El Vertedero de la Calle 100

Fundado en 1976, ha ensuciado el suelo, la atmósfera, las aguas, alterando la tranquila respiración de los vecinos

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La calle estaba desierta y el polvo gris recorría el lugar. Aquel día, sin ninguna dificultad, bordeamos el taller de la Mercedes Benz. Nos adentramos en nuestro destino. El camino era largo, pero ni las piernas cubiertas de polvo, ni el temor a lo desconocido impidieron que llegáramos hasta el mismísimo centro del sitio.

Con más de 30 años de explotación, el Vertedero Calle 100, fundado en 1976, ha ensuciado el suelo, la atmósfera, las aguas y demás recursos naturales, alterando no solo la fisonomía del lugar, sino la tranquila respiración de los vecinos, que a varios kilómetros sufren sus efectos.

Creado en una época cuando los impactos medioambientales que podían causar el recoger basura de las calles y tirarla en algún sitio no era primordial, hoy se ha convertido en un problema, que afecta el medio ambiente y al cercano río Almendares, que al pasar por el lugar se contamina todavía más.

Como afirma Odalys Goicochea, especialista ambiental de la Delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) en Ciudad de La Habana, en el momento de su creación la situación de este tipo de aterraderos —como también es nombrado— «no era vista con este punto rojo con que se ve ahora».

Treinta años después y mucha basura por el medio todo es bien distinto, al punto de convertir un terreno llano en altas lomas. Una pequeña llamarada, el calor excesivo o el simple soplar del viento esparcen a kilómetros a la redonda sustancias contaminantes para la salud humana y para las especies animales.

FURANOS EN EL AIRE

Desde su creación, el vertedero Calle 100 ha sido, según la Oficina Provincial de Comunales, «un sitio de disposición final de los residuos sólidos urbanos explotado a cielo abierto».

La directora de Desarrollo de la Oficina Provincial de Servicios Comunales, Odalys García, señala que desde su apertura este lugar constituyó un problema medioambiental, debido a que no se contaba con la tecnología necesaria para disminuir su impacto.

El método de disposición final es conocido por sus efectos negativos, al ser depositados los residuos sólidos sin un correcto tratamiento de los gases producto de la combustión. Tampoco son recogidos los lixiviados (líquidos portadores de metales pesados y otros contaminantes), que constituyen un riesgo para las aguas subterráneas.

Otro problema es el proceso de estabilización de los desperdicios, que provoca la acomodación de gases, principalmente el metano. Este, en determinadas condiciones, puede combustionar, ya sea de forma espontánea, o por responsabilidad humana.

«En ese caso se emiten a la atmósfera malos olores y sustancias químicas como son las llamadas dioxinas y furanos», destaca el Dr. Ángel Ramírez, responsable del estudio del Vertedero Calle 100, realizado por la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología.

Según la Dirección Provincial de Servicios Comunales, los incendios de Calle 100 han tenido un origen fundamentalmente espontáneo. En condiciones climatológicas de mucho viento, han sido perceptibles sus efectos en zonas céntricas de Ciudad de La Habana, ubicadas, según se puntualiza, a más de cinco kilómetros de distancia.

La acumulación del gas metano ha provocado también el desprendimiento de humo, gases tóxicos, o compuestos como las dioxinas y partículas de metales pesados de efecto invernadero. Una de las consecuencias para la salud de este fenómeno es el asma, y en general las enfermedades respiratorias, que han estado golpeando a la población cercana al vertedero.

A lo anterior hay que agregarle, como afirma el Doctor Ángel Ramírez, que los desperdicios orgánicos, al descomponerse, se convierten en atrayentes de moscas y otros vectores.

Igualmente están quienes entran al basurero a recoger materiales arrojados por diversas entidades, que a veces comercializan inescrupulosamente, o venden como materia prima. Estas personas corren el riesgo de enfermarse ellas o a otros, y además son causantes de no pocos incendios en Calle 100.

