Uno que sabe por tres

En el año 2001 se iniciaron las transformaciones de la educación primaria. Se habla de que los alumnos aprendan tres veces más, pero ¿es esto posible y medible?

Autor:

Margarita Barrios

Foto: Franklin Reyes Cuando Claudia llegó al primer grado no pudo contener su asombro ante aquellas máquinas para ella desconocidas: las computadoras, con todos sus misterios y encantos. Una joven maestra guiaba sus primeros pasos, y las pequeñas manitas poco a poco vencieron el miedo a dominar el mouse, y se hicieron diestras en el teclado.

Hoy, Claudia espera con ansias su visita al laboratorio de computación, donde atractivos software educativos le permiten descubrir un infinito mundo de conocimientos. Esa realidad se multiplica en cada pionero de las 9 046 escuelas primarias del país, algunas con un solo alumno.

Naida Abreu. Foto: Franklin Reyes En el municipio capitalino de Plaza, en la escuela primaria Ejército Rebelde, la joven Naida Abreu se empeña día a día para que sus alumnos dominen esa novedosa tecnología. Allí cuentan con un laboratorio con cinco máquinas. La matrícula es de 310 alumnos, por lo que es necesario organizar muy bien los turnos para que todos puedan cumplir con las dos horas de tiempo de máquina fijadas en el mes.

«Las clases se organizan en semigrupos de 15 a 20 alumnos, y se sientan dos o tres en una máquina. También pueden venir en el horario del recreo y del almuerzo, y los que están en el seminternado por las tardes. Claro, si el niño juega cartas no se beneficia en nada; si está haciendo una tarea, sí».

Naida es una de las jóvenes que se formó de manera emergente como maestra de Computación. Quería estudiar Microbiología, pero para eso necesitaba un promedio muy alto. «Estaba becada en un preuniversitario en Güira de Melena cuando llegó la convocatoria para estudiar Computación. Entré a esa escuela y le fui cogiendo el gusto, gracias a la buena preparación que tuve. Luego pasé un mes de práctica y empecé a trabajar aquí. Hoy estoy estudiando Informática en la universidad».

—¿Cómo tomaron los otros profesores la llegada de la computación a la escuela?

—Hubo muchos a los que les asustó bastante en los inicios. Todavía algunos le tienen su respeto. Pero este es un medio de enseñanza muy avanzado que permite adquirir muchos conocimientos, y es una forma más práctica para que el niño aprenda.

«Los software a veces no responden a todas las necesidades del maestro, pero sí ayudan mucho con las asignaturas básicas: Matemática, Lengua Española y Ciencias Naturales, que es una de las más favorecidas, porque hay un material que abarca casi todo el contenido que recibe el niño en quinto y sexto grados. Ese mismo sirve también para los más pequeños».

—¿Acuden los maestros al laboratorio a aprender?

—Cómo no. Aunque creo que debían venir más. Hay un tiempo establecido para que ellos practiquen, pero la realidad es que el maestro está muy ocupado y muchas veces no encuentra el espacio para sentarse ante la computadora.

ESCUELA FELIZ Y ORGANIZADA

En el año 2001 se inició el proceso de transformación de la educación primaria, que comenzó con la reparación de las escuelas, hasta la creación del número de aulas necesarias para cumplir la relación de un maestro por cada 20 niños.

Tomasa Romero. Foto: Calixto N. Llanes El nuevo modelo incluye la formación de docentes de manera emergente, la utilización de nuevas tecnologías y una nueva organización de la vida escolar. Tomasa Romero, viceministra de Educación, afirma que todo ello pretende elevar la calidad del aprendizaje, pero poniendo al niño como centro.

«Definimos los objetivos por grado y por niveles. Eso nos ha permitido decir que, con la relación de uno por 20, se conoce más al niño y a la familia. Y es entonces cuando logramos la primera y más profunda transformación: que cada maestro se convierta en educador de 20 niños y 20 familias».

Para la funcionaria, una escuela debe ser un lugar feliz, organizado e intencionado. «Hay que ver qué niño no hizo la tarea, y por qué la familia no contribuyó a eso. Un alumno, por ejemplo, puede tener problemas con el cálculo, pero la solución no es darle más cálculo, sino buscar las motivaciones del niño en el juego para lograr eso. Así llega a las clases más contento.

