La Revolución hizo realidad sus sueños

Dos valerosos jóvenes fueron asesinados por la tiranía Batistiana en plena calle, se proponían celebrar el cumpleaños de  Fidel con una acción

Autor:

Juventud Rebelde

Nunca midas la utilidad de una vida por su largo, sino por la obra que se realiza, si mañana nos matan y contribuimos con ello a que Cuba sea libre, para nosotros será como si hubiéramos sido eternos”, habían dicho los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca a Esther, la abnegada madre conocedora del peligro a que se exponían.

Revolucionarios de pensamiento y acción, Luis cursaba el segundo año de Derecho y a la vez el primero de Filosofía, en la Universidad de La Habana; Sergio terminó el bachillerato en el único Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, y se preparaba para optar por la carrera de Medicina.

El día anterior a su alevoso asesinato, una mujer que viajó de Pinar del Río a San Juan y Martínez en un auto de alquiler, se presentó ante Esther para alertarle que en el mismo vehículo iban dos hombres vestidos de civil cuyos rasgos eran característicos de los soldados, y al pasar frente a la casa de los Saíz, uno le comentó al otro: «Ahí es donde viven los hijos del juez».

Enseguida salió en busca de los muchachos, que a esa hora participaban en una reunión del Movimiento 26 de Julio a bordo de un barco pesquero en Boca de Galafre. Les contó lo sucedido y les pidió que no volvieran a salir de la casa.

Iban a celebrar el cumpleaños de Fidel

Ellos accedieron, pero le argumentaron que al día siguiente no podrían complacerla, pues era el cumpleaños de Fidel y se proponían celebrarlo con una acción.

En la noche del 13 de agosto de 1957, tras ayudar a Esther a fregar los cubiertos, la besan y se despiden diciéndole: «No temas, algún día te vas a sentir orgullosa de nosotros».

«No habían transcurrido cinco minutos cuando vi personas que corrían. Pensé que se trataba de un incendio y salí a la calle, entonces escuché a una mujer que decía, ¡pobrecita, no sabe que son sus hijos!

«En la Casa de Socorro el médico de guardia, cuñado mío, me apretó las manos y me dijo: `Esther, tus hijos están muertos´, re-memora esta mujer que, a los 97 años de edad, sigue siendo ejemplo de entereza y fidelidad a los principios de sus hijos.

Los hechos

El cine de San Juan y Martínez, situado en una céntrica esquina, era lugar de gran concurrencia de personas, predominantemente jóvenes. Apenas llegaron, el esbirro de la tiranía la emprendió contra Sergio, al que trató de registrar. La provocación formaba parte del complot.

Al percatarse de ello, desde la acera opuesta salió Luis increpando al sicario, quien sin mediar palabra lo abatió de un disparo.

«Si mataste a mi hermano, mátame a mí también», exclamaba Sergio mientras se abría la camisa y mostraba el pecho desnudo al asesino. Mas no hacía falta, esa era su encomienda. Una segunda bala, a boca de jarro, terminó con la vida del más joven de los entrañables hermanos.

Aunque integrantes de una familia de clase media, desde niños estuvieron muy vinculados a los sanjuaneros más pobres. En una ocasión manifestaron a sus padres el deseo de que si morían por la Revolución no hubiera en sus funerales sarcófagos de lujo ni flores, mientras existían tantos infantes parasitados y hambrientos.

Su voluntad fue respetada y, a pesar de que se recibieron muchas ofrendas florales, no se colocaron en el recinto donde tenía lugar el velorio. Un busto de Martí que siempre estuvo entre sus camas, y la bandera cubana, presidieron el acto fúnebre.

Flores de desagravio

La excepción fue un ramo de rosas, todo un símbolo de los principios y la firmeza de carácter de los inolvidables mártires. La anécdota es elocuente:

En cierta ocasión Sergio visitó a un médico del pueblo para pedirle un libro de Medicina que necesitaba, y aquel se lo negó, pero al enterarse de quien se trataba, quiso rectificar. A lo que el joven respondió: «Si usted no es capaz de prestarle un libro a un simple estudiante, yo no puedo aceptarlo», fue su respuesta tajante.

Tan profundo caló aquella actitud en los sentimientos del profesional, que al conocer el horrendo crimen se presentó en la casa de los Saíz Montes de Oca y logró que aceptaran su ofrenda floral a manera de desagravio.

Jóvenes de pensamiento avanzado

A pesar de contar con sólo 18 y 17 años de edad, respectivamente, Luis y Sergio tenían una amplia cultura, dada tanto por lo mucho que leían, como por lo observadores que eran de la realidad circundante.

Dejaron una fructífera obra literaria y política que combinaron con la acción revolucionaria y con sus características de estudiantes ejemplares. Llegaron a la conclusión de que en Cuba era necesaria una revolución martiana y socialista, cuya proyección queda plasmada en el manifiesto Por qué luchamos, escrito tres meses antes de su desaparición física y considerado su testamento político.

En él analizan la situación imperante, plantean la lucha contra la desigualdad; diseñan sistemas de Educación y Salud estatales, donde tanto la escuela como el médico estuvieran al alcance de todos, y se pronuncian por una profunda reforma agraria.

Atacan al vicio, y particularmente al juego que, con la complicidad del régimen dictatorial se extendía por el país hasta hacer de Cuba «un inmenso garito», y auguran una prensa revolucionaria «trinchera decidida de las causas populares».

Vislumbran la reacción imperialista, no obstante lo cual abogan por la necesaria nacionalización de las riquezas y al respecto apuntan: «Aunque este último sistema traería como consecuencia serios problemas diplomáticos y acaso se podría intentar repetir la operación Guatemala, si la Revolución está bien adentrada al pueblo, como lo estará, pueden lograrse los fines sin más contratiempos...».

Y casi concluyendo el documento, dejan constancia de su inquebrantable decisión: «No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar, y como ofrenda de devocion y desprendimiento la hemos depositado en los brazos de la Revolución cubana –justa, grande, renovadora, honrada, socialista– sin más esperanzas que ver algún día cumplidos estos sueños que hoy, en plena juventud y calor de lucha, llevamos a estas cuartillas».

Sueños hechos realidad

Pregunté a Esther cómo concebiría a sus hijos hoy y respondió sin dilación: «Conocí sus pensamientos y tengo la tranquilidad de que la Revolución ha cumplido en todo momento los ideales por los que lucharon.

«Ellos estarían, como entonces, con la misma fuerza de sus principios, junto a la Revolución y en el lugar que se les hubiera asignado. Luisito dijo que los días más difíciles vendrían después del triunfo, para evitar que las conquistas se perdieran.

«Y no se equivocaba. Veo la continuidad de sus luchas en los jóvenes que hoy libran la Batalla de Ideas, para asegurar la irreversibilidad de este proceso, y con ello la garantía de que nunca volveremos al pasado oprobioso».

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