La tecla del duende

Fábula de Gilbert

Hasta un día (o El perro de las mil vueltas), tituló el joven periodista y comunicador Gilbert Ávila, la breve narración que hoy compartimos. Admirador de la obra de Augusto Monterroso, al célebre guatemalteco están dedicadas estas líneas.

«Morderse la cola no le convertía en sabio, pero fue la manera más dinámica, graciosa y natural que encontró para llamar la atención, pellizcarse y confirmar que aún existía. Se esforzaba con la esperanza de que algún humano (valorado científica y divinamente como un ser notablemente superior) se compadeciera de él y premiara su persistencia con alguna migaja, quizás un saco más confortable para dormir o el privilegio de acompañarlo a conocer el mundo.

«Ningún sacrificio era suficiente. Asumía los retos más difíciles y al final le rascaban las orejas al obeso cachorro de al lado. Pensó (una cualidad muy rara en su especie) que tanta desdicha se debía a su raza impura y a su deslucido pedigrí, mientras giraba y giraba cada vez más rápido, ladraba cada vez más alto y de cuando en cuando daba brincos enormes, más allá de sus fuerzas, en un incesante ajetreo de músculos y huesos.

«Casi muerto de cansancio o de aburrimiento ¡qué más daba a esas alturas!, un día paró en seco su movimiento exactamente a la vuelta número mil. Por supuesto, la inercia le vencía; no podía dejar de moverse. Entonces, decidió aprovechar su ímpetu y aquel arduo entrenamiento en función de objetivos propios. Abandonó la organizada jauría y se volvió atleta. Tan grande fue su éxito, que una multitud le seguía dentro y fuera de los estadios. Y le encantaba salir a la calle; definitivamente, le gustaba. A cada paso se convencía más, al ritmo de los aplausos de humanos y perros, de que nunca había sido invisible».

La primavera

El sol de marzo camina/ sobre las ruedas del frío/para despertar las ramas/ de los árboles dormidos.// La flauta de Irene busca/ el calor de sus amigos.// El sol de abril sueña espigas/ doradas en la pradera/ y el alacrán del invierno/ se muere de la vergüenza.// La flauta de Irene busca/ limones y hierbabuena.// El sol de mayo suspira/ porque no hay aparcamiento,/ mientras los coches que pasan/ dejan de tener secretos.// La flauta de Irene busca/ gasolina para un beso.

El sol de junio parece/ deportista en los tejados./ No para de hacer gimnasia/ entre las doce y las cuatro.// La flauta de Irene busca/ el patio de los naranjos.// Y cuando las cazadoras/ se pierden en el recreo,/ y un rumor de malas notas/ solivianta a los colegios,/ la flauta de Irene duerme/ aprobada por el viento. (Poema de Luis García Montero, enviado por un teclero de Villa Clara).

GRAFITI

Muchacha: ¿Cuándo entenderás que yo solo respiro tu aire? DD

FGT: Desnúdame, «desdúdame». KJ

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.
Multimedia
Videos
Fotografía
Opinión Gráfica