El suicidio no es la solución

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A.L: En los primeros nueve meses de noviazgo nos separamos debido a sus celos. Nunca lo vi con una muchacha pero se rumoró que tuvo otra relación. Yo me siento responsable porque no permití la reconciliación. No quería distraer mi mente, pues debía estudiar y acompañar a mi mamá que sufría de cáncer. Después de su muerte volvimos porque nos queremos. Desde entonces yo lo veo como mi todo: «él es el centro y yo giro a su alrededor». Mi familia lo rechaza y ahora temo perderlo porque soy yo quien lo cela. Si no encuentro otro modo de comportarme se cansará de mí. He pensado suicidarme porque estoy cargada de problemas y no sé a quién acudir.

Aunque no lo dices textualmente, tu carta hace suponer que eres tú la cansada de ese modo de vivir y esta es una buena razón para valorar cambios diferentes al suicidio. Escribirnos es un buen comienzo que debe avanzar hacia la consulta, cara a cara, de un psicólogo. El suicidio supone una salida de problemas que en realidad tienen mejores formas de enfrentamiento. La muerte no da lugar a sentir siquiera alivio.

Llama la atención que te sientas tan unida a tu pareja y al mismo tiempo sufras de soledad. Quizá ello guarde relación con el hecho de que él sea el centro alrededor del cual giras y no alguien con quien compartir un espacio común. Los celos que tanto te preocupan pueden expresar el malestar contigo misma y tu pareja. Probablemente, el agobio se deba más a la pérdida de tu propio centro, luego de fallecer tu mamá, que a lo sucedido antes con tu pareja. Cuando tenías que estudiar y contabas con tu mamá era él el celoso.

Pensar en tu relación, el sentido de la muerte de tu madre y el rumbo de tu vida podrían ser buenos puntos de partida.

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