El asalto del siglo XXI

Un sondeo a un grupo de jóvenes muestra la valoración de la gesta histórica del 26 de Julio de 1953 para la nación, ante los desafíos del presente y el futuro

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Es, probablemente, la única fecha que en Cuba no necesita el «apellido». Solemos decir «el 26» y enseguida salta a la mente aquel hecho de julio, con toda su carga de bravura y simbolismo. Enunciamos el 26, sin especificar el mes, e inmediatamente dibujamos las palabras Moncada o rebeldía y, sin evitarlo, imaginamos un festejo.

Precisamente con tales balas del pasado como espuelas, JR salió a la calle a sondear cómo 54 jóvenes cubanos miran la epopeya ahora, después de 54 años.

El diario de la juventud cubana dialogó al azar con esa cantidad simbólica de jóvenes, todos entre 19 y 31 años, en cuatro ciudades, tres de estas —Santiago de Cuba, Bayamo y Ciudad de La Habana, vinculadas al hecho— y la otra, Camagüey, sede de las celebraciones centrales de este año. Los participantes, de distintas ocupaciones, dieron respuestas interesantes, dignas de lecturas profundas...

NUESTRO PROPIO MONCADA

A pesar de ciertas lagunas en el saber, el 26 de Julio no es mirado con frialdad o distanciamiento por los pinos nuevos. De los que contestaron la encuesta de JR, la mayoría considera que su trascendencia va más allá del presente y lo calificaron como un punto cumbre del almanaque en Cuba, al igual que el Primero de Enero; aunque unos pocos ven la fecha como un día feriado y fecha para un acto.

El ciento por ciento dijo admirar el suceso, «porque fue un derroche de valentía» o «porque en el presente se ha convertido en fecha para emular y todos de cierta manera participamos en esa fraternal competencia».

Una muchacha santiaguera confesó que para ella «era uno de mis referentes como patriota. A veces, pensando en los acontecimientos, creo que nos ha faltado producir una buena película sobre ellos».

En tanto, un joven obrero camagüeyano de 26 años remarcó que «es una fecha de ejemplo imperecedero, pues si los nuevos de ayer asaltaron el Cuartel Moncada, los de hoy reparten equipos, evitan el robo de combustible y cumplen misiones internacionalistas».

Un técnico de LABIOFAM alegó que «aquellos tiempos eran de armas, pero estos requieren de lucha ideológica, porque han cambiado las cosas».

Entre las respuestas más interesantes sobre la vigencia de aquellas acciones estuvo la de una estudiante capitalina de Lengua Inglesa: «Los jóvenes tenemos que recordar la fecha con admiración, pero cada día debemos plantearnos nuestro propio Moncada y hacerle la guerra a la indiferencia de los burócratas, a los que en nombre de la Revolución, hecha por aquellos valientes, la toman de pedestal para enriquecerse y hasta, con posiciones dogmáticas, frenan el curso del propio proceso».

Esa opinión encontró ecos en criterios como los de una periodista granmense de 26 años: «Si el Moncada fue el motor pequeño que echó a andar el motor grande, el de la Revolución, no hay dudas de que, de vez en cuando, necesitamos varios Moncada para echar a andar lo que está estancado, lo que no avanza».

Uno de los santiagueros preguntados expuso algo similar: «El 26 nos dice que acciones drásticas son necesarias para resolver o al menos enfrentar grandes problemas. Hoy nos hace falta otro 26».

Siguiendo ese hilo, un futuro ingeniero mecánico expresó que fue importante el 26 en aquel entonces, pero «ahora nos corresponde seguir adelante con “nuestros asaltos”, que van desde criticar las adulteraciones de lo que consumimos, hasta la pasividad con los corruptos y los demagogos, quienes dicen “hagan” en lugar de hacer junto con el pueblo».

Otros enfoques fueron el de un transportista de Ciudad de La Habana y el de una secretaria de Granma. El primero señaló que «era una lástima que en el suceso muriera tanta gente valiosa, y hoy existan personas que viven sin pasar los ojos sobre la historia».

La segunda apuntó que «estamos en deuda con ellos, con los que dieron sus vidas por cumplir los sueños de Martí. Cuando una ve la conducta de algunos débiles que se venden piensa en esas cosas con cierto dolor».

Estos puntos de vista reafirman que, contrario al pensamiento plattista de unos pocos, la nueva generación no olvida a los mártires de aquella gesta.

EPÍLOGO

La fecha del 26 de Julio probablemente jamás necesite el apellido. Un número le basta como marca y signo. Pero una estampilla no es todo en la vida. ¿Cómo la mirarán mañana los que empiezan a levantarse ahora en la Tierra? ¿Como cuño o como cumbre? Doloroso sería que la hagan mito y no bandera, o que la observaran con tibieza, algo que siempre estaría latente.

El 26 debe seguir siendo cima de combate y rebeldía, volcán patrio, arroyo fresco en las tempestades o, como lo quiso decir uno de los jóvenes interrogados: «Calle, sudor y polvo; jamás trono».

El Moncada 50 años después

La población real de Cuba en 1953, de acuerdo con el censo realizado ese año, ascendía a 5 820 000 habitantes. La actual, según el censo de septiembre de 2002, es de más de 11 177 000 personas.

En 1953 existían 807 700 personas analfabetas, para un 22,3 por ciento, cifra que creció durante los años de la tiranía batistiana; en el año 2002 había solo 38 183, para un 0,5 por ciento.

En 1953 el número de personas con nivel medio superior y bachillerato aprobado ascendía a 139 984, un 3,2 por ciento de la población con diez años y más. En el 2002 ascendía a 5 733 243, es decir 41 veces más.

Los graduados universitarios pasaron de 53 490, en 1953, a 712 672 en 2002.

El porcentaje de bohíos disminuyó de 33,3 por ciento en 1953 a 5,7 en 2002, y la electrificación de los mismos pasó de 55,6 por ciento en 1953 al 95,5 en 2002.

Fuente: Discurso pronunciado por Fidel en Santiago de Cuba el 26 de Julio de 2003.

 

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