Fauna extinta: Huellas de la «civilización»

En Cuba, después del año 1492 hemos sufrido cuatro veces la insalvable pérdida de especies

Autor:

Juventud Rebelde

Para que una especie se considere extinta, definen los estudiosos, han de pasar al menos 50 años del último avistamiento. Tienen que morir sus individuos hasta que sea imposible recuperar el ciclo reproductivo, y solo queden confinados a los fósiles, los libros, los recuerdos y la imaginación. En Cuba, después de 1492, hemos sufrido cuatro veces esa insalvable pérdida.

Hablar del Guacamayo cubano (Ara tricolor), la Foca monje del Caribe (Monachus tropicalis), la Paloma migratoria (Ectopistes migratorius) y la Bijirita de Bachman (Vermivora bachmanii), es definir cuánto la «civilización» del Homo sapiens ha dañado nuestro entorno inmediato. Son historias que debemos conocer para que no se repitan.

TALLA Y COLOR CUBA

Según los investigadores Hiram González y Alejandro Llanes, el Guacamayo cubano, «con una longitud de hasta 50 cm», vivía solo en la Mayor de las Antillas y «tenía un bello plumaje donde armonizaban muy bien los colores rojo, naranja, azul y amarillo.»

«Los últimos individuos vistos en la naturaleza —refieren— fueron observados por el eminente naturalista alemán radicado en Cuba, Juan C. Gundlach, a finales del siglo XIX».

¿Por qué se extinguieron estas majestuosas aves? Seriocha Amaro, especialista del Centro Nacional de Biodiversidad (CeNBio) explica que fueron diezmados precisamente por su belleza y habilidades.

«Por los vistosos colores que poseían eran muy llamativas. De ahí que las persiguieran y capturaran para después exhibirlas o venderlas como objetos decorativos o mascotas de compañía. Se exportaron grandes cantidades a Europa. Talados los árboles en busca de pichones, destruido el hábitat natural de la especie, Cuba perdió para siempre uno de sus tesoros autóctonos».

VISITANTE MASACRADA

Huésped ocasional del territorio cubano, la paloma migratoria es un caso abrumador de aniquilamiento de una especie. Este plumífero pasó, en solo un siglo, de ser «el ave más abundante de Norteamérica y tal vez del mundo» a la desaparición.

Con un tamaño y color similar al de sus parientes que hoy observamos, la paloma migratoria se desplazaba en bandadas de millones de individuos. Pero la caza, unas veces por diversión, y otras en busca de alimento fácil para humanos y cerdos, también era millonaria.

A Cuba llegaban algunas aisladas y no se reproducían aquí. Luego de matanzas indiscriminadas y tala creciente en Estados Unidos para fomentar las siembras, no se vio más a esta gregaria criatura. En 1914, a una avanzada edad, murió la última cautiva en un zoológico norteño.

Por fortuna, gracias al naturalista Fermín Cervera, un individuo de esta paloma fue capturado a finales del siglo XIX en el área que hoy ocupa la Base Naval de Guantánamo y se conserva hoy en el museo Felipe Poey de la Universidad de La Habana.

HUÉSPED DE INVIERNO

Con la Bijirita de Bachman sucede algo similar: es solo una especie de paso en nuestro país. Para la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN) se encuentra «en Peligro Crítico». Sin embargo, los especialistas de la American Ornithologists Union afirman que se extinguió desde principios del siglo actual. La modificación de su hábitat natural fue decisiva en su desaparición.

En criterio del ornitólogo Alejandro Llanes, esta visitante alada «tenía sus sitios de nidificación en el sureste de los Estados Unidos de América y pasaba el invierno en Cuba». Los últimos registros que se tienen de ella datan de 1962 y 1964, en la península de Zapata».

CUANDO DERRITIERON LA VIDA

¿Una foca en el Caribe? ¿Con tan altas temperaturas? Pues sí, la foca tropical o antillana, según reseña Luis Varona, «es la única de su familia —con excepción del león marino de California— que habitó en aguas cálidas».

El nombre de «monje», le venía por sus hábitos solitarios. Los machos de este animal medían unos dos metros y medio y las hembras algo menos, y su comportamiento era bastante inofensivo. Ante el acercamiento extremo de los humanos, «su reacción consistía en ladrar y mostrar los dientes con indecisión».

«Bien conocidas por los bucaneros de los siglos XVII y XVIII», fueron presa de múltiples masacres. Sir Hans Sloane, escribía en 1707: Las islas Bahamas están llenas de focas. A veces los pescadores capturan cien en una noche. Las fríen o derriten y les extraen el aceite para las lámparas de las islas».

ANTES DE COLÓN

«En la lista de las especies extintas no se incluyen las desaparecidas en la época precolombina, por causas que no se pueden atribuir directamente a los seres humanos. Entonces Cuba estaba habitada por múltiples tipos de mamíferos y aves, como cigüeñas, rapaces de gran talla, primates, perezosos y pequeñas musarañas similares al almiquí», afirma Seriocha Amaro, especialista del CeNBio.

«Muchas de ellas —añade— se hallaban en un proceso de declinación natural debido a cambios ambientales»

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