Unas se quedan, otras se van

Pistas sobre un viaje bajo el mar. Proyecto para el uso sostenible y conservación de las tortugas marinas en Cuba

Autor:

Juventud Rebelde

Con resinas, especiales, el transmisor satelital se coloca en el caparazón de la tortuga. Cuando el animal sale a la superficie para respirar, la señal de su ubicación es transmitida a los satélites; una triangulación desde tierra (Australia) permite ubicar su posición una vez tras otra, con lo cual se fija su ruta. Un estudio de varios años que permitió dar seguimiento vía satélite a 19 tortugas carey seleccionadas en tres puntos del archipiélago permitió fijar algunos patrones migratorios que estos animales marinos escogen durante su vida o tránsito por Cuba.

Fue realizado por un equipo del Centro de Investigaciones Pesqueras (CIP), del Ministerio de la Industria Pesquera, como parte del proyecto Uso Sostenible y Conservación de las Tortugas Marinas en Cuba.

El doctor Félix Moncada ha sido el principal impulsor de los estudios en Cuba sobre la vida de los careyes y sus rutas migratorias. Foto: Roberto Morejón. Encabezado por el doctor en Ciencias Félix Moncada, el rastreo satelital para el Proyecto Carey tuvo la asesoría de la Wildlife Manegement International (Manejo Internacional de Vida Silvestre, WMI), una organización no gubernamental con asiento en Darwin, Australia; y el financiamiento de la Asociación de Conchas de Japón (JBA, por sus siglas en inglés).

El rastreo satelital del CIP y la WMI indican que aunque, por lo general, los individuos de esta especie después de la anidación regresan a sus áreas de alimentación —a veces alejadas de las zonas de desove, pero siempre en una trayectoria relacionada con los principales arrecifes coralinos del mar Caribe—, también pueden permanecer cerca de las áreas en donde anidan.

«Todas las tortugas marinas son migratorias; la carey, sin embargo, es la que menos lo hace», explica Moncada.

Leguas de viaje submarino

Mapa general de las rutas seguidas por las 19 tortugas carey, según el rastreo satelital. El rumbo de las marcadas en Cocodrilo, Isla de la Juventud, indican que este punto del archipiélago puede ser de paso y alimentación. Las de Nuevitas, en el norte de Cuba, también siguieron viaje. Todas las que emigraron siguieron siempre una trayectoria relacionada con los principales arrecifes coralinos del mar Caribe. (Los gráficos, Cortesía del CIP, fueron elaborados por especialistas de la Wildlife Manegement International) La investigación se realizó con 19 individuos capturados en tres puntos del país. En Nuevitas se rastrearon cinco hembras no anidadoras; en el sur de la Isla de la Juventud, un macho y cinco hembras no anidadoras; y en los Cayos de las Doce Leguas —Jardines de la Reina—, ocho hembras anidadoras.

Las careyes marcadas en Cocodrilo, Isla de la Juventud, siguieron rumbo hacia áreas alejadas del archipiélago cubano, por lo cual, dice el experto, este puede ser un escenario de paso y alimentación. Y las de Nuevitas, en el norte de Cuba, siguieron viaje hacia el este o el oeste.

En los Cayos de las Doce Leguas, que forman parte de las áreas protegidas del sudoriente de la nación, las conclusiones fueron menos homogéneas. Tres de las hembras marcadas se quedaron en la zona después de desovar en las playas de esa zona de los Jardines de la Reina, una viajó hacia Honduras y otra hacia Colombia, y tres fueron presuntamente capturadas.

En opinión de Moncada, autor principal de esta investigación, en los Jardines de la Reina las tortugas carey encuentran condiciones favorables para quedarse tras el desove, como temperatura y alimentación adecuadas, por lo cual pudieran permanecer por un tiempo allí.

Según los estudios en el Caribe, el comportamiento de los careyes en los Cayos de las Doce Leguas también se repite en Campeche, México; sin embargo, en otras áreas de la región no es así. Tras el desove, se van.

Larga vida no es sinónimo de paz

La tortuga carey (Eretmochelys imbricata) está incluida en el Libro Rojo de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). Se le cataloga como una especie en peligro crítico de extinción.

Su preservación, según los expertos, se dificulta por las características biológicas de este quelonio —al igual que las del resto de las tortugas marinas.

Es muy vulnerable, en especial por su complejo ciclo de vida, su longevidad, su maduración tardía, el hábitat limitado que requiere y la dieta especializada que la distingue, dicen. Entre otras consecuencias, esto determina bajas tasas de incremento poblacional y poblaciones reducidas.

También está considerada como un recurso internacional compartido. Su condición de migrante la convierte en un patrimonio no exclusivo de ningún país, por lo cual su protección en unos no necesariamente contribuye a un incremento poblacional si en otros lugares se sobreexplota o no se cuidan sus poblaciones y sus hábitats.

Según artículos consultados en Internet, durante la década de los 90 se estableció, a través del marcado, recaptura y el análisis de ADN mitocondrial de algunos individuos, que en la cuenca del Caribe, por ejemplo, existen mezcla de poblaciones diferentes en las áreas de alimentación.

En estas zonas confluyen individuos provenientes de distintas áreas de anidación, como México, Cuba y Puerto Rico. Igual ocurre en la región del Indopacífico.

La coexistencia de poblaciones de distintas colonias anidadoras —añaden los estudios— llaman a un mayor esfuerzo de colaboración interregional y de políticas de protección como las aplicadas en Cuba desde las últimas décadas.

No sobran, pero hay

El seguimiento por satélite de la tortuga carey en la Mayor de las Antillas significó una de las últimas metodologías de un proyecto con más de 15 años y que a lo largo de su historia incluye otras técnicas de rastreo, como colocar en individuos marcas metálicas conocidas como orejas de res.

Los análisis de más de tres lustros han permitido a los científicos cubanos aseverar, entre otras conclusiones, que a pesar de que no es superabundante, la Eretmochelys imbricata no está sobreexplotada en el archipiélago.

En Cuba existen dos establecimientos pesqueros que desde siempre las capturaron: uno, en Punta de Ganado, Nuevitas, Camagüey, y la otra en Cocodrilo, Isla de la Juventud.

«La pesca de la tortuga carey es parte de la cultura de esas comunidades y están autorizadas a capturarlas, pero con una cuota anual limitada entre ambos establecimientos pesqueros», señala Moncada.

En opinión de los miembros del equipo del Proyecto Tortugas Marinas del CIP, la principal amenaza a las poblaciones de estas especies en el país es la pesca furtiva, que «no es tan amplia y voraz como en otros países, pero existe. Se conoce y necesita una mayor vigilancia —denunciaron los especialistas.

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