFFITI

Anabel: Al timón de nuestros sueños quiero recorrer todas las calles del cariño. Onel

Carlos: Para amarte está por límite el cielo. Solo tuya, siempre. Tu Yane.

SEMILLA

Todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos. Antonio Machado

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