ATERRADERO SANITARIO

A principios del año 2007, una serie de instituciones, entre ellas Servicios Comunales, el CITMA, Recursos Hidráulicos, la Agricultura y otros organismos, comenzaron a dar los primeros pasos para tratar de minimizar los impactos contaminantes del Vertedero Calle 100.

Odalys García, directora de Desarrollo de la Oficina Provincial de Servicios Comunales y responsable del proyecto de rehabilitación, destaca que actualmente en el aterradero se trabaja en hacer nuevas trincheras para depositar los residuos y en el tapado diario de estos, «porque el relleno sanitario es la mejor técnica empleada en el mundo».

Sin embargo, Israel Saborit, investigador del Instituto Superior de Tecnología y Ciencias Aplicadas (INSTEC), afirma que cubrir los vertederos no detiene la emanación de gases como el metano. Saborit argumenta que existen dos tipos de combustiones, una aeróbica, es decir, que se produce al aire libre, y otra anaeróbica que es provocada por los microorganismos que viven en ausencia de oxígeno.

«Cuando se cubren los desperdicios se elimina la combustión aeróbica, pero la anaeróbica continúa emanando gases y, si no se cuenta con los conductos necesarios para captarlos y extraer los lixiviados, no se elimina la contaminación».

Lo ideal sería hacer un verdadero «relleno sanitario», que consiste en abrir un hueco en la tierra —también llamado vaso—, impermeabilizarlo con una arcilla compactada o con geotextil (material plástico que se pone como una manta en el fondo), colocar tubos para recoger los gases, rellenar, y después empezar a depositar basura y tierra, alternadamente, hasta hacer una especie de sándwich que ayudará a no dejar escapar libremente a la atmósfera los contaminantes.

La especialista ambiental Odalys Goicochea, en cambio, señala que esta no es una solución definitiva, pues aunque el vertedero se cubra con tierra, no desaparecerán ninguna de las combustiones, sino que se controlan al ser conducidas, y al captar los gases y los lixiviados.

Además, en un relleno sanitario, antes de empezar a verter desperdicios, se ubican las conexiones, las tuberías y luego se comienza a depositar desechos. Y en el vertedero Calle 100 las cosas se han realizado a la inversa.

MALOS OLORES

Hoy se manejan diversas variantes para aliviar la situación. Entre las aspiraciones está un proyecto de «desarrollo limpio», consistente en tapar la basura y colocar en una fase posterior tubos para recoger los gases.

Aunque se piensa ir cerrando paulatinamente este depósito de desperdicios, para lo cual se buscan nuevas ubicaciones, si hoy mismo se clausurara Calle 100, sus efectos contaminantes durarían todavía algún tiempo.

Cerca de este inmenso basurero de 104 hectáreas cuadradas pasa el río Almendares, el cual pierde parte del oxígeno de sus aguas debido a la contaminación. «El mayor problema es que la acumulación de basura durante tantos años varió la fisonomía del lugar, y ahora cuando llueve todos los lixiviados van a parar al río», explica Yosiel Marrero, ingeniero químico responsable del Proyecto Almendares, que pretende revitalizar esta cuenca.

«Cuando precipita se inundan los barrios cercanos, las industrias, y todo va a parar al río. Si uno recorre las inmediaciones del basurero, es fácil ver la tinta que forman los desechos cuando entran al agua, y cómo poco a poco se van mezclando con ella», agrega Cristian Morales, también ingeniero químico.

Aunque los malos olores han disminuido considerablemente al tapar la basura, la contaminación todavía afecta. Entonces, ¿dónde está la solución?

DINERO ENTRE LA BASURA

El Vertedero Calle 100 acoge más del 80 por ciento del total de los residuos de Ciudad de La Habana. Las cifras nos ubican frente al basurero más grande de la provincia y del país, el cual recibe desechos sólidos urbanos de diez municipios.

Lo casi increíble es que la inmensa acumulación de desperdicios es a su vez una «mina de oro» al aire libre. Allí se dilapidan desechos orgánicos e inorgánicos que pudieran engordar a no pocas industrias y sustituir importaciones si fueran reciclados.

