«Al final vamos a ganar»

Así afirmó a su esposa Ramón Labañino, uno de los cinco cubanos antiterroristas presos en Estados Unidos, cuando conoció el veredicto de culpabilidad que se les impuso en Miami el 8 de junio de 2001

Autor:

Juventud Rebelde

Ramón con su esposa Elizabeth y sus hijas Aylí, Laura y Lizbeth. Foto: Cortesía de Elizabeth Palmeiro

Como a las 6:30 de la tarde del 8 de junio de 2001, un día antes de su cumpleaños, Ramón Labañino llamó a su esposa, Elizabeth Palmeiro. Fue una comunicación rápida, portadora de una noticia triste: el tribunal de Miami había dado su veredicto de culpabilidad en el caso de los cinco antiterroristas cubanos, arrestados en Estados Unidos desde el 12 de septiembre de 1998.

«Me dijo: “Increíblemente nos han encontrado culpables”, después que la Defensa había sentado en el banquillo de los acusados a los verdaderos causantes del terrorismo contra Cuba.

«Ahí estuvieron gente como el terrorista José Basulto. Se informó dónde están los criminales y sus planes», recuerda Elizabeth, mientras sostiene en sus manos las fotos más recientes que recibió de Ramón, condenado a cadena perpetua más 18 años.

«La Defensa hizo una gran demostración, pero en Miami no se podía haber hecho jamás el juicio contra los Cinco».

ALMANAQUE

—¿Cómo lo percibiste aquel 8 de junio cuando te habló?

—Realmente con el mismo optimismo que aprecié en la primera llamada que tuve de él —en enero de 2001— después de 27 meses incomunicados: «Era de esperar, pero no te preocupes porque al final nosotros vamos a ganar». Esas palabras suyas las llevo aquí —y señala el lado izquierdo de su pecho—.

«En aquel instante el mundo se me vino abajo. Yo estaba con las dos niñas en la casa y no sabía qué iba a hacer, porque además aún no era pública la historia de los Cinco.

«Recuerdo que el 14 de junio me ingresaron de urgencia con un dolor muy fuerte. Me operaron de apendicitis. El 21 se realizó la histórica tribuna en el Cotorro, donde el Comandante en Jefe dio los detalles sobre quiénes eran esos cinco hombres y lanzó lo que consideró una profética palabra: ¡Volverán!, que se ha convertido en símbolo de la campaña. Sé que volverán, por la lucha nuestra y por la solidaridad».

RECUENTO

«Uno inevitablemente saca cuentas», reflexiona Elizabeth. «Muchas cosas han cambiado en el mundo después de aquel 8 de junio de 2001 en que los declararon culpables: vino un 11 de septiembre y si el presidente norteamericano George W. Bush dijo que combatiría el terrorismo en cualquier rincón, entonces la actitud de los Cinco era digna de reconocer, porque ellos se infiltraron en los grupos terroristas que hay en Miami y contribuyeron a neutralizar buena parte de sus planes».

—Y en la familia, ¿qué cambios se han operado?

—Nuestras hijas han crecido. Ya Lizbeth tiene 10 años y ganó conciencia de quién es su padre; lo admira y quiere aún más. Laura pasó de niña a adolescente, y el 9 de agosto cumplirá sus 15. Aylí, su hija mayor, es toda una mujer que está en la universidad. Esos son cambios que Ramón se merecía ver.

«Para mí también ha transcurrido el tiempo, pero algo sí está intacto: el amor y la confianza en que esta horrible pesadilla no terminará más que con el regreso de Ramón y de sus compañeros».

Justo hace un año que Elizabeth fue con sus hijas a ver a Ramón en la penitenciaría de Beaumont, Texas. «Solo pudimos acceder las niñas y yo a la mitad de las posibilidades de visita, dos fines de semana», dice.

«Como logramos ir en junio, habíamos viajado con la ilusión de hacer coincidir en las visitas fechas importantes para la familia, pero no fue así».

—¿Por qué?

—El hecho de que las autoridades de Estados Unidos te den la visa para viajar no significa que tendrás la posibilidad de verlos. Por ejemplo, en aquella oportunidad Ramón estuvo todo el tiempo sometido a los reiterados castigos dentro de la prisión.

«Él tiene un comportamiento intachable, al igual que Gerardo, Antonio, René y Fernando, pero esas cárceles son peligrosas. Cuando se comente alguna indisciplina a todos los presos los encierran en las celdas días y días...

«La situación con el visado para ir a verlos es compleja. Las dilaciones continúan. Cambiaron el sistema para pedir la visa y todo atenta contra nosotros. Por otra parte, la negativa en los casos de Adriana y Olga, las esposas de Gerardo y René, persisten.

«En junio de 2006 vinimos de visitarlo y en este 2007 no hay esperanza de que podamos volver. De hecho el turno para la entrevista en la Sección de Intereses de Estados Unidos está fijado para mí y otros familiares el 12 de septiembre, cuando cumplen nueve años en prisión».

—¿Qué significa junio para las fechas alegres?

—El 2 es nuestro día. Fue cuando nos casamos. A propósito, recién llegamos a los 17 años de matrimonio.

Con cierto brillo en los ojos confiesa que él le hizo un regalo: «Pudo hacerme una llamada y me leyó un poema que escribió para mí.

«Y el 9 es el cumpleaños de Ramón. Ya entra en sus 44. No sé si podamos hablar. Casi a la mitad del mes de mayo los presos estuvieron de castigo. No se sabe nunca qué puede pasar».

—¿Qué actividades se mantiene realizando?

—Está en el cuarto de lavandería, limpiando. Responde la correspondencia y emplea parte del tiempo que le permiten en hacer ejercicios, una manera de liberar tensiones, según me ha comentado.

—¿Y si finalmente logra comunicarse este 9 de junio?

—Intentaremos olvidar por unos instantes que está allá y soñaremos un poco con esa fiesta que nos debemos y que vendrá.

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