Los padres que encarcela Washington

Ni el encierro injusto o las durezas de las prisiones impiden a los Cinco antiterroristas cubanos darles a sus hijos el apoyo emocional que requieren en su etapa crucial como universitarios

Autor:

Ramón Labañino y su hija Ailí. Antonio Guerrero y su hijo Tony. René González y su hija Irma.

«Mi papá fue capaz de leerse en la prisión un libro de Matemáticas, que era una de las materias mas difíciles, y supo enseñarme la solución de algunos ejercicios. Nunca pensé que en esas condiciones, aun siendo ingeniero civil, pudiera acordarse de aquello tan difícil, y menos habiéndolo aprendido en ruso».

Así reflexiona Tony, el hijo de Antonio Guerrero, uno de los cinco cubanos prisioneros en cárceles norteamericanas, acerca de la relación con su progenitor en su nueva etapa universitaria. El joven estudiante jamás imaginó que su padre fuera capaz de explicarle tan bien la materia.

«Mi primer año en la universidad fue al principio un poco frustrante. A muchos nos cuesta sobreponernos a los obstáculos difíciles que nos imponen ciertas carreras de Ingeniería. Por eso nunca olvidaré la ayuda tan grande que me ofreció mi papá en el segundo semestre de ese año.

«En un principio me cerré, como lo hacen a veces los estudiantes, y pensé hasta en cambiar la carrera. Por eso también tuvimos muchas conversaciones acerca de las depresiones.

«Cada cual se impone una meta. Ese es el consejo que nunca olvidaré de él. Para ello uno debe tener por sobre todas las cosas fuerza de voluntad, sobreponerse a los obstáculos que se presenten. Las vivencias que he tenido en las visitas han sido muy útiles, indispensables. No solo en primer año. En segundo también conversamos mucho sobre mi carrera, el ámbito que tiene».

Antonio Guerrero, al igual que sus cuatro hermanos, ha sido electo delegado de honor al VII Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria, que se celebrará en el mes de diciembre.

Todos excepto René pasaron un día por la enseñanza superior. Y en sus aulas aprendieron más que la especialidad que fueron a estudiar. Allí terminaron de formarse como revolucionarios, una carrera que han sabido ejercer con orgullo hasta en la más oscura y fría celda.

«A mi papá no le interesan tanto mis notas —aclara Tony—. Me dice: ‘Si cogiste un tres, ya alcanzarás un cuatro. Pero cumple con las tareas de la Revolución’».

COMPARTIENDO SUEÑOS

Para Irma, la hija mayor de René González, las mejores oportunidades para actualizar a su padre de su vida como estudiante, son las visitas a la prisión.

«Él es una persona que te escucha mucho. Noto en su expresión que disfruta cuando le hablo no solo de la carrera, sino también de la FEU. Él siempre se interesa mucho por las tareas de la Juventud».

El estudio ha sido una nueva razón de acercamiento entre Irmita y su padre.

«Si yo le digo: ‘Estoy dando Personalidad’, él contesta: ‘Mándame el libro, quiero aprender de eso’. Él no es universitario, es piloto, y en esa época el pilotaje no era una carrera universitaria. Pero todo lo que le llame la atención a sus seres queridos: a mi hermana, a mí o a mi mamá, él quiere aprenderlo, porque siente que así está en el seno familiar compartiendo un pedazo de nuestras vidas».

—¿De qué hablaron en la última visita?

—De lo que más conversamos fue acerca de por qué área de la Psicología me podría decidir. Ya estoy en cuarto año y eso comienza a ser una preocupación. A mí me gustan todas las vertientes, y él siempre me aconseja valorar en la que yo crea que sea más útil.

Yadira Pérez es trabajadora social y también estudia Psicología. Con su tío Gerardo Hernández siempre ha mantenido una relación muy estrecha, al igual que el resto de los sobrinos.

«Las preguntas de mi tío son diferentes, porque la universalización es una experiencia nueva que en sus tiempos no existía. El interés suyo es conocer detalles, como la frecuencia de las clases, quiénes son los profesores, su preparación...».

—¿Qué piensa Gerardo de esta nueva modalidad de enseñanza?

—Por lo que yo le he comentado, que para mí es lo mejor que hay, le gusta muchísimo. A veces llego con alguna inconformidad, y me dice: ‘No, no, no. Búscale el lado bueno a las cosas, que siempre lo tienen. Y no te preocupes, que si alguien lo pensó así, es porque esa es la mejor forma. Tú vas a ver que todo se resuelve’.

