Aunque el mundo cambie de color...

El Congreso Pioneril cerró de verde olivo. Con un corazón rojo y negro, una estrella blanca. Formado el pequeño ejército gigante de Fidel a las órdenes de Raúl. Germina la hermosa y poderosa flor verde. Una canción en todos los labios infantiles: «Revolución, seguimos de soldados»

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Juventud Rebelde

«Fidel está aquí», fue la sentencia de Raúl al hablar, y levantó una oleada de entusiasmo en el Palacio de Convenciones.

Por eso, el General de Ejército enseguida aclaraba: «creo que no me expresé bien, y ustedes pueden pensar que está físicamente aquí; pero está en un lugar mucho más importante: en el corazón de todos nosotros».

Así, el líder revolucionario sintetizó el sentir, expresado incluso en lágrimas por más de un niño o niña, de que «el pionero mayor» los acompañó en cada segundo de este Congreso, a pesar de que por razones de salud no pudo estar físicamente.

Al Premio para un Amigo Sincero, una bella escultura del artista Carlos Marcoleta, el cual le fue otorgado, según el documento, «a tu hermano menor y a la vez el mayor de todos los pioneros cubanos» para que te lo entregue, se unía el pedido de los pioneritos a Raúl para que los aceptará en el «ejército de Fidel, como soldados de ideas y de fuego, a las órdenes de un General de Ejército como usted».

Sin embargo, fueron las canciones, los poemas, el verso musical con la convicción de los niños de que «aunque el mundo cambie de color, yo estoy aquí», o las consignas que corearon como «Pa’ lo que sea Fidel, Pa’ lo que sea Fidel»; o «Fidel, Fidel, qué tiene Fidel, que los imperialistas no pueden con él».

A lo que Raúl rápidamente respondió: «Creo, con lo que he visto, que a nadie puede quedarle dudas de aquello que él dijo hace cinco años, en el anterior congreso, ante el canto de ustedes preguntando qué tenía Fidel que los imperialistas no podían con él, y que con una simple frase lo definió: Los tengo a ustedes».

El General de Ejército recordaba que Fidel nunca ha faltado a un congreso de pioneros, y que si bien estaba previsto que las conclusiones las hiciera otra persona, «me alegro de no hacerlas yo, porque quien tendría que hacerlas hoy es el pionero mayor, como ustedes lo llaman».

El Primer Vicepresidente de Cuba explicó que hacía apenas 48 horas él y otros dirigentes revolucionarios sostuvieron una reunión de trabajo con Fidel para analizar varios problemas de Estado, donde les dio variadas instrucciones y un saludo a los pioneros por su Congreso.

«Y al decirles esto les estoy informando que no se está muriendo como dice alguna prensa de Miami, sino que va mejorando constantemente, pero como él mismo advirtió en su Proclama o en la nota posterior, eso lleva tiempo».

«Pero está bien, y tiene un teléfono al lado y lo está usando cada día más», afirmó.

Seguidamente, en complicidad con los pioneros que asistían emocionados al plenario les decía: «Cuando vea este bello acto se va a llevar una sorpresa como yo con todo esto. Pienso que disfrutará mucho verlo, porque él va a ver completito este acto, pues no le voy a decir nada para que lo vea por televisión, para que vea esta hermosa y poderosa flor verde que representan todos ustedes».

El líder revolucionario, a quien la alegría se le notaba en cada palabra, junto a los niños y adolescentes que asistían al evento reflexionaba: «También algunas otras personas verán este acto, aquí y fuera de Cuba, y podrán llegar a la conclusión de que no se pueden confundir con este pequeño país que, sin embargo, alberga un gran pueblo.

«Porque si se metieran con nosotros, reafirmó, encontrarían la explosión de una fuerza telúrica verde olivo, un avispero, como lo definió Fidel en una ocasión».

El General de Ejército también propuso a los pioneros, y fue aprobado, que se hiciera una sesión especial del Congreso con la presencia de Fidel. «Lo haremos cuando se recupere; y ustedes tienen que exigirle que se cure, yo se lo voy a decir en nombre de ustedes».

Y agregó con picardía: «Será una sesión solemne, y esa no me lo pierdo yo».

El Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, habló con los pequeños sobre sus recuerdos de la guerra contra la dictadura de Batista, de la travesía del Granma, y de su reencuentro con Fidel después de la dispersión de Alegría de Pío.

«En esa ocasión sufrimos un duro revés y nos dispersamos hasta que los campesinos nos unieron días después. No se me olvida que Fidel, después de darme un abrazo, se echó para atrás y sin soltarme los hombros me preguntó:

—¿Cuántos fusiles traes?

—Cinco.

—Y dos que tengo yo son siete: ¡Ahora sí ganamos la guerra!»

A nuevos aplausos de los muchachos, Raúl respondía con más recuerdos: «Unos días después se reunieron dieciocho armas y a las pocas semanas tuvimos el primer combate y fue victorioso. Cuando nos retirábamos a las montañas, vi un espectáculo inolvidable, el de las llamas quemando el cuartel enemigo.

«En ese entonces anoté en mi diario de campaña: ‘desde lejos vi arder, sobre los cuarteles de la opresión, las llamas de la libertad. Algún día, sobre sus cenizas, levantaremos escuelas’.

«Hoy, dijo, les confieso que de todas las cosas que escribí en ese diario, esa es la frase que más me ha gustado, y cómo no me voy a acordar de todo eso al verlos a ustedes, escucharlos a ustedes. Además, me tengo que emocionar más todavía al ver lo que ha hecho la Revolución en todo estos años en la educación, bajo la guía certera de quienes ustedes llaman, con razón, el pionero mayor».

Raúl, quien también anunció a los niños que el próximo 2 de diciembre habrá un desfile en la Plaza de la Revolución, donde incluso se mostrarán nuevas técnicas para la defensa desarrolladas en Cuba, y que unos días antes habrá una ceremonia similar en Santiago de Cuba, por el 30 de noviembre, también les aseguró a los pequeños que sus palabras no eran una conclusión del evento, pues se había decidido que esa tarea le correspondiera a la compañera Lázara Mercedes López Acea, miembro del Secretariado del Comité Central, que entre sus funciones tiene atender la educación.

«Porque queremos que aunque haya siempre un dirigente principal, haya otro dirigente que hable en estas actividades, dijo. «Desde luego —aclara— discursos largos solo los del Comandante en Jefe, que es quien tiene bastante que decir».

Raúl, en empatía total con los pequeños les preguntaba si no habían oído hablar del libro Cien horas con Fidel, del periodista español Ignacio Ramonet, y a la respuesta en coro de ellos les aseguraba: «Es un libro que ‘agarra’. Hasta a mí, que he vivido esta historia desde que tenía uso de razón, me han sorprendido muchas cosas.

«Y creo que lo más importante es que a cada uno se le va a entregar el suyo. Es más —concluyó— eso no es lo más importante. Lo más importante es que este libro se lo manda a cada uno de ustedes el compañero Fidel».

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