Fidel previó el renacimiento de América Latina

Gianni Miná conversa con JR sobre algunos de los temas debatidos en el Coloquio convocado por la Fundación Guayasamín en homenaje a Fidel

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Gianni Miná edita la revista Latinoamérica y todos los Sur del mundo, escribe y hace documentales de los que es productor porque «es el único modo de no tener ningún tipo de atadura». En febrero una editora de Berlín publicará una reseña de sus documentales sobre Cuba donde estarán las dos entrevistas que ha hecho a Fidel y materiales sobre el Che y la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla, entre otros. Foto: Jorge Luis Baños, AIN Escucharlo siempre ilustra. Se queja de un hablar italo-español que, sin embargo, es perfectamente entendible y se desborda en ese estilo desenfadado con el cual ha conmovido y hecho pensar en el Coloquio sobre Fidel, tanto como las concepciones vertidas por intelectuales de un decir teórico más críptico. Siempre vale la pena escuchar a Gianni Miná.

Es una de las cuatro personalidades del mundo que han tenido la posibilidad de sostener largas entrevistas con el líder cubano, que fueron convertidas luego en libros conocidos en todo el planeta. Son textos que, dada la profundidad de las reflexiones del estadista, su inmensa personalidad e inapresable trayectoria, serán siempre indispensables materiales de consulta.

Uno de ellos, Un encuentro con Fidel, nació de la primera larga cita de Gianni Miná con el Comandante en Jefe en 1987. Luego volvería a entrevistarlo en 1990. A este se suman las obras de Frei Betto (Fidel y la religión), Tomás Borge (Un grano de maíz) y la que Miná llama «obra monumental» de Ignacio Ramonet, que hoy circula por la Isla y decenas de países.

Modesto, asume solamente: «Tenemos una riqueza; algo que servirá a quienes vendrán detrás de nosotros».

Alguien lo ha calificado como «el italiano que más conoce de América Latina». Casi 30 años después de lo que debió ser su descubrimiento de la personalidad que durante estos tres días ha concitado las reflexiones de cientos de pensadores y activistas políticos y sociales, y cuando los cambios se asoman a esta región, Gianni Miná considera a Fidel un verdadero intelectual que previó lo que el periodista y escritor denomina «el renacimiento del continente americano». Y le reconoce: «Tuvo fe cuando algunos de nosotros no la tuvimos».

—Usted ha reconocido la influencia de Cuba en lo que llama «la reapropiación de la conciencia colectiva». ¿Qué podemos entender por ese concepto?

—La reapropiación de la conciencia colectiva es afirmar que todos tenemos derecho a la vida, a una existencia digna; que el mundo es de todos y no de alguien en particular, y que hay que luchar por los derechos de quienes nunca los disfrutaron, y aún peor: nunca fueron educados para comprender y pretender sus derechos.

«Cuba lo hizo de inmediato con la Revolución, y a pesar de cualquier contradicción, ahora se ve cuán importante ha sido Cuba para la llegada de estos nuevos tiempos que soplan en América Latina.

«Pasaron 50 años, eso provoca melancolía, pero al fin se pudo. Creo que esto es verdaderamente un logro importantísimo. Cuando escuché, hace unos días, que en Ecuador había ganado Rafael Correa (el aspirante de la izquierda) me di cuenta de que esta es una ola indetenible. Esperemos que dure, porque el adversario también cree que el mundo es un mercado y que el mercado es como hablar de Dios; y no aceptará esto así, tranquilamente.

«Desde el punto de vista económico, ya el hecho de que el Tratado de Libre Comercio no fuese aceptado por la mayoría de las naciones latinoamericanas, es una señal no propiamente aceptable para las transnacionales no solo norteamericanas, sino para muchas europeas».

—Usted ha suscrito criterios vertidos aquí acerca de que Europa, en este sentido, está a la zaga. «En Europa se perdió la batalla», se ha afirmado en este foro. ¿Es una alusión a la izquierda como sujeto político, o a los intelectuales de izquierda?

—A los dos. La izquierda como proyecto político vive en Europa su mayor crisis. Hay falta de orgullo, en algunos casos, de dignidad... De cómo borrar su pasado, como si no existiera la lucha de los inicios de 1900: las batallas de los obreros, de los trabajadores del campo y de la ciudad.

«La economía de hoy es la expresión de ciertos sectores que quieren ser los dueños del mundo, pero no lo son. Ningún dios decidió un día que quien nace en Italia puede vivir, y quien nace en Burkina Faso tiene que morir: son las leyes de la economía, y la economía la hacen los hombres. Evidentemente, es equivocada la ley actual, la que le gusta al Fondo Monetario y al Banco Mundial, entes que hace años procuran solo desgracia y dolor a la gente. ¿Por qué alguien les cree? Si no se pueden cambiar las leyes actuales de la economía, significa que la economía aceptó ser criminal».

—Pero...

—En Europa, todo esto no se contesta con el debido rigor. Los intelectuales mismos se retiraron a su torre... Viven bien en una sociedad que es conveniente, y aceptan ciertas leyes que casi desmienten años y años de luchas sociales. No es posible que nuestros hijos tengan que vivir toda la vida de modo precario; no pueden planificar un matrimonio y tener hijos porque, al contrario de los de mi generación, nadie sabe si tendrá un trabajo seguro ni por cuánto tiempo. Si la economía dice esto, la economía es criminal.

—¿Cree que es el resultado del apego de los gobiernos de la Unión Europea a los dictados de Estados Unidos, o hay otros factores?

—Es el dictado de las transnacionales, y no son solo norteamericanas; también son francesas, italianas, alemanas, españolas. No debemos quitarnos una responsabilidad que también tenemos. Nuestra «buena vida» pasa sobre las cabezas de muchas personas hasta de nuestro mundo, en el Norte.

«La economía pretende esto, y especialmente las finanzas especulativas, que mandan a los gobiernos. Bush solamente es un títere manejado por la industria de la guerra, por la industria de la energía, por muchas trasnacionales que hacen de algún modo que gane Bush, porque quieren que se haga una política económica de determinado tipo.

«El problema que hay ahora es la falta de una política de rango: solamente hay empleados que satisfacen lo que le demandan las finanzas especulativas. Es increíble: se murió hasta la política».

—Usted da prioridad a la información sobre la cultura como concepto general en la formación de la identidad...

—Sí. Creo que si las personas tienen una información más honesta, tienen la posibilidad de incrementar su cultura. Si la información es equívoca y venenosa, su cultura no se enriquece, porque está basada en cimientos falsos. Este es el problema que tenemos, porque la industria de la comunicación ya no está en manos de editores puros, de gente que haya escogido el trabajo de publicar para que la gente sepa; son businessman con otros intereses económicos, y compran o crean una industria de comunicación que le sirva como empuje de su business. No les importa la ética ni la veracidad de esas «noticias». La noticia tiene que ayudarlos en su especulación industrial y económica. Y claro que con esta realidad, hablar de comunicación o de prensa libre es un chiste absolutamente cómico.

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