Ni tsunamis, ni maremotos: ¡irresponsabilidad!

Muertes por ahogamiento en los últimos días, en las playas de la capital cubana, se deben a la imprudencia de los bañistas

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Franklin Reyes Dos bañistas han muerto en los últimos días ahogados en las Playas del Este de Ciudad de La Habana, producto de su negligencia al no respetar las banderolas rojas de peligro colocadas por Seguridad Acuática ante las fuertes marejadas.

Sin embargo, esta cifra pudiera haber sido mucho mayor de no ser por la actuación de los integrantes del Cuerpo de Salvavidas destacado en estos lugares, quienes han llegado a efectuar hasta más de 40 rescates diarios, a pesar de no contar con muchos de los medios necesarios para ello, asegura su responsable Juan Gabriel Artunaga.

«La indisciplina de las personas que vienen a la playa, que no le hacen caso ni a las banderas ni a los silbatos de los salvavidas, junto a la ingestión de bebidas alcohólicas, han sido los principales problemas», afirma.

La situación climatológica, con un sistema de altas presiones influyendo sobre el país, ha ocasionado varias resacas fuertes, lo que hace que en muchas ocasiones la marejada sorprenda a las personas en pleno baño, y muchas se niegan a salir a pesar de las advertencias.

«Nosotros tenemos establecido un sistema de coordinaciones con la Policía Especializada, tanto la que radica en la zona de Tarará, como la de Guanabo, y ellos nos apoyan, pero muchos bañistas son muy indisciplinados e incluso hay que multarlos».

Daniel Figueroa Nápoles, jefe de brigada de los salvavidas que trabajan en El Mégano, apunta también que sus compañeros muchas veces tienen que arriesgar la vida por culpa de los indisciplinados: sin ir más lejos, el sábado último dos de ellos estuvieron a punto de perecer, cuando la resaca arrastró a varios vacacionistas.

«Si no llega a ser por un compañero de la náutica de Turismo, que con una moto acuática se lanzó al mar y con un cable arrastró a la gente, hubieran muerto muchas personas más, y hasta dos salvavidas que corrieron grave peligro tratando de sacar a los demás».

A pesar de ello, dos muertos, uno en la propia zona de El Mégano y otro en el área de Santa María, indican que la dama de la guadaña viene asociada a la irresponsabilidad, y todavía no ha empezado la parte más caliente del verano.

A PURO PULMÓN

El 25 de diciembre es un día feriado para todos, menos para los salvavidas, que aún en pleno invierno, tienen que salir al mar al rescate de algunos imprudentes. Así sucedió ese día del año 2003, cuando algunos de ellos se dirigían, después de terminar su jornada de trabajo, sobre las siete de la noche, a una fiesta que habían preparado en el colectivo.

Uno de ellos nunca pudo salir del mar. Salvaron a las dos personas que se estaban ahogando, pero murió un salvavidas. «Porque nadie imagina los peligros que afrontamos por las indisciplinas», explica Figueroa Nápoles.

«Trabajamos un día sí y otro no, en esta zona somos 14, pero apenas tenemos recursos, ni una lancha, ni siquiera un pulóver que nos identifique, y hasta con la comida o el transporte tenemos dificultad.

«Cuando el salvavidas sale al mar a un rescate, lo hace acompañado solo de su coraje», ratifica Juan Gabriel, el jefe de Seguridad Marítima en Playas del Este. «La lancha que teníamos hace como 20 años está rota, y ni siquiera contamos con asignación de combustible para ella, además de que la reparación es en divisas.

«Tampoco tenemos las cánulas para proteger a los trabajadores cuando damos respiración boca a boca, y así evitar que contraigan una enfermedad, o equipos para buceo, trajes isotérmicos; y hasta falta la alimentación necesaria, que debe ser fuerte para personas que trabajan 12 horas seguidas haciendo ejercicio físico y a pleno sol, muchas veces sin siquiera una sombrilla para guarecerse».

Quizá eso explique la gran fluctuación de los salvavidas en la zona, o el porqué de que existan solo 127 salvavidas en estos momentos de una plantilla de 172. «Por eso tenemos muchas zonas sin cubrir, como Villa Las Brujas, La Veneciana o el Rincón de Guanabo; sin contar que en casi ninguna piscina tenemos personal, a pesar de que lo llevan también», dice Juan Gabriel.

DESCORDINACIONES FATALES

Aunque la falta de condiciones, la indisciplina e imprudencia de los bañistas, junto a la ingestión de bebidas alcohólicas, son factores que ponen en riesgo a las personas, sobre todo cuando el mar está embravecido, hay otros en tierra firme que contribuyen a crear situaciones de peligro.

Así sucede con la gran afluencia de bañistas que cada fin de semana abarrota las playas, no importa si hay buen tiempo o no, y que llegan en transportes de organismos o en el refuerzo que a través del tren o los ómnibus garantizan las autoridades.

Es muy difícil que alguien que haya hecho un viaje tan largo y azaroso, como lo es trasladarse desde el corazón de la ciudad a las Playas del Este, renuncie a siquiera darse un chapuzón, aunque el mar esté «pica’o».

Por eso, la falta de coordinación entre las autoridades de transporte y las de Seguridad Marítima, para tratar de mermar la avalancha de bañistas en los días de marejada, pudiera ayudar a que la presión, sobre los salvavidas y la Policía, de un público ávido de mar fuera menor, y por ende que los accidentes disminuyeran.

Es, apenas, una posible solución. La otra cara de la moneda está en las propias personas, quienes deben respetar las banderolas rojas, indicativas del peligro.

Las cifras indican que no hacerlo puede ser catastrófico. Solo del 2002 al 2006 han muerto 21 personas ahogadas en Playas del Este, según datos de Seguridad Marítima. Pero en el mismo período se han efectuado 17 360 rescates, lo cual habla de la profesionalidad de los salvavidas, pero también de la gran irresponsabilidad de los bañistas.

Aún sin empezar la temporada de verano, en esta zona, desde enero a abril pues mayo no lo han contabilizado, se han hecho 1 045 rescates, para un promedio de 260 rescates mensuales. ¿Qué pasará entonces cuando el calor invite a la playa a cientos de miles de personas?

Más allá de rumores que se hayan extendido entre la población sobre las «grandes olas», como explican las autoridades del Instituto de Meteorología, se trata simplemente de marejadas peligrosas, ante las cuales no ya las personas, sino hasta las embarcaciones menores deben tener cuidado.

Cuba no padece hasta el momento ni de tsunamis ni de maremotos, la verdadera causa de una muerte por ahogamiento está, simplemente, en la irresponsabilidad.

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