La tecla del duende

Cuchara al sol

Como lo recomiendan los viejos, Raiza tendió una cuchara al sol para espantar los pronósticos de lluvia. Esa noche su casa en Morón se había disfrazado de hotel, para albergar, con tique de caldosa incluido, a cuantos pudieran llegar al aniversario de la tertulia avileña.

No digo yo si llegaron. Tantos como para llenar colchones, colchonetas, catres y piso; para amanecer durante toda la madrugada; para hacerse interminables sesiones de fotos junto al mítico gallo moronense; para colmar una Yutong y tomar rumbo a la cayería, hasta el paradisíaco cayo Guillermo.

Holguín, con sus jovencitas canosas; Guaracabulla, con sus tres mosqueteros; Las Tunas, arrestos poéticos y más; Sancti Spíritus, compartiendo sus delicias; La Habana... Siempre que convoca el alma, esta tribu se une y se obsequia lo más preciado: el tiempo de querer. Y aparecen las manos generosas que apoyan para alquilar una guagua, para sombrearse en un ranchón, con cake, felicidades y show criollo; para que no muera la idea de la familia.

No falta el intercambio de joyas: un marcador, un cachibache, una fina artesanía, un poema, una penca, un beso. Y a desandar de nuevo los kilómetros, y a dormir tres por cama, y a recorrer otra vez Ciego y fajarse con listas de espera o molestar a amigos imprescindibles para que lo embarquen a uno en lo primero que aparezca.

¿Qué acertijo entraña el gentilicio teclero? ¿Cuánto importa en los minutos agobiantes una aventura para beberse, casi sin nada en los bolsillos, la Isla maravilla? No hay, y mejor así, una respuesta exacta. Cada uno con sus «cadaunadas», diría un buen periodista. Y lo de la cuchara, a contrapelo de malos vaticinios, dio resultado.

Ultimátum tunero

Quienes deseen participar en los aniversarios de las tertulias tuneras, del 2 al 4 de noviembre, deben contactar de forma urgente —si es posible hoy o mañana— a Nieves, la coordinadora (Tel: 031 340553).

Grafiti

Ptt: Algún día, ¿verdad? Te amo.

NRR: Mi amor se convirtió en un baúl de recuerdos. Tu Marina

Omar: Hace seis primaveras me salvabas de aquel «Ángel espirituano»; demonio tú, del que ya nadie me puede salvar... Tu Celia

Mi faro: Aunque la noche sea oscura, tú me iluminas. Tu barquito.

Semilla

Los poetas a veces somos mudos/ las palabras nos niegan su sonido,/ y los labios, como volcán dormido/ amenazan romper los pétreos nudos./ Avanzamos detrás de los escudos/ por temor a decir nuestras verdades./ Por testigos tenemos las edades/ aunque todo el orgullo se nos pierda,/ pero somos el Sol, siempre recuerda/ que en silencio se toman las ciudades. (Mutismo, Argel Fernández Granado)

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