La tecla del duende

Los Rosenberg

Uno de los textos ganadores de nuestra última competencia amorosa, que no cupo en las páginas dominicales del pasado 12 de mayo, es el de la habanera Ana Beatriz Larramendi. Cuando se lo escuchábamos en la tertulia de premiación, hubo emoción en muchas miradas. Esta es la Tecla del Duende no. 300, por nuestra cuenta. Qué tal si festejamos la cifra cerrada con esta bella historia real...

Hubo un tiempo en  que las recién casadas solían poner su ramo al pie de algún monumento. Ella siempre pensó poner el suyo al que se erigía en la calle Zapata, cerca de la Plaza de la Revolución, a la memoria de los esposos Rosenberg.

La sorprendieron los 48 años sin haberse casado, pero desde el 1ro. de junio del 2012 compartía su vida con alguien que, aunque un poco tarde, daba todas las señales de ser su gran amor… Pues este sábado de octubre, justo el Día de la Cultura Cubana, se fueron juntos a disfrutar de un concierto, en el Teatro Nacional, liderado por Aldo López-Gavilán y Harold López-Nusa, que unidos a un excelente grupo de músicos los deleitarían con algo de jazz. Caminando por Paseo recordó ella lo del ramo, los monumentos y sus sueños de antaño; entonces le contó a su novio. Se fueron al monumento de los esposos condenados a morir por haber entregado, supuestamente, el secreto de la bomba atómica a los soviéticos en aquellos días de la Guerra Fría.

—No pude poner el ramo por causas ajenas a mi voluntad, pero acá estoy, con Eduardo, para prometerle, delante de ustedes, amor para siempre —dijo ella.

—Amaré a Anita el resto de mi vida—dijo él.

Y siguieron su camino en una noche de sábado que recién comenzaba para ellos.

Pasiones tuneras

Tecleras de Las Tunas, madres y las que lo serán un día, pasamos una tarde inolvidable en nuestra última tertulia. Memory (apasionado de la Década prodigiosa) se conformó con mirarnos, mientras que Jenny sostuvo una controversia con el Sinsonte, y Yisel Fernández confundió a Bejerano, quien nos recordaba a Orlando Contreras. El amor del hipopótamo y la mariposa fue narrado por Juan Rondón, y Rafael Pons hizo suspirar a más de una madre con su canto. Ana Isel leyó fragmentos de Los últimos soldados de la Guerra Fría para estremecer a la joven que enarbola con orgullo haber nacido el mismo día, mes, año y ¡hasta hora! que uno de nuestros prisioneros del imperio. // Hoy la peña Regalo de Jueves rendirá homenaje a las madres profesoras en la Escuela Rita Longa. (Reporte de Nieves)

Grafiti

Irina: Yo solo puedo escribir leyéndote cada centímetro de piel. El pescador

Yahi: Todas las prendas que usas te quedan muy bien, pero la que mejor te queda soy yo. Tu Robert

Claudia: A veces sin querer en un beso se nos va la vida. Palay

Betty: Si algún día despiertas sintiendo deseos de amar, conviértelos en realidad. Ifrahim

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