«No solo es importante la calidad del aprendizaje, sino que puedan aplicar todos los conocimientos a la vida. En la primaria el niño debe saber para qué tiene que multiplicar, y yo tengo que relacionárselo con las compras en la bodega, con sus propias actividades de la vida».

—¿Cómo concibe este nuevo modelo los ratos libres?

—Si el juego y la fantasía no están presentes, no es una escuela primaria. El recreo es el momento para divertirse, salir de un proceso de tensión por el aprendizaje, para regresar al aula en mejores condiciones.

«Hay que insertar más actividades lúdicas, además de merendar y de hacer sus necesidades fisiológicas, y siempre digo que esa combinación hay que buscarla intencionadamente. Se programaron dos frecuencias de ajedrez para ese horario, lo cual tiene como objetivo el desarrollo del pensamiento lógico.

«Puede haber un retablo de títeres para que el niño desarrolle el lenguaje a partir del cuento y también su creatividad, cuando invente sus propias historias.

«El almuerzo es muy importante. Los comedores de nuestras escuelas deben convertirse en lugares de aprendizaje para una futura visita a un restaurante. Y estamos hablando de fomentar buenos hábitos de alimentación, además del uso correcto de cubiertos y de aprender buenos modales.

«Para ello proponemos acondicionar una mesa de 20 plazas, y el día que al grupo le toque almorzar allí, el maestro debe estar. Esa comida especial puede estar acompañada de música instrumental. Es una manera de educar al niño para que a su vez nos ayude a educar a su familia, que en algunos casos no presta a ese tema la atención que lleva y en otros no puede, porque sus integrantes sufrieron carencias en su formación».

La viceministra insistió en la importancia de ampliar los conocimientos acerca de José Martí, para lo cual no es suficiente que esté incluido en el currículo escolar.

«Apreciar a Martí niño, que está más cercano a las edades de nuestros estudiantes, y además buscar espacios para que el alumno demuestre su creatividad: he ahí nuestros objetivos.

«Estamos proponiendo que en cada Consejo Popular exista un bosque martiano, donde se conozcan las plantas, qué sentido tienen; eso vincula al niño con Martí y la naturaleza. Será un lugar donde La Edad de Oro esté presente, donde se representen sus cuentos; un sitio de tertulia, de lectura, donde los fines de semana se puedan brindar opciones para la recreación sana».

—¿Cómo puede contribuir la escuela a la recreación sana?

—Debe partir de una idea expresada por Fidel, quien definió que cada escuela debía ser un palacio de pioneros. Y yo diría que para eso no se puede pensar solo en el orden curricular, hay que combinar el área de acampadas, la exposición de círculos de interés, rescatar el montaje de las tablas gimnásticas, que se han perdido, los encuentros deportivos... Eso puede extenderse a los fines de semana, y también a otros espacios de la comunidad, como el mismo bosque martiano.

«No creo que sea la época de decirles al maestro ni al niño lo que tienen que hacer. Este es el momento de enamorarlos para demostrarles, sin que lo sepan, que están haciendo lo que haría Martí. En ese sentido se está trabajando. ¿Decirte que está logrado? No. ¿Decirte que el ciento por ciento de las escuelas tiene claridad de estas ideas, de que es el modelo de transformación de la enseñanza primaria? No.»

—¿Cómo debe llegar un estudiante a la secundaria básica?

—Tiene que saber leer y escribir correctamente, sin errores ortográficos, tener conocimientos de geometría y aritmética, y conocer la figura de Martí y de nuestros próceres.

«El niño debe pasar a la secundaria en igualdad de posibilidades para escoger la especialidad o profesión que desee. Ese es un reto fuerte, y no creo que a lo largo de estos cinco años hayamos alcanzado la calidad que buscamos».

—La figura del director de escuela resulta clave para introducir los cambios...

—Si logramos un director que asuma el modelo de escuela primaria no como la sumatoria de todos los recursos y posibilidades que la Revolución pone en sus manos, sino que sepa integrarlos, vamos a lograr el objetivo.

«Un director debe tener dominio absoluto de los contenidos que define el modelo: jugar ajedrez, saber inglés —al menos lo básico—, tener claridad de la importancia del juego. Por tanto, estamos apuntando a formar directores de excelencia.

«Iniciamos una experiencia en Santiago de Cuba que ya se generalizó: una escuela para directores de primarias».

—Los docentes se quejan de que no disponen de tiempo para ver todos los materiales audiovisuales; y los niños, de falta de variedad en las propuestas.

