La tecla del duende

Tierra quebrada

Esteban Martínez Baniela nunca había sentido temblar la tierra. Habanero de La Habana del Este, lo más cercano a un sismo que había percibido alguna vez eran las vibraciones del asfalto y los inmuebles al estar cerca de alguna obra constructiva o las estridencias de una bocina con música demasiado alta. Pero el sábado 16 de abril último, cuando se alistaba con su esposa para salir a una celebración en el Fine-Tuned English Language Institute, donde imparten clases de inglés desde 2015, el mundo se les comenzó a mover. Estaban en la ciudad ecuatoriana de Loja, a unos 800 kilómetros del epicentro del sismo de 7,8 grados.

«La primera sensación fue de mareo, como cuando éramos niños y dábamos vueltas y vueltas y luego nos deteníamos de pronto, y la vista se nos quedaba girando aun cuando el cuerpo estaba inmóvil. Fue algo rarísimo. Hasta que nos dimos cuenta de que nos estaba sucediendo a los dos al mismo tiempo. En ese momento fue que nos fijamos en que las cosas se estaban moviendo», narra el joven licenciado en Ciencias de la Información. «Mi reacción fue la más básica —evoca—. Pararme debajo del marco de la puerta del cuarto y esperar. (…) Por supuesto, cuando todo pasó nos comunicamos con la familia, los amigos y otros conocidos que también están en Ecuador, mayormente en Quito y en Guayaquil. Por suerte, ninguno resultó herido ni afectado». Sin embargo, la fractura en el país, con un número de muertos que sobrepasa los 650 y miles de damnificados, sí fue inmensa, y Esteban y su esposa, como tantos otros, se han visto conmocionados por el sufrimiento que se respira.

Cuando le pregunto sobre los cubanos que permanecen allá durante estas jornadas estremecidas, apunta: «Nosotros no podemos quedarnos de brazos cruzados ante ninguna desgracia. La solidaridad es parte de nuestra naturaleza». Y pienso entonces en que a pocas horas del terremoto ya llegaba a suelo ecuatoriano un grupo de médicos y rescatistas del Contingente Henry Reeve, con el que Cuba ha prestado ayuda en países tan disímiles como Pakistán, Haití, Liberia, Sierra Leona…, en combate contra terremotos, tifones, el Ébola…

El entusiasmo y la osadía son dos de las virtudes que han acompañado a Esteban a lo largo de su vida. En Cuba, subió cinco veces el Pico Turquino y, las dos últimas, durante abril de 2014, en días consecutivos. Ahora, a sus vivencias tendrá que añadir esta, tristísima, de cuando la tierra se fracturó a mitad del mundo.

Desde Matanzas

¿Qué hiciste cuándo Girón?, fue el tema que convocó a los tecleros de Matanzas en su más reciente tertulia en el Palacio de Junco. Los ocurrentes de la Atenas de Cuba preparan un viaje a Hanábana para mayo, como homenaje al Maestro.

Grafiti

Roberto: Te sigo amando, en silencio, pero te amo. Bania

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