El cazador de bellezas

Andanza por los recovecos del recuerdo de un chino-cubano que se hizo fotógrafo de forma autodidacta

Autor:

Juventud Rebelde

Juan Francisco Hung González guarda con mucho celo fotos tomadas al joven Fidel Castro en 1961, hace 45 años y aún inéditas. La entrevista con este fotógrafo tuvo lugar en su casa de la calle Ronda número 9, entre Neptuno y San Miguel, a un costado de la Universidad de La Habana.

Es un chino-cubano desconocido en los medios de difusión masiva, pero todo un artista del lente que el cercano 24 de agosto cumplirá 76 años de haber nacido en Santiago de Cuba, de padre cantonés, Juan Hung Aval, y madre santiaguera, Ana Rosa González Paniagua.

«Un día de 1961, cuando la Revolución era jovencita, venía yo para la casa y al ver cómo se empezó a congestionar de estudiantes la escalinata universitaria, pregunté y me dijeron que Fidel estaba conversando con los jóvenes. Entonces subí corriendo y bajé con una cámara Rolliflex, alemana, que me habían prestado y le tomé de muy cerca, a pocos metros, algunas fotos absolutamente inéditas».

Fidel en la Universidad de La Habana, en 1961. Aclara Juan Hung que el Comandante en Jefe estaba rodeado de estudiantes. «Por suerte aquella Rolliflex era una cámara que permitía observar lo que uno necesitaba retratar, y tuve que levantarla alto, por encima de las cabezas de la gente y tirar las fotografías. Apreté el obturador varias veces y logré así las fotos que más quiero de todas las que conservo».

Con el mismo celo guarda otras fotos del Jefe de la Revolución, como las que tomó en un acto en diciembre de 1972, donde aparece junto a Salvador Allende, en su última visita a Cuba.

DESDE LO MÁS ALTO DE NUEVA YORK

Cuenta Hung que a su mamá se le ocurrió un día la idea de viajar a Nueva York y allá estuvieron varios años, en un apartamento cerca del barrio chino, gracias a las relaciones de su padre con la colonia asiática allí.

Su padre consiguió trabajo como linotipista de un periódico que se escribía en cantonés, y el joven Juanito, concluyó en la ciudad de los rascacielos el bachillerato que había iniciado en Cuba.

«Empecé a captar imágenes a los diez u 11 años, en Santiago de Cuba, con una cámara Browning sencilla, de cajón, de 120 milímetros, y me hice fotógrafo solo, mirando y leyendo. En Nueva York adquirí una Argos C-3 con la que tomé vistas llamativas y aprendí mucho más. Después, con los años, comencé a perfeccionar mis fotografías de modo más artístico».

Ríe al recordar sus atrevimientos juveniles en una de las urbes más pobladas y cosmopolitas del planeta, sobre todo cuando estuvo por primera vez en el interior de la Estatua de la Libertad, subió por la escalera de hierro, de caracol, y desde su punto más elevado congeló vistas increíbles.

Atesora algunas fotos que logró desde la cima del Empire State, entonces el edificio más alto del mundo y todo el que las ve piensa que fueron tomadas desde un helicóptero, sobrevolando Nueva York.

«Desde este pequeño balcón de mi casa he tomado fotos insólitas, como la de un chofer que se quedó dormido Ronda abajo y afortunadamente despertó y pudo frenar de golpe, a unos centímetros de una casa en la que casi penetró con su carro, por suerte sin mayores consecuencias».

También conserva una del inocente juego de varios niños que se pusieron a desenredar una caja de rollos grandes de películas que se encontraron. Esta escena la convirtió en una foto en blanco y negro que expuso en una galería con el sugerente título de Futuros cineastas.

IMÁGENES INÉDITAS DEL CABALLERO DE PARÍS

«He tratado de hacer mis fotos con arte y sentimiento, para que gusten a todo el mundo y dejar recuerdos gráficos bonitos. No sé si las guardarán cuando yo muera, pero he tratado de perpetuar imágenes curiosas que hablan por sí solas».

Este cubano fotógrafo de corazón, aunque es también traductor de inglés, sufrió en diciembre pasado una fuerte isquemia que le ha paralizado la parte izquierda del cuerpo y le dificulta incluso escoger algunas gráficas de entre las tantas de su voluminoso archivo.

Otras instantáneas que Hung guarda como si fueran de oro, son las del rinconcito de Infanta y San Lázaro, donde tuvo uno de sus refugios el más famoso personaje callejero de la capital cubana, José María López Lledín, el enigmático Caballero de París. «Muchos han venido a preguntarme si las vendo».

Aunque nunca ha publicado sus fotos en la prensa, sí ha participado en concursos, exposiciones y en numerosas bienales habaneras e internacionales. Es fundador del Centro Cubano de la Imagen Fotográfica y del Fondo Iberoamericano de Fotografía, y no olvida una exposición personal en la Fragua Martiana titulada Sueños y realidades.

Quien mire las paredes de su casa, verá una muestra insospechada de imágenes que lo definen como un fotógrafo ignorado, impenitente artista cazador de historias y bellezas. Una paloma encuentra refugio en los brazos del Alma Mater. En la Plaza, Salvador Allende junto a Fidel y otros dirigentes de la Revolución, el 13 de diciembre de 1972.

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