Pioneros inundan ómnibus Yutong

Autor:

Juventud Rebelde

El anecdotario de este Congreso comenzó antes, y la mayor parte se ha protagonizado en los baños. Menos en Matanzas, donde los varones, tan seguros de sí, quedaron encerrados en el cuarto de la villa. A tantos ruegos, las niñas vinieron al rescate.

No quedó ahí. En el tren, al amanecer y cuando se encendieron las luces, a la entrada de La Habana, los muchachos y muchachas entraron al baño y se sorprendieron: «¿Y cómo se abre la llave del agua?».

Los guías llegaron en su ayuda. Y cayeron en la trampa. Voltearon el cubículo y se encogieron de hombros: «Caballeros, ¿pero dónde metieron la llave?». Al final apareció, en forma de pedal, a los pies del lavamanos. Entonces tuvieron que acordarse de la bicicleta y pedalear un buen rato por la mañana.

En la villa, un alumno de secundaria comenzó a lavarse la boca, tarareando una canción. De pronto se quedó asustado, con la boca hinchada de espuma. La llave se cerraba por sí sola. Tuvo que pedir ayuda por señas; mientras que en el baño de las niñas, una delegada le preguntaba a su amiga: «¿Por qué la mía se apagó y la tuya no?».

Por su parte, según ha trascendido entre los participantes, la delegación de Ciudad de La Habana casi le ha provocado un síncope a los choferes de los ómnibus Yutong. Algunos de sus integrantes se aventuraron al baño para aliviar los riñones. Satisfechos, empezaron a oprimir los botones, pero eran tantos que escogieron «al tin marín de dos pingüé» y apretaron al elegido. Los pobres. El cubículo se inundó, aunque no precisamente de agua.

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