El pequeño Cuevas de las lagartijas - Cuba

El pequeño Cuevas de las lagartijas

Un niño aficionado a la fauna ha convertido el apartamento donde vive en un zoológico aéreo

Autor:

Julio Martínez Molina

CIENFUEGOS.— Desde los dos años de edad vive apegado a animales como ranas, bibijaguas, orugas, mariposas, arañas y lagartijas, pero estas últimas han sido las eternas compañeras de Norge Jim Rumbaut Roa.

Aficionado desde la cuna a la fauna, su madre, Natasha, asegura que la primera palabra que expresó a los pocos meses de nacido fue elefante, en vez de papá o mamá.

Conocido en Cienfuegos como El pequeño Cuevas (por el científico cubano ya desaparecido, de igual apellido y nombre José Ramón, quien fue conductor del programa Entorno), el pequeño, quien cursa el tercer grado en la escuela José Maceo, ha convertido su apartamento en un zoológico aéreo, en la barriada de Junco Sur.

Luego de aprender a caminar, sus juegos infantiles se circunscribieron al contacto con insectos, arácnidos y las adoradas lagartijas, al punto que Natasha lo llevó a un psicólogo, pues tenía preocupación por su salud mental.

El especialista le espantó el pesar, al decirle que le permitiera al niño vivir plenamente ese mundo interior. El chiquillo, en cierta etapa de sus ocho años retraído de sus compañeritos a causa de su singular preferencia, ahora los convoca en grupo a casa al son de la peculiar afición.

Él los enseña a investigar el modo de vida, el hábitat, las formas de alimentación de los animales...

Sus amigas las lagartijas —decenas de estas duermen en gajos de árboles que tiene colocados en una esquina de su habitación— pasan allí la noche hasta que en la mañana Norge las examina, hace apuntes de sus hábitos, las mide y, por supuesto, les lleva moscas y mosquitos para alimentarlas.

El muchacho responde tranquilamente preguntas relacionadas con el mundo de estas y otras especies. Sus mejores composiciones escolares —según la maestra— se relacionan con el reino animal, y les dice a todos que quiere ser biólogo cuando sea grande.

Ojalá la vida y su constancia premien tal pasión, y el hoy pequeño Norgito logre convertirse mañana en otro Cuevas, otro Cocteau o un Félix Rodríguez de la Fuente. Las lagartijas ondean su pañuelo rojo dando votos por ello.

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