Imágenes de un hombre de fuego

Donan a la Casa Natal del Héroe de Yaguajay cientos de fotos, la mayoría inéditas, de la familia Cienfuegos Gorriarán Hoy, Acto Central por aniversario 75 del natalicio de Camilo Cienfuegos

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Con sus padres, hermanos y una tía materna Cientos de valiosas fotografías de la familia Cienfuegos Gorriarán, casi todas inéditas, fueron donadas recientemente al Museo Casa Natal de Camilo, ahora en reparación, por María Caridad Medina Santos, viuda de Humberto, uno de los hermanos del héroe.

María Caridad argumentó: «Nunca olvidaré que el viejo Ramón, sonriendo, decía que Emilia y él habían aportado a la Isla el ejemplo viviente de la principal consigna de la juventud cubana: Estudio, con Osmany, arquitecto; Trabajo, con Humberto, obrero del transporte; y Fusil, con Camilo, a quien Fidel y el Che consideraron siempre como el más brillante guerrillero.

El héroe rodeado del pueblo. «Como esposa de Humberto, tuve ese privilegio de tenerlos cerca, vivir en la última casa que habitaron sus padres y guardar mucho tiempo fotos entrañables de la historia».

Una de las fotos, es la de un encuentro memorable: al parecer en la oficina de Camilo como Jefe del Ejército, en el campamento de Columbia, donde aparecen sus padres, con una tía materna venida del extranjero y los tres hermanos juntos. En el buró hay un cartel muy visible que dice: «Hable en voz baja»; un busto de Mella parece mirar la escena en que Ramón va a estrechar la mano al jefe guerrillero, y llama la atención que el héroe tiene puesta una camisa con los grados de capitán, tal vez de Osmany, muestra inequívoca de su forma de ser.

Hay también varias imágenes de Camilo en la edición especial del periódico Revolución del lunes 16 de noviembre de 1959, donde se ve con una gorra que exhibe los grados de subteniente, echada hacia atrás, firmando autógrafos.

Lanza la primera bola en Cienfuegos. Los hechos probaron que esas muestras de humor no deben confundirse con ligereza de carácter. Cuando Fidel lo nombró Comandante, él le respondió por escrito: «primero dejaré de respirar que dejar de ser fiel a su confianza».

El 26 de octubre de 1959, en su significativo discurso desde el antiguo Palacio Presidencial, expresaría: «Hay un pueblo entero dispuesto a morir si es necesario, por no vivir de rodillas».

Acaso recordaría, al decirlo, cuando fue herido en las montañas, en la batalla de Pino del Agua. Un plomo enemigo le atravesó el abdomen que afortunadamente no le interesó ningún órgano vital, porque fue desviado por una costilla. Otra bala le atravesó el muslo y algunos fragmentos de metralla le produjeron heridas en la frente y en la mano derecha.

Sus compañeros, rápidamente, improvisaron una camilla, y se dispusieron a sacarlo del lugar de la acción. Pero junto a él otro soldado rebelde también había caído herido y Camilo pidió que atendieran a este con preferencia. Al ver que su orden no era cumplida, se irguió y gritó a los que le rodeaban: «¡O lo cargan ustedes, o lo cargo yo!». ¡Así fue Camilo siempre!

FOTOS ESCOLARES DE CAMILO

El niño Camilo señalado por la flecha Hay que ver las fotos del niño Camilo cuando tenía seis o siete años, en unión de sus compañeritos de escuela.

La cara del muchachito que con el tiempo se convertiría —no obstante su corta vida— en «un fuego multiplicado por cien», según comentara uno de sus maestros, dice más de su corazoncito que mil palabras. No había que ser psicólogo, ni mucho menos profeta, para comprenderlo.

La expresión del rostro del alumno Camilo, de pelo rubio y lacio cayéndole sobre su frente, habla de la ternura y los sentimientos de un cubanito hijo de españoles de pocos recursos, pero de inmensas virtudes. En verdad pudiera decirse que a juzgar por esta foto, la infancia de Camilo fue como la de tantos niños pobres de aquella época.

«Camilo niño tenía, con frecuencia, una sonrisa tan ingenua que parecía no significar nada, pero lo decía todo», declaró un día a la prensa uno de sus profesores, el doctor Alberto Maitín Chaple, poco después de la desaparición del héroe.

«Era un niño muy callado, introvertido, casi tímido, incluso cuando cursaba los grados quinto y sexto, durante los años 1945 y 1946, en la Escuela Pública 105 Félix Ernesto Alpízar, de Dolores casi esquina a 16, en su barriada natal de Lawton, cuando tenía diez u 11 años», comentó el maestro.

Es posible que su imagen y su vida misma estuvieran llenas de rasgos que permitieran entonces pronosticar su grandeza futura, su extraordinaria capacidad de sacrificio y devoción, su espíritu inquieto y rebelde, su honestidad y su valor.

Antes de pelarse, hojea la popular revista. Pero realmente no había por allí adivinos que se fijaran en el destino infeliz de cualquier alumno de escuela pública, de primero o segundo grados.

Camilo era ajeno a cualquier discriminación. Una de sus fotografías escolares deja claro que acompañaban al niño Camilo en la citada Escuela 20, más de 50 muchachitos, 25 varones y 29 hembras, entre ellos diez de piel negra. Dos décadas más tarde pondría a su columna invasora el nombre de un ilustre patriota negro.

El héroe sintió por los niños una especial predilección. Hay testimonios gráficos que evidencian su visita a distintas escuelas primarias: una del municipio capitalino de La Lisa, donde los alumnos lo recibieron con banderitas cubanas en alto; otra de una localidad habanera donde carga a una niñita en medio de un festival popular; y la Escuela Pública No. 20, en Nueva York, Estados Unidos, donde se ve ataviado con un abrigo, su barba negra copiosa, su sombrero alón y su sincera y limpia sonrisa.

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