Mantiene vigencia Carta de México firmada por Fidel Castro y José Antonio Echeverría

Fidel y José Antonio Echeverría fueron los artífices principales del histórico documento, que constituye un compromiso permanente del estudiantado con la Revolución

Autor:

Juventud Rebelde

Juan Nuiry y José Antonio. «El jueves 29 de agosto de 1956 quedó finalmente redactado y firmado por los jóvenes Fidel Castro, a nombre del Movimiento 26 de Julio, y José Antonio Echeverría, en representación de la FEU, un documento trascendental que a cinco décadas lo observo con plena vigencia».

Lo declara a Juventud Rebelde, Juan Nuiry, uno de los dos representantes vivos del movimiento estudiantil cubano —el otro es el Comandante Faure Chomón Mediavilla— que acompañaron entonces a José Antonio a México para participar en ese acontecimiento histórico.

«Sigo sintiendo ese documento, a pesar del tiempo transcurrido, como el compromiso permanente de la juventud estudiantil con la Revolución y con Fidel», afirma nuestro entrevistado.

«Hoy sirve aquel mensaje contra los personeros de la dictadura, contra la vieja lacra politiquera, los mismos anexionistas y otros sumados, y frente a la injerencia imperialista de la derecha y de la mafia miamense».

Refiere Nuiry que es significativo que los firmantes principales fueron y son dirigentes universitarios. Y sentencia: «Fidel en su época manifestó, y lo ha reafirmado siempre, que en la Universidad se hizo revolucionario. El combativo estudiante de Derecho fue presidente del Comité Pro Democracia Dominicana y presidente del Comité Pro Liberación de Puerto Rico, y tuvo una amplia participación como dirigente estudiantil. Y José Antonio Echeverría fue el líder indiscutible de la FEU y hoy es su eterno presidente».

UNIDAD COMO ESTRATEGIA

Argumenta Nuiry que cuando comenzó a gestarse la unidad generacional expresada mediante ese texto, ello respondió a un proceso. El 10 de marzo de 1952 fue la gota que llenó la copa, lo que no se puede desconocer pues está ahí la génesis de todo el accionar revolucionario de la juventud, sintetizada magistralmente en José Antonio y Fidel.

«La Carta de México no es solo un documento contra la dictadura de Batista, sino contra la politiquería y lo más vergonzoso del pasado del país. Por eso creo y digo que es el punto de partida de la unidad generacional que planteó con plena claridad la línea insurreccional trazada por Fidel el 26 de julio de 1953».

Aclara también que se le llamó Carta y no Pacto, pues este último término fue desprestigiado por los politiqueros y partidos tradicionales burgueses, oportunistas y publicistas demagogos incapaces del combate a muerte por la libertad.

Explica que cuando el 23 de julio de 1956 José Antonio viajó a Chile para participar en el II Congreso de Estudiantes, su estrategia estaba bien definida.

«El día 13 había sido reelegido Presidente de la FEU por amplia mayoría, y el día 15 apareció un artículo en la revista Bohemia que precisó su pensamiento: ‘La única salida a los tremendos y crecientes males de Cuba no puede ser bochornosa, ni la claudicación cobarde a componenda alguna, sino la gran revolución renovadora del sistema».

Comenta Nuiry que quien así se manifiestó aún llevaba las cicatrices de aquella movilización estudiantil sin precedentes que había dirigido en 1955.

«Al terminar el evento latinoamericano en Chile, hizo escalas en algunos países centroamericanos y llegó a México el 28 de agosto de 1956, donde se encontró con Fidel, quien tenía entonces 14 meses en el exilio preparando “la guerra necesaria”. Había definido en la heroica gesta del Moncada la línea insurreccional; era el líder de la fuerza más importante del movimiento revolucionario, el 26 de Julio, y había anunciado que en 1956 seríamos libres o mártires».

Expresa el combatiente del 13 de marzo de 1957 y Auditor General del Ejército Rebelde, nacido el 2 de mayo de 1932 en Santiago de Cuba, que el 1ro. de enero de 1956 Bohemia publicó una entrevista de Echeverría donde este declaró que el año siguiente sería el de la total liberación de Cuba. Entonces expresó: «Al decir ello ni imito ni declamo, tal vez coincida». Y precisa Nuiry que esa afirmación constituyó un antecedente público de idénticas proyecciones de ambos líderes.

«En los históricos 53 días que permaneció Fidel en Cuba, desde su salida de prisión, mantuvo frecuentes e importantes encuentros con José Antonio. Cuando el tren de Batabanó hizo su parada final en la Terminal de La Habana, el 16 de mayo de 1955, el ejecutivo de la FEU, con Echeverría al frente, se encontraba esperando a Fidel.

«Recuerdo a José Antonio con un yeso en el brazo izquierdo, secuela del enfrentamiento con la policía de Matanzas, durante el aniversario 20 de la caída en combate de Antonio Guiteras, en el Morrillo. Hasta el momento de su salida hacia México, el 7 de julio, Fidel mantuvo siempre con José Antonio una sincera comunicación de respeto y afecto, de la que fuimos testigos».

