El Moro - La tecla del duende

El Duende

La tecla del duende

El Moro

Parecía relajado. A punto de entrar a una complicadísima operación cerebral en la que le iba la vida, el Moro bromeaba con los que fuimos a verlo al Hospital Ameijeiras. Evocaba sus años de ingeniero civil, sus experiencias recientes de profesor en la universidad matancera Camilo Cienfuegos, el alboroto que formaba a su paso con ese vozarrón que podía usar tranquilamente como amplificador.

Siendo como era, de esos hombres que nacieron para amigos, tenía preocupados a no sé cuantos con la intervención quirúrgica. Muchos, incluso, no fueron a verlo solo porque estuviera sosegado, listo para salir bien del corte en su cráneo. Los tecleros de Matanzas —peña ocurrente que él rearmó y condujo por varios años en el Palacio de Junco— estaban en vilo; otros entusiastas de La Tecla en todo el país tejían una red de afecto por si el gigantón caía en aquel lance de equilibrista. Así, periodistas de JR, otros ingenieros, alumnos, gente buena que fue sumando a sus andanzas por Cuba, hacían los mejores votos por la recuperación de este «alegrador» sempiterno de boina bolchevique.

Salió. Brincó aquel lance de alto riesgo y comenzó a sobreponerse del bulto perverso que se había alojado en su mente brillante. Hasta se reincorporó en cierta medida a las travesuras de las tertulias y nos regaló sus chistes en el último febrero, durante el encuentro de aniversario de la columna y sus peñas. Pero el pronóstico —sabíamos— no era halagüeño.

Y el hombrón que solo en papeles oficiales se conocía como Ariel Expósito Seleme, pero para todos nosotros respondía al abrazo de El Moro, detuvo sus zancadas de remontar turquinos.

Ahora recuerdo su expresión cuando le preguntamos qué quería que le lleváramos de comer después de aquella operación año y medio atrás. «No me traigan nada. Hablen bien de mí», dijo. En eso, mi hermano, no puedo complacerte. ¿Cómo diablos hablar bien de ti, después de esta basura que acabas de hacernos?

Este sábado en la Fragua

Maestros que parten. Ese será el tema de la tertulia capitalina, este sábado, a las 2:00 p.m., en la Fragua Martiana (Calle Príncipe No. 108, esq. a Hospital, Centro Habana).// Y el domingo, a las 2:00 p.m., en el Centro Cultural Huellas, los tuneros conversarán de la ciudad y del aniversario de la tertulia.

Semilla

Cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío/ que no lo puede llenar/ la llegada de otro amigo.// Cuando un amigo se va/ queda un tizón encendido/ que no se puede apagar/ ni con las aguas de un río.// Cuando un amigo se va/ una estrella se ha perdido/ la que ilumina el lugar/ donde hay un niño dormido.// Cuando un amigo se va/ se detienen los caminos/ y se empieza a revelar/ el duende manso del vino.// (...) Cuando un amigo se va/ se queda un árbol caído/ que ya no vuelve a brotar/ porque el viento lo ha vencido... (Alberto Cortez)

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