Asalto a la historia

Autor:

Juventud Rebelde

El grupo que asaltó el Palacio Presidencial para ajusticiar al tirano Fulgencio Batista estaba formado por 50 hombres. Desde el día diez estaban acuartelados clandestinamente en dos apartamentos del Vedado, ubicados en las calles 21 y 24.

El plan se basaba en la sorpresa. Tenían conocimiento del escenario, pues habían conseguido algunos planos del lugar. Salieron cerca de las tres de la tarde rumbo a Palacio y se usaron dos carros y un camión rojo que había sido de una tintorería.

Mientras, otro grupo de compañeros, encabezados por José Antonio, se encaminó a Radio Reloj. Él quería ir a Palacio, porque pensaba que allí había más peligro. Pero sus compañeros lo convencieron de que la alocución al pueblo debía ser escuchada en su voz, pues era el más conocido.

Al llegar al Palacio, el primer carro entró rápido y comenzó a disparar; aunque la guardia también contestó inmediatamente, funcionó la sorpresa. Mientras, al camión se le atraviesa un ómnibus de la ruta 14, y por ello tienen más dificultades para entrar en acción.

El regimiento de Palacio estaba integrado por unos 300 soldados, y los lugares más difíciles eran la planta baja y la azotea. Un grupo debía subir por la escalera lateral hasta la oficina del tirano. Otro entraría hacia la escalinata central, allí unos tomarían a la derecha, y otros a la izquierda.

El objetivo era tomar Palacio y luego salir a las calles, lograr un levantamiento popular. Y por supuesto, matar al tirano en su propia madriguera. Mientras, José Antonio, en su alocución a través de Radio Reloj, debía conminar al pueblo a ir a la Universidad, donde tenían más armas.

En la acción y durante la cacería que ocurrió en los días siguientes cayeron 30 combatientes, entre ellos, algunos de sus principales líderes, como José Antonio Echeverría, Menelao Mora y Carlos Gutiérrez Menoyo.

La dictadura nunca celebró el juicio por los sucesos del 13 de Marzo. No tenían prisioneros y además temían repetir la experiencia del juicio por el ataque al Moncada, que se convirtió en una tribuna que estremeció la conciencia nacional.

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