La tecla del duende

Imaginación virtual

Ha muerto un intelectual de esos para los cuales parece exacto el vocablo «erudito». El profesor, semiólogo y novelista italiano Umberto Eco, que no solo nos enseñó El nombre de la rosa, sino las mil manipulaciones que en torno a su perfume nos podrían vender, acaba de despedirse del «reino de este mundo». Sin embargo, hacía mucho que a Eco lo sobrepasaban felizmente sus ideas, regadas a los cuatro vientos y enarboladas por tantos para defender el auténtico razonar y sentir de los seres humanos. Aunque sin remedio se extinga su voz, siempre nos quedará el Eco, esa resonancia de sabiduría por la que seremos mejores. Hoy les propongo fragmentos de un artículo de ese Maestro, titulado La imaginación virtual y publicado años atrás por varios medios:

«Acaso los libros, a través del poder de las computadoras y de Internet, habrán de transformarse en “estructuras de hipertexto” ilimitadas en las que el lector será también autor? Hoy en día existen dos tipos de libros: aquellos que se leen y aquellos que se consultan.

«Con los libros para leer se empieza en la página 1, donde, digamos, el autor explica que se ha cometido un crimen. El lector continúa hasta el final, cuando descubre quién es el culpable. Fin del libro y de la experiencia lectora. Lo mismo sucede aun si se lee sobre filosofía, digamos Husserl. El autor inicia en la primera página y sigue una serie de cuestiones en orden para que el lector entienda cómo llega a sus conclusiones.

«Las enciclopedias, por supuesto, no están hechas para leerse de corrido. Si quiero saber si fue posible que Napoleón conociera a Kant tomo los volúmenes K y N y descubro que Napoleón nació en 1769 y murió en 1821, mientras que Kant nació en 1724 y murió en 1804. Es posible que los dos se hayan conocido. Para saberlo con precisión consulto una biografía de Kant. Una biografía de Napoleón, quien conoció a mucha gente, podría obviar un encuentro con Kant; una biografía de Kant, no.

«Las computadoras están comenzando a cambiar el proceso de la lectura. Con un hipertexto, por ejemplo, puedo buscar todos los casos en los que el nombre de Napoleón se asocia con Kant. Puedo realizar la labor en unos cuantos segundos. Los hipertextos harán que las enciclopedias impresas sean obsoletas. Pero aunque las computadoras están difundiendo una nueva forma de leer, no tienen la capacidad para satisfacer todas las necesidades intelectuales que estimulan».

Grafiti

Rob: Solo por ti pierdo mis noches de sueños. San

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