—En ambos casos puede que tengan razón. Sin embargo, realizamos un estudio a nivel nacional, y de los 200 títulos de videos que tenemos, solo se utiliza el siete por ciento.

«En cada escuela hay un asesor del programa audiovisual que se encarga de buscar los materiales. Previamente debe haber una reunión para hacer las peticiones. Eso no sucede en todos los casos. Él trae un número de películas, y el pobre maestro tiene que mirar todo eso para saber lo que hay ahí. Es decir, un hombre que se ha puesto en el proceso para facilitarle la vida al docente, no cumple su cometido.

«En la medida en que se perfeccione el trabajo de todos, lograremos ayudar más al maestro. Una escuela que tenga profesores de Educación Física, bibliotecarias, asistentas educativas que reciban al niño cuando llega y además lo atiendan en el almuerzo y el recreo, permite al docente tener un tiempo para el descanso, incluso de la voz».

—Hay muchas quejas de la familia en relación con la semana de receso docente...

—Ahí hay otra deficiencia. Esos son tres momentos de descanso intelectual que necesita el niño a lo largo del curso. Pero son mal atendidos por la escuela. Hemos habituado al padre a que son vacaciones, cuando en realidad esas semanas deben sustentar los procesos de transformación: círculos de interés, movimiento de exploradores, equipos deportivos. Ese es el período donde usted puede evaluar en toda su integralidad el nivel que ha alcanzado el alumno.

«Este proceso se organiza en los Consejos de la Administración y requiere de recursos: los docentes puestos en función de los niños, todas las asistentes, todo el personal, elaborar un programa serio que incluya visitas al museo, la excursión, actividades vinculadas a la historia de la localidad, todo lo que no pueden hacer en tiempo de clases.

«La escuela debe efectuar una reunión de padres antes de la semana de receso, para explicarles qué va a suceder y que ellos aporten ideas. Cuando termine, deben hacer otro encuentro y recoger las opiniones de la familia.

«Hay padres que desean el receso, pero otros lo cuestionan. Cuando se creen las condiciones para que el niño esté cuidado y aprendiendo, estos cambiarán de opinión. Mi preocupación es cómo lograr esa transformación, y que sea sistemática».

COMPROBACIONES NECESARIAS

Arturo Gayle. Foto: Roberto Morejón El Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP) es el encargado de comprobar, con métodos científicos, si los nuevos programas surten o no efecto. Se habla de que los alumnos aprendan tres veces más, pero ¿es esto medible? En busca de respuestas JR conversó con el doctor Arturo Gayle Morejón, investigador agregado y jefe del grupo de Educación Primaria y atención a la diversidad de ese centro.

«Para conocer si un estudiante aprende más, podemos contrastar el porcentaje de respuestas correctas que haya alcanzado un alumno o un conjunto de ellos en una comprobación determinada.

«De esa manera se puede ir calculando la tasa de avance con respecto al dominio del objetivo del currículo, todo depende de la concepción con que se elabore el instrumento.

«En los últimos tiempos hemos estado moviéndonos de la teoría del test a la de respuesta ítems, que supera a la clásica porque ofrece muchos más elementos a los investigadores.

«Con este instrumento los docentes pueden saber los posibles errores que comete el alumno en el proceso de aprendizaje y construcción de procedimientos, y las equivocaciones que pueden tener los docentes, sean algorísticos o no.

«La teoría de la respuesta al ítems permite analizar la construcción de los instrumentos, sobre qué criterios se elaboran. Hemos utilizado la concepción de pruebas con bloques incompletos balanceados. Esto significa que se escogen dos tópicos en los cuales se profundiza, y se emplean alrededor de 15 preguntas. Con ello se puede indagar acerca del dominio que tienen los estudiantes sobre un aspecto específico: la numeración, la geometría, los seres vivos... en dependencia de los objetivos que tenga la medición.

«Una de las variantes que empleamos son las preguntas que se construyen al menos con cuatro posibles respuestas, de las cuales una es la correcta, y las otras tres son alternativas que no llegan a ser completamente ciertas.

«Eso permite a los investigadores y docentes determinar cuáles son los errores que se están cometiendo en el proceso de apropiación de conocimientos por parte del alumno. Este análisis permite organizar el sistema de preparación metodológica que se está haciendo con los docentes».

—¿Tienen ustedes algún resultado concreto?

