Fidel jugó la primera partida

La Olimpiada de Ajedrez de La Habana, celebrada en 1966, clasifica entre las tres mejores de la historia, junto a la de Niza’74 y Dubai’86

Autor:

Juventud Rebelde

El 19 de noviembre de 1966 se celebró en la Plaza de la Revolución la sesión gigante de simultáneas (6 840 tableros) que por 35 años fue la más grande del planeta. El Comandante en Jefe rivalizó en la fila presidencial con el campeón del mundo, Tigran Petrosian. En la foto, a la derecha, Armando Hart Tanto fue su brillo, que todavía los más experimentados consideran que la Olimpiada de Ajedrez de La Habana, celebrada en 1966, clasifica entre las tres mejores de la historia, junto a la de Niza’74 y Dubai’86.

Nuestra Olimpiada, que fue la XVII, había sido inaugurada el 25 de octubre en la Ciudad Deportiva, con un bello espectáculo que incluyó el ballet que reprodujo una partida entre Lasker y Capablanca. De regreso al hotel Habana Libre, donde se hospedaban, la mayoría de los ajedrecistas pasaron por el Salón de los Embajadores, escenario de la lucha escaqueada a partir del día siguiente. Para sorpresa de los presentes, llega Fidel Castro Ruz, quien preside el Comité de Honor del magno evento. Departe animadamente con muchos y, de pronto, coincide frente a él uno de los integrantes del equipo de México, Filiberto Terrazas.

Acompañaba al Comandante en Jefe el AI José Luis Barreras, director general de la Olimpiada, quien hace la presentación. Conversan sobre el desarrollo del ajedrez mexicano, sobre Martí y su cariño hacia México, sobre libros (el abogado y profesor Terrazas es autor de uno sobre antropología de la cultura maya), y en un momento de la charla Fidel lo convida a disputar una partida. Se sientan ante una de las mesas dispuestas para la cercana competencia.

Fidel con blancas avanza su peón del rey y Terrazas plantea la Defensa Francesa. Los maestros rodean la mesa. Petrosian comienza a indicarle jugadas a Fidel y Fischer a Terrazas. La partida se transforma en una de consulta, en la que Fidel Castro-Tigran Petrosian, conducen las piezas blancas y FilibertoTerrazas-Robert Fischer, las piezas negras.

Concluye con la victoria de las blancas. Fidel rápidamente coloca de nuevo las piezas y le dice a Terrazas: «Ahora vamos a jugar tú y yo solos». Así lo hacen. Al concluir la partida, con la victoria de Fidel, la prensa pregunta a Terrazas si recuerda las movidas y, de memoria, la dictó al GM norteamericano Robert Byrne, para el diario The New York Time.

Esta es la histórica partida:

Blancas: Filiberto Terrazas-Negras: Fidel Castro Ruz

Gambito de Rey Aceptado

1.e4 e5 2.f4 exf4 3.Cf3 Ad6 4.d4 h6 5.e5 Ab4+ 6.c3 Aa5 7.Axf4 g5 8.Ag3 De7 9.Ae2 d6 10.exd6 cxd6 11.Da4+ Cc6 12.d5 Ad8 13.dxc6 b5 14.Dxb5 a6 15.Da4 g4 16.c7+ Ad7 17.cxd8:D+ Txd8 18.Dd4 gxf3 19.Dxh8 Dxe2 ++ (Jaque mate)

En La Habana declaró Terrazas ser amigo personal de Lázaro Cárdenas, y sobre sus partidas con Fidel expuso que tiene un estilo de juego muy agresivo, muy emotivo, temperamental, y enfatizó: «Posee una gran imaginación. Debía escribir. Estoy seguro de que sería un gran escritor. Conozco el discurso que pronunció como autodefensa en 1953. Es una gran pieza jurídica».

COMIENZA LA LUCHA ESCAQUEADA

El 25 de octubre comenzó la lucha en el Salón de los Embajadores del hotel Habana Libre, utilizando unas mesas especialmente diseñadas para la cita, con tableros de mármol y juegos tipo Staunton. Los 52 equipos participantes —cifra récord— fueron divididos en siete grupos eliminatorios. La mayor explosión de júbilo en la siempre repleta sede —y en todo el país— ocurrió en la última ronda de esta fase, cuando el campeón nacional Rogelio Ortega derrotó al belga Josef Boey...

Sucede que con ese triunfo Cuba se clasificó para el Grupo A, lo cual solo había ocurrido en el debut, Buenos Aires’39, con un equipo encabezado por Capablanca. El favorito para escoltar a Hungría en ese grupo era Holanda, pero su principal figura, el GM Heinz Donner, no pudo hacer el viaje, y el equipo cubano ciertamente se lució.

Recuerdo que nuestro equipo estuvo integrado, en orden de tableros, por MI Eleazar Jiménez, MN Rogelio Ortega, MN Eldis Cobo, MN Jesús Rodríguez, MN Silvino García y MN Hugo Santa Cruz, con Francisco Plazas como capitán.

