El Duende

La tecla del duende

Cirujano

Cuando la muchachada que aún éramos se disponía a disfrutar sus vacaciones tras el intenso curso escolar en el IPVCE Federico Engels, para mi amigo Yulien comenzaba otro arduo curso, el de siembra de arroz con su familia, en Pino Gordo, Mantua, casi en la punta pinareña de la Isla.

Allí el aprobado lo daban Juan y Antonia, sus padres, y representaba, nada más y nada menos, que la garantía en el hogar de comida durante el año. Recuerdo las manos de Yulien, al regresar en septiembre, siempre maltratadas, con uñas enfermas por la humedad y el duro ejercicio de entrarle al fango con cada postura para rellenar diques y diques preñados de verde.

A la vuelta de los años, con la humildad y el tesón de los buenos, esas mismas manos completaron cada examen teórico y práctico de Medicina hasta graduarse en 2007. Y aliviaron a cientos de pacientes que buscaban el primer «ojo clínico» en el galeno de la comunidad. Y se volvieron a pulir con el título de Medicina General Integral en 2011. Y aplicaron esos saberes entre muchos venezolanos durante tres años. Y volvieron orgullosas a Cuba. Y buscaron especializarse en cómo cortar —sastrería de la vida— para que todo lo sobrante o dañino al cuerpo fuera extirpado a tiempo…

Y ahora, casi al cierre de 2018, esas manos sostienen ante mí, para una foto de recuerdo, su título de Primer Grado en Cirugía General Integral. Y mi amigo casi sonríe, porque siempre ha sido un guajiro arisco, un poco anciano, tal vez.

Entonces me cuenta, para salir del trance, una ráfaga de anécdotas sobre los últimos cuatro años, los de residente en Cirugía, que lo trajeron hasta el valioso pergamino de papel alba. Me entero así del hilarante caso de una anciana a la que, después de una riesgosa operación intestinal, él pasaba visita y, cual nieto cariñoso, para evadir la terminología científica, se le acercó y le preguntó: «Abuelita y ya pudo “tirarse” algún pedito»; y aquella lo miró fijo y como un resorte respondió: «Eso te lo tirarás tú, ¡cochino!». A lo que sobrevino la carcajada de la familia y del de la bata blanca.

Estamos en una parada repleta. Casi hay que irse. Pero antes, el especialista Lemus Travieso me muestra en su celular el video de la última vuelta al terruño, un par de días antes. Se ve enfundado en una camisa de mangas largas, con sombrero y cuchilla en mano. «Ya sabes —ahora sí sonríe— había que coger el arroz y dejárselo ensacado a los viejos».                                             

Peña habanera en nueva sede

Este domingo, 2:00 p.m., en la sede de la Sociedad Cultural José Martí (17 y D, Vedado), tertulia habanera.

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