Una Isla siempre joven

Celebran hoy en el municipio especial de Isla de la Juventud el aniversario 28 de la adopción de ese nombre

Autor:

Julieta García Ríos

Más de 50 000 estudiantes de África, Asia y América Latina se han graduado en la Isla de la Juventud. «En cuatro centurias la Isla de Pinos mudó sucesivamente de nombre como el majá de piel. Volviendo siempre por sus fueros e imponiéndose el romántico apelativo por los espesos bosques de coníferas que otrora caracterizaron su fisonomía».

Así comentaba Raúl Roa, entonces vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el miércoles 2 de agosto de 1978, cuando ese territorio de 2 204,5 kilómetros cuadrados, separado 95 kilómetros de la Isla grande, adoptó el nombre de Isla de la Juventud.

Esa región también se conocería entre nuestros aborígenes como Camarcó, Ahao, Guanaja y Siguanea. San Juan la Evangelista, la llamó el almirante Cristóbal Colón; Colonia Reina Amalia, la corona española; Isla del Tesoro, luego que Robert Louis Stevenson escribió la obra homónima, cuyo argumento se supone que la tuvo por escenario; Isla de los 500 asesinatos, en alusión a los crímenes allí cometidos en época de la república mediatizada.

La decisión de que adoptara el calificativo actual tiene su antecedente el 12 de agosto de 1967, cuando en la inauguración de la presa Vietnam Heroico, al dirigirse el Comandante en Jefe Fidel Castro a los jóvenes y trabajadores de Isla de Pinos, los presentes clamaron a coro: «Isla de la Juventud».

El líder de la Revolución especificó que todavía no era verdaderamente así, y exhortó a llamarla de ese modo «cuando la juventud con su obra haya hecho algo grande, haya revolucionado aquí la naturaleza y pueda exhibir el fruto de su trabajo, haya revolucionado aquí la sociedad».

La convocatoria de Fidel no se hizo esperar. Hace 28 años, en áreas aledañas al conocido eufemísticamente como Presidio Modelo, hoy museo de la Revolución, Raúl Roa, reconoció la labor de los miles de jóvenes de todo el país que se dieron a la tarea de reivindicar el territorio, misión que «cobró mayor impulso después de los estragos del ciclón Alma, el 8 de junio de 1966».

Las transformaciones invitaron a Roa a reconocer que la faz de la Isla era otra, incluyendo la población, ya en ese momento cuadriplicada. Habló de las escuelas secundarias multiplicadas entre sus campiñas, sembrados y serranías, de las tres filiales universitarias y una obrera, de las miles de viviendas construidas, de los varios policlínicos creados, del incremento de la producción en la fábrica de caolín fundada por el Che.

Y destacó la interesante experiencia de las escuelas pobladas por niños y adolescentes de Angola, Mozambique, Etiopía y otras naciones. Proyecto solidario que ha graduado a más de 50 000 estudiantes de África, Asia y América Latina.

En aquel acto, que contó con la asistencia de Fidel, Roa dijo: «No se cumple solo un acuerdo de la Asamblea Nacional del Poder Popular. El nuevo nombre constituye, asimismo, un vibrante homenaje del pueblo cubano al XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes». En ese momento, Cuba acogía ese Festival, del cual la Isla de la Juventud fue subsede.

Para Juan Colina la Rosa, historiador de la región, la proclamación de la Isla de la Juventud, donde radicara el Presidio Modelo —sitio donde tantos cubanos fueran apresados por su lucha por una Cuba justa— constituyó un símbolo de libertad, un sueño hecho realidad.

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