—Estamos realizando un proyecto en el Consejo Popular Cayo Hueso, denominado Proyecto Arco, Aprendizaje para todos. Hicimos una medición el año pasado, con una muestra de alumnos de segundo, cuarto y sexto grados.

«En segundo grado utilizamos las pruebas paralelas, es decir forma A y forma B, con solo 15 preguntas, pues eran alumnos muy pequeños. En cuarto y sexto utilizamos bloques incompletos balanceados, con 30 preguntas en Lengua Española, incluyendo escritura, y 30 en Matemática.

«Después de hacer la medición y revisar las pruebas —en lo que participaron también los docentes del Consejo Popular—, digitamos toda la información, hicimos la tabla de salida y esos resultados los discutimos con la estructura del municipio. Luego hicimos un taller de reflexión con los directores y contrastamos su visión y el resultado que esperaban, con el que realmente alcanzaron los alumnos.

«Sobre la base de este trabajo iniciamos un proceso de evolución de los resultados en los docentes, con el mismo procedimiento, con el cual sabemos qué esperaban alcanzar ellos y qué alcanzaron los estudiantes. Esos ejercicios han sido introducidos en el sistema de preparación de los maestros, a los que hemos estado siguiendo en el desarrollo de su actividad pedagógica.

«Hemos participado sistemáticamente en la preparación que ellos tienen una vez a la semana, con énfasis en los maestros de tercero y quinto, porque en mayo de este año vamos a medir, con pruebas similares, a aquellos alumnos que estaban en segundo y ahora están en tercero, y a los que estaban en cuarto y ahora están en quinto, para poder evaluar la tasa de avance, y contrastar si los procedimientos que hemos empleado en la preparación de los maestros surten el efecto deseado.

«Un ejemplo sencillo lo alcanzamos en el proyecto que estamos realizando en Ciudad Escolar Libertad. Allí identificamos que los alumnos tenían determinados problemas en la numeración, y un grupo de investigadores, de conjunto con los maestros, diseñamos un sistema de tareas para introducir en las clases. Más tarde observamos un conjunto de clases con ese sistema de tareas, y dos meses después hicimos una medición, con diez preguntas dirigidas solo a la numeración. Dos de ellas se habían utilizado en la prueba del año anterior, y evidentemente pudimos comparar que en todos los grados el dominio que tienen los alumnos en este momento es superior».

—¿Entonces es cierto que con los nuevos programas los alumnos aprenden tres veces más?

—Con las condiciones que tiene hoy la escuela primaria, si se trabaja sistemáticamente, es posible lograrlo. En ambos proyectos le he puesto ejemplos que nos evidencian que se experimenta esa tasa de avance de los alumnos en su aprendizaje. Esa es la referencia que tenemos.

—¿No constituye una limitación para la puesta en práctica de los programas la gran cantidad de maestros sin experiencia?

—Para nadie es un secreto que tener un ejército de maestros emergentes en la escuela primaria puede tener algún impacto negativo en el proceso de aprendizaje, pero sucede que la inmensa mayoría de esos nuevos docentes tienen una peculiaridad: el progreso que alcanzan en sus habilidades pedagógicas es más rápido que en los maestros experimentados.

«Esto se debe a que son más abiertos al trabajo y más susceptibles a las transformaciones. Lo hemos comprobado en investigaciones. ¿Significa que ya alcanzamos el resultado deseado? Todavía no. Pero los avances son crecientes.

«Cuba viene dando pasos en un sistema de evaluación de la calidad que tiene un montaje nacional, provincial y municipal, el cual permite medir trimestralmente el sistema de clases y los controles que se hacen a los alumnos.

«Combinando las fuerzas de la escuela con los metodólogos, la micro universidad y los investigadores, en los próximos años vamos a alcanzar los resultados que esperamos de acuerdo con la inversión material que ha hecho el país.

«La computación, el video y la televisión tienen un impacto indudable, que llevan a una nueva actitud del docente ante el proceso educativo. El maestro ya no es la fuente de información fundamental del estudiante, es el conductor que va guiando al alumno hacia donde encontrar esa información.

«Ese proceso debe iniciarse en la educación primaria y debe consolidarse en la secundaria básica, para que cuando el muchacho llegue al preuniversitario sea independiente.

«Tengo la certeza de que lo que se ha implementado de cara al nuevo modelo: el horario único, la introducción de la Lengua inglesa y del ajedrez, el rescate del trabajo metodológico, amén de las nuevas tecnologías, va rindiendo sus frutos».

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