Cuando al finalizar el mes de agosto de 1956, se abrazaron en la capital mexicana, existía entre ambos una plena identificación. Solo había que comenzar la redacción del documento, en la cual también participó René Anillo, que había arribado a ese país unos días antes.

José Antonio Echeverría, Fidel y René Anillo. «La Carta señalaba que “La FEU y el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, los dos núcleos que agrupan en sus filas a la nueva generación (...) han decidido unir sólidamente sus esfuerzos para derrocar a la tiranía y llevar a cabo la revolución cubana”».

Tenía 19 párrafos y dejaba claramente establecido que agotada cualquier otra posibilidad, la única solución era la revolución, y consideraba propicias las condiciones para ofrecer al pueblo su liberación a través de la insurrección armada, secundada por la huelga general de todo el país.

En el párrafo 16 planteaba: «(…) la FEU y el 26 de Julio hacen suyas las consignas de unir las fuerzas revolucionarias, morales y cívicas del país, a los estudiantes, los obreros y las organizaciones juveniles, y a todos los hombres dignos de Cuba, para que nos secunden en esta lucha, que está firmada por la decisión de morir o triunfar».

Reafirma Nuiry que aquel «no era un documento más, pues cada palabra fue rubricada con sangre, valentía y heroísmo; así como definió, deslindó los campos y proyectó, con el aval de las trayectorias de Fidel y José Antonio, una unión de acciones e ideales, reafirmando que la revolución llegaría al poder libre de compromisos e intereses».

Hubo necesidad de algunos párrafos para desenmascarar la maniobra batistiana que intentó confundir a la opinión pública sobre una supuesta conjura de aquellos jóvenes con la sanguinaria tiranía trujillista.

«René Anillo partió a La Habana trayendo el texto del documento dentro de sus zapatos. La Carta de México fue publicada íntegramente por la prensa cubana con el título Alianza de Fidel Castro con la FEU en México, el 2 de septiembre de 1956 y tuvo un efecto detonador».

De inmediato José Antonio salió de México para participar en la VI Conferencia Internacional de Estudiantes, que tuvo lugar en Ceilán, actual Sri Lanka. A su regreso, según se había acordado durante el encuentro en tierra mexicana, se efectuó en esa misma ciudad una reunión más amplia entre ambas organizaciones.

Al salir de Ceilán, Echeverría hizo escala en Miami, donde solicitó que partieran a su encuentro Fructuoso Rodríguez y Juan Nuiry. Pasaron unos días intercambiando información: el líder de la FEU, sobre sus dos conferencias; ellos, sobre la situación vivida después de la publicación de la Carta de México, no solo enfrentando la reacción policíaca, sino saliéndoles al paso a posiciones divisionistas y oportunistas.

EL SITIO DE MÁS RIESGO

«Junto a José Antonio partimos rumbo a México a un nuevo encuentro con Fidel. Otros compañeros lo hicieron desde Cuba. Para esta ronda viajaron a México, Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón y Joe Westbrook, del ejecutivo del Directorio Revolucionario, así como sus cuadros de acción Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado (Machadito).

«Al arribar al aeropuerto mexicano, que yo veía por primera vez, recordé a Martí y a Mella. Ya nos esperaba Jesús Reyes (Chuchú), quien nos llevó al encuentro con Fidel, en el reparto de Pedregal de San Ángel. Allí también pudimos saludar y hablar con Raúl Castro, Juan Manuel Márquez, Ñico López, Pedro Miret, Cándido González, Faustino Pérez y Jesús Montané, compañeros con amplios expedientes revolucionarios».

Recalca Nuiry: «Aún resuenan las palabras de aquellos diálogos cargados de fervor patriótico, bajo el principio de la unidad, el desinterés y los objetivos, donde cada uno solo solicitaba para sí el sitio de más riesgo».

FIRMEZA Y LUZ COMO CRISTAL DE ROCA

Juan Nuiry. «Nos despedimos el 16 de octubre en el aeropuerto mexicano. Fue la última vez que Fidel vio con vida a José Antonio y a Fructuoso. Después yo me encontré con Fidel en la Sierra Maestra, precisamente ratificando la Carta de México, en el mismo escenario de la guerra.

«Quiero dejar claro, que tal como hemos señalado, fueron dos los encuentros entre Fidel y Echeverría, el primero durante los días 28 y 29 de agosto de 1956, y el segundo 40 días más tarde, con un grupo de compañeros, para estructurar las acciones que debíamos emprender, sobre todo la del 13 de marzo de 1957. No puedo soslayar que René Anillo dejó escrito detalles muy esclarecedores sobre la firma de la Carta de México en la casa de la calle Sierra Nevada y a 50 años merece él también un reconocimiento, como aquellos participantes que ya no están con nosotros».

Juan Nuiry pone énfasis en que tanto Fidel como José Antonio tenían moral y prestigio suficientes para dirigirse a los jóvenes.

«Recuerdo que Julio Antonio Mella, al impugnar el recibimiento en el Aula Magna de la Universidad de La Habana a un escritor reaccionario de Europa, argumentó: “Los hombres que dirigen o les hablan a los estudiantes, tienen que ser como decía Salvador Díaz Mirón, firmeza y luz como el cristal de roca”. Y así era José Antonio y así es Fidel».

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