«Él está muy complacido con la experiencia, no solo por mí, sino porque sabe que hay muchos otros jóvenes que por alguna razón no tenían la posibilidad de acceder a las aulas universitarias».

Ailí, la hija mayor de Ramón Labañino, comenzó este curso a estudiar Ingeniería Informática. Ella ya se había hecho técnica de nivel medio en la misma especialidad, y por eso tenía muy bien definido qué deseaba estudiar.

«Con mi padre siempre comento cada una de las cosas que tengo pensadas hacer. Él me dice qué cree que está bien o qué está mal. No obstante, siempre me deja la decisión a mí. En las vacaciones lo visité, se puso contentísimo cuando supo que había cogido esa carrera, porque para él ser universitario, ser profesional, es motivo de gran orgullo.

«Mi hermana Laurita termina ahora el noveno grado, y debe decidir qué va a elegir. Constantemente está escribiendo, y cada vez que habla por teléfono con ella le dice que analice bien su decisión, que tiene que ser algo que le guste. Siempre nos está aconsejando».

UN CONGRESO DIFERENTE

Irmita, Ailí, Laura, Yadira y Tony, como jóvenes universitarios, viven hoy en sus aulas los momentos de reflexión que preceden al evento nacional de la FEU. Sus expectativas se acrecientan al acercarse el mes de diciembre.

«El Congreso empieza desde las brigadas —dice Laura Fernández, sobrina de Fernando—. Pero lo importante será ver cómo el resultado de este proceso va a llegar a cada aula. Todo los estudiantes deben sentir que están en congreso».

«Yo creo que será un momento diferente —añade Yadira—, porque la FEU está enfrentando precisamente tareas diferentes.

«Ya no son solo los estudiantes de la sede central los que pertenecen a la organización; la membresía es ahora más grande y tiene otros retos. Son nuevos miembros que le dan un toque distinto. Está también el joven que se acogió a la universalización por medio de los cursos de superación integral, que llevaba años desvinculado del estudio».

«Todos los meses estamos hablando de eso —expresa Irmita— y pienso que es muy importante destacar la identidad que tienen los estudiantes cubanos.

«Yo no cursé estudios universitarios en los Estados Unidos, pero sí secundarios y preuniversitarios, y no hay identidad ninguna.

«Nosotros mismos no nos damos cuenta a veces de lo que tenemos. La grandeza de nuestros estudiantes radica en el humanismo, la solidaridad, ese sentir que estamos haciendo las cosas de forma positiva, y si no es así, tienes a alguien que te corrija».

—¿Qué dijo tu papá al conocer que era delegado de honor?

—La expresión siempre es la misma cada vez que les decimos: ‘Están invitados’, o ‘Les dieron este reconocimiento’. Sienten pena, porque creen que son méritos muy altos para ellos.

ETERNAMENTE AGRADECIDOS

Desde el pasado 12 de septiembre, y hasta el 6 de octubre venidero, se celebra en el mundo una Jornada Internacional por la Liberación de los Cinco. JR no quiso pasar por alto la posibilidad de comentar con los jóvenes familiares de los Héroes acerca de este acontecimiento.

Fue Irmita quien con su locuacidad acaparó nuestra atención para expresar el agradecimiento que ella, los Cinco y el resto de los familiares sienten con las acciones de solidaridad que tienen lugar en disímiles lugares del orbe.

«Un día, en una visita, mi papá me decía: ‘Es increíble la grandeza del pueblo cubano, cómo se ha unido para luchar por nosotros’. A él eso le impacta muchísimo.

«Yo tampoco puedo decirte otra cosa. Cuando vi la última marcha en Washington, cuando veo los movimientos de solidaridad que se nos acercan, es agradecimiento lo que sentimos, eterno agradecimiento.

«Nos llama muchísimo la atención cuando vemos que en Alaska existen personas que están luchando por la causa de los Cinco. Gloria La Riva, por ejemplo, allá en Washington, lo ha dejado todo por esto. La vemos a la vanguardia de esas marchas, y eso nos reconforta mucho; incluso hasta del ‘hueco’ hemos logrado que los saquen gracias a esa solidaridad.

«Muchas personas en Estados Unidos, Canadá, Brasil... han hecho suya la causa de nuestros padres, y esto es impresionante, porque ellos no viven lo que vivimos nosotros, no sienten como nosotros, no están en el mismo sistema que el nuestro.

«Los cubanos y los grupos de solidaridad internacional viven lo que nos sucede. Nosotros no podemos dejar de sentir un profundo e infinito agradecimiento por ellos».

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