La Final A resultó muy fuerte para nuestra selección y quedó en el lugar 14 (el último), pero ya la hazaña estaba realizada. La Copa Hamilton Russell fue, por octava vez, para la URSS, con este equipo de ensueño: Tigran Petrosian, Boris Spasski, Mijail Tal, Leonid Stein, Víctor Korchnoi y Lev Polugaevski.

Los soviéticos sacaron cinco puntos de ventaja (39,5 por 34,5) a los norteamericanos, encabezados por Robert Fischer. El bronce fue para Hungría, pese a haber empatado a 33,5 con Yugoslavia. Cuba totalizó 12 puntos. Perdió los 13 matches, pero nadie pudo batirle por 4-0.

EL 19 DE NOVIEMBRE

Petrosian le indica jugadas a Fidel en la improvisada partida que sostuvieron contra Fischer y Terrazas en la noche del 25 de octubre de 1966

Al finalizar la partida Johannsson-Ivkov, en la que el GM yugoslavo luchaba por la victoria que colocaría a su país en bronce, pero tuvo que conformarse con el empate, los maestros estaban listos para la sesión de simultáneas en la Plaza de la Revolución (6 840 tableros), que por 35 años fue la más grande del planeta.

El Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, rivalizó en la fila presidencial con el campeón del mundo, Tigran Petrosian. La partida causó sensación, Najdorf y otros Grandes Maestros estuvieron muy pendientes. Concluyó en tablas. Pero aún faltaba otra...

DE PIE Y SOSTENIENDO EL TABLERO

Hasta el último de sus días el Árbitro Internacional José Luis Barreras (falleció el 30 de julio de 2005) analizaba partidas en un tablero de madera, no de tamaño normal ni tan pequeño como para llamarle «de bolsillo», y que le era muy eficaz en sus últimos años ante el temblor de sus manos, porque cada casilla contaba con un orificio para ajustar las piezas plásticas.

Le pregunté una vez que dónde y cómo había obtenido tan curioso juego de ajedrez, y aunque tenía dificultad para hablar en su década final, me respondió muy claro: «Me lo regaló Fidel».

Resulta que Joaquín Camarena, de México, le había obsequiado aquel juego al Comandante en Jefe luego del acto clausura de la Olimpiada, el propio 20 de noviembre de 1966, y en medio del Salón de los Embajadores del hotel Habana Libre cobró vida una original partida, de la cual sabemos por el siguiente testimonio de Barreras:

«Blancas: Joaquín Camarena-Negras: Fidel Castro Ruz

1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Cc3 Cf6 4.d4 Ab4 5.Ac4 d6

Con el tablero sujetado con la mano izquierda de cada uno de los rivales, en posición de pie en medio del Salón de Embajadores, se jugó esta partida. Justamente en el momento de tomar el peón dama para llevarlo a la casilla 3 Dama, se produjo una foto que ha sido muy divulgada.

6.0-0 0-0 7.Te1 Cxd4 8.Cxd4 exd4 9.Dxd4 Ac5 10.Dd1 Ag4 11.Ae2

Camarena realizó esta jugada al tiempo que ofrecía tablas a Fidel, quién las aceptó sin reparos. Lo cierto es que ambos contrincantes no se podían mover, presionados por un público curioso y entusiasmado ante aquella batalla. Sin dudas fue la mejor partida jugada por Fidel en la Olimpiada».

Hasta ahí la narración de Barreras sobre la carismática partida. Según me contó, Fidel le regaló allí mismo el curioso juego, que conservó siempre y al que tanto uso le dio.

«LA IDEA DE CAPABLANCA...»

Del encuentro de Fidel con los ajedrecistas y la prensa, luego del acto de clausura, tomo parte del testimonio de Eddy Martin, publicado en Juventud Rebelde el 21 de noviembre de 1966, con el título El ajedrez enseña al individuo a resolver sus problemas:

«Luego de comentar que había estado estudiando a Capablanca, añadió Fidel: “Creo que la idea de Capablanca de que el ajedrez se dé en las escuelas como asignatura es una gran idea. Hay ciertos aspectos muy importantes en el ajedrez, como son: analizar, reflexionar y ejercitar la mente. Hay incluso un aspecto moral, porque al revés de los juegos de azar, que hacen esperar siempre por la suerte, el ajedrez enseña al individuo a resolver sus propios problemas sin esperar nada del azar.

“De esta Olimpiada —expuso Fidel— vamos a recoger muy buenos resultados, pues el entusiasmo ha crecido enormemente. Vamos a tener que hacer miles de tableros y juegos porque la demanda va a aumentar considerablemente. No sé, quizá tengamos que hacerlos de plástico o algún otro material”».

Eddy Martin también alude a la singular partida del líder cubano con Camarena, y a la ovación que recibió por parte de los ajedrecistas al retirarse.

Entre los hechos históricos de la Olimpiada de La Habana (el espacio me ha impedido abordarlos todos) está el de que la primera y la última partidas, justo los días de inauguración y clausura, fueron jugadas por Fidel.

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