Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

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La tecla del duende

Globos

Un maestro trajo globos y regaló uno a cada alumno en el salón. Ordenó a que anotaran sus nombres, los dejó en el piso y sacó a los alumnos. Luego les dijo: «Tienen cinco minutos para que encuentren los globos con sus propios nombres». Los alumnos entraron y mientras cada uno buscaba su nombre se acabaron los cinco minutos. Nadie pudo encontrar el suyo.

Más tarde les dijo: «Ahora cada uno agarre cualquier globo y entréguelo al dueño». ¡En un minuto todos los alumnos tenían sus propios globos!

Dijo el profesor: «Los globos son la felicidad. Nadie la va a encontrar buscando la suya propia sin importarle la de nadie más. ¡Hay que darla a los demás para recibirla!».
¡Aprende a hacer el bien sin esperar nada a cambio, porque otro te lo va a devolver en algún momento! (Enviado por Nieve).

 Cita martiana

Los tecleros capitalinos se citan para este sábado 14, a las dos de la tarde, en la Sociedad Cultural José Martí (Calle 17, esq. D, Vedado). Festejando el Día de la Prensa Cubana, el invitado especial será el periodista Randy Saborit Mora, investigador y profesor universitario apasionado por el tema. Regresan los tecleros de Batabanó a nuestros encuentros y habrá sorpresas desde la gastronomía.

 Almuerzos y espíritus

En Sancti Spíritus, las tecleras festejaron con almuerzo, brindis e imágenes el Día Internacional de la Mujer. Y poco después, un notición: ¡Arminda Madrigal otra vez premiada en el concurso Cartas de Amor y ya es la octava ocasión en que lo consigue! Felicitaciones, en nombre de todos los tecleros; estaremos ofreciendo más detalles próximamente.

 Otro globo

Todo el aire que lleva este globo tiene la herencia de mis padres. Ellos me insuflaron la fuerza, me enseñaron un día como inflarlo, como elevar las ilusiones. Ahora sé que dependo de mí para que los sueños lleguen más lejos. Un pequeñito espera para que llene de aire el suyo: hay nuevos proyectos a punto de ascender (Enviado por Ana Laura).

 Grafiti

Pichy: nuestro hilo rojo se estira, se enreda, pero jamás se rompe. Enrolla tu carretel hacia mí, para besar tu nariz. Mimi.

 

 

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