Especies autóctonas de la fauna cubana están amenazadas

La caza y pesca indiscriminadas con fines comerciales u ornamentales, son depredadores a los que debe ponérsele coto

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Albert Perera Castro

Junto a la destrucción de hábitat y ecosistemas o la introducción de especies invasoras que perjudican a las nativas, la caza y la pesca furtiva, así como los insuficientes mecanismos regulatorios y de control, están entre las principales amenazas para las especies autóctonas cubanas, según reconoce el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, en su Estrategia Ambiental Nacional para el 2007-2010.

La alarma no es injustificada. Aunque es muy difícil decir a ciencia cierta cuánto numéricamente han afectado la caza y la pesca furtivas, es indudable que su impacto es cada vez mayor. Así lo evidencia la desaparición paulatina de diversas especies endémicas como las cotorras, cateyes, tortugas marinas como el carey, e incluso moluscos como las polimitas, la sigua, el quinconte o el coral negro, que ahora solo se encuentra a grandes profundidades.

Más de 840 multas por caza ilegal y 540 por pesca furtiva se impusieron durante el 2006 por el Cuerpo de Guardabosques en todo el país. Por su parte, los inspectores del Ministerio de la Industria Pesquera el año pasado detectaron a

2 129 infractores. Incluso la Aduana General de la República, en el control de los puntos de entrada y salida del país, operó en el 2006 otros 71 casos, y en lo que va de 2007 ya ha contabilizado 80 personas que han intentado sacar ilegalmente de Cuba especies protegidas.

Pero los números, aunque significativos, son insuficientes. Múltiples son los factores que llevan a la caza y la pesca furtivas, desde las condiciones económicas de los pobladores, hasta la falta de regulaciones, de control e incluso el desconocimiento y la poca educación ambiental. Abordar uno y dejar a un lado el otro, es un error.

Como atestiguan especialistas y funcionarios interrogados por JR y las investigaciones realizadas por nuestros reporteros, todavía es muy grande la captura y comercio de cocodrilos, tortugas, careyes, polimitas, corales, cobos, quincontes, sigua; o aves como cotorras, zunzunes, colibrís, sinsontes, negritos, mariposas, entre otros. Hasta los caballitos de mar son atrapados para ser vendidos, ante la mirada impasible o la avaricia cómplice de quienes quieren llevarse un «recuerdo» disecado de lo que un día fuera un animal vivo.

Cuba, con una rica diversidad biológica, caracterizada por valores muy altos de endemismo, con especies que solo viven en nuestro suelo, algunas consideradas como rarezas biológicas, debe hacer más en todos los sentidos para conservarlas.

Y no basta para eso imponer multas o decomisos. Hace falta también mayor educación ambiental, cambiar hábitos de vida y consumo, pero sobre todo entender que la flora y fauna criolla, que hoy disfrutamos con orgullo, no es eterna. Puede morir por nuestra propia mano.

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