Odalys Goicochea aboga por transformar la basura al recuperar la materia orgánica y aprovechar otros recursos. Sobre el tema, Odalys García añade que están inmersos «en un proceso para buscar tecnología de reciclaje, y recuperar todo lo que se pueda, porque, en definitiva, es dinero que hoy se está enterrando.

«En una primera parte del proyecto vamos a analizar la cantidad de gases que se producen para ver después si podemos hacer energía eléctrica con ellos o suministrárselo a la Planta de Gas Mario Fortuny. Así, mezclados con otros gases producidos, se podría utilizar como combustible doméstico».

El proyecto cuenta con una cuantiosa inversión tanto por la parte cubana como la extranjera. Cuba ha puesto para la rehabilitación unos cuatro millones de pesos y 240 000 CUC; mientras que los colaboradores extranjeros proporcionarán unos 3,4 millones de euros. Ese dinero se utilizará para diversos fines, entre ellos garantizar la desgasificación, y ya, por ejemplo, se puso una báscula para pesar todos los residuos que entran.

Además, se piensa instalar trituradoras de residuos orgánicos, ya que rescatar este tipo de desechos es muy importante, porque constituye cerca del 60 por ciento de toda la basura.

Israel Saborit afirma que aproximadamente en seis meses la materia orgánica obtenida de los residuos pudiera ser convertida en fertilizante, lo cual significaría un ahorro para el país, al producir su propio abono para los suelos.

También la Empresa de Recuperación de Materias Primas ha estado trabajando en el reciclaje de los residuos sólidos urbanos, con algunas desventajas, pues muchos de ellos llegan contaminados al no existir separación de origen.

Es por eso que una de las líneas del proyecto se ha encaminado hacia este último aspecto. Hoy se ejecuta un pilotaje en el municipio de Playa, recogiendo la basura en dos tipos de envases: uno para residuos orgánicos y otro para inorgánicos. Con el primero se pretende hacer compost, que sirve como fertilizante orgánico, y con el otro (cristal, plásticos, metales) devolverlos a la industria.

Aunque Odalys García reconoce que falta información entre los involucrados en el programa, José Elio Ruiz, uno de los vecinos, teme que ocurra lo mismo que en La Habana del Este hace algunos años. Allí se comenzó con tres envases: uno para residuos orgánicos, otro para envases reciclables y otro para productos de menos valor.

«No fue una mala idea, era interesante, aunque a mí siempre me pareció un poco ambicioso que la gente separara las tres cosas —reconoció Odalys García. Al principio fue difícil, pero la gente empezó a comprender. El problema es que el proyecto abarcó comprar contenedores distintos para cada cosa, pero no camiones, y ahí vinieron las dificultades. Cuando vieron que un mismo vehículo recogía todo, automáticamente los vecinos no separaron más nada».

DESPERDICIOS PER CÁPITA

Un estudio del Instituto de Tecnologías y Ciencias Aplicadas, en colaboración con una universidad alemana, asegura que en los últimos años la generación de residuos ha aumentado considerablemente en Cuba. Los datos reflejan que diariamente en Ciudad de La Habana se desechan alrededor de 0,7 kg de basura por habitante, mientras que en el resto del país la cifra es de 0,5 kg.

A todo eso hay que agregarle lo que ha significado la transformación de los hábitos de consumo, al incrementarse la adquisición de productos como el refresco enlatado o la compra en bolsas de nylon.

Por eso, ante un basurero agotado y sumamente contaminante, ya se busca el lugar idóneo para mudarlo. Todavía no ha sido seleccionado con certeza. Primero se estudiarán el suelo, las condiciones climáticas, viviendas existentes, industrias cercanas.

Pero en el vertedero actual, aun si se cierra, habrá que trabajar mucho. Es imprescindible su rehabilitación, minimizar la contaminación. La cruda realidad demuestra que el «Vertedero de 100» no puede ser echado nuevamente a la basura.

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