Los enfermeros en Cuba: ayudantes ayer, profesionales hoy - Cuba

Los enfermeros en Cuba: ayudantes ayer, profesionales hoy

Sin dejar de realizar la noble labor de ayudantes del médico en el cuidado del enfermo o el herido, ahora ejercen una ciencia

Autor:

Juventud Rebelde

Algunos de los entrevistados durante uno de los recesos del Congreso de la Sociedad Cubana de Enfermería. De izquierda a derecha: los jóvenes Noel Viera, del pediátrico de Marianao; Maikel Ruballo, del SIUM, en Sancti Spirítus, y Juleiky García, de Ciego de Ávila (cuarto).

Fotos: Roberto Morejón

«Proclamamos nuestras victorias sobre montañas de vidas salvadas, de sufrimientos aliviados o erradicados».

Fidel Castro Ruz.

La noticia la conocimos en el XV Congreso de la Sociedad Cubana de Enfermería, realizado en el Palacio de las Convenciones, en Ciudad de La Habana: «En 1959 había en Cuba 828 personas ocupadas en la Enfermería, mientras que hoy contamos con 89 725, de ellos 25 022 licenciados, 56 918 de nivel técnico y 7 482 de nivel básico, 300 máster y tres doctores en Ciencias».

Pero, como esas cifras hablan por sí mismas, ahora no vamos a abundar más en las estadísticas, sino a adentrarnos en algunos aspectos no menos interesantes de ese mundo de la Salud Pública cubana en el que no pocos entregan su esfuerzo cotidiano y generalmente anónimo a lo largo del país.

«Nuestro trabajo ha cambiado sustancialmente y es hoy una señora profesión», nos dice la licenciada Daisy Berdayes Martínez