Fundacionales - La tecla del duende

El Duende

La tecla del duende

Fundacionales

Qué difícil es cantar a los grandes. Cuánto hay que pulir la palabra sobre la palabra misma para eludir la vasija prefabricada, el hedor de la consigna hueca, la abulia fría del mármol. Pablo Armando Fernández lo logra. De su Libro de los héroes, reeditado ahora por la Colección SurEditores, son los versos de hoy.

Los héroes. Desde los sueños el polvoriento corazón/ del monte ardía/ y de nuevo comenzaba a vivir/ para un suceso puro./ Cantos y toques en la casa vieja del mundo/ y ellos nacidos la víspera del fin./ Viven hacia la eternidad los héroes./ Para sus ojos múltiples de asombro/ guarda el monte la única flor/ que el tiempo no elabora/ que la muerte no toca./ eran desde los sueños, iguales y distintos.

La madre de Frank y Josué. Al hablar de sus hijos,/ sus brazos cortos, gruesos,/ se animan con la voz./ Uno la cree meciéndoles/ a esos hombres dormidos…/ Firme su corazón/ no engaña a sus muchachos/ llamándoles pedazos de su amor./ Ella no se preocupa/ por las enfermedades de la infancia./ Tampoco se impacienta: demoran en volver/ (y es casi medianoche)./ Por ahí andan desvelados, esos cabezaduras./ Peleando en las montañas, conspirando:/ la Biblia en un bolsillo, la pistola en el otro./ «Mañana no asaltarán mi casa,/ no los traerán acribillados»./ Es difícil acercarse a su fe, a su ternura.

Norma*. ¡Oh misteriosa! Yo quería revelarte./ Pero mis ojos solo te ven/ en parte, y a mí no se me confía tu secreto.

No se le ve sino como las manos pequeñitas/ de la ternura, apenas leve aroma, silencio./ Los pájaros lejanos te conocen y los metales.

Espero a que respondas. Si me dijeras/ lo que cualquiera de las bocas muertas habló por ti./ Si me dejaras en la frente que se inclina,/ un sol que dure lo que una palabra oscura,/ me revelarías. Soy más porque eres,/ pero me impones tu silencio. (* Celia Sánchez)

Las manos del Che. Ya para siempre/ están entre nosotros. Aparentan dormir,/ pero batallan.// Su victoria en la lucha/ es despertar los rifles,/ las guitarras.// Separadas de un cuerpo/ en el cuerpo estarán/ de quien recoja/ el arma que estas manos/ empuñaron.// Ya para siempre/ están entre nosotros,/ sangre y calor,/ no carne cercenada.

Fundación del día*. Era él quien anunciaba el día./ Buscarse otro nombre testimoniaba que/ otras veces el hombre no desaparecería/ entre la multitud./ Venía a comparecer./ Venía a confirmar./ Venía a permanecer./ Y estaba tan fausto, popular, jubiloso/ desde su fundación el pueblo./ Él era su secreto./ Muy lejos de encontrar otras razones,/ él, inspirado tema, arribo anunciador del día,/ creación mejor de la ininterrumpida fiesta,/ fiesta suya propia que venía a revelar su nombre/ para permanecer. (* Ciro Redondo)

María*. Su nombre estaba escrito, grave y solo./ Bastábale a la gloria su medida./ Al mundo su imagen de otro mundo en lucha./ A su fuerza, su impulso./ De este modo sería una puerta/ que firme abría otras puertas. (* Haydée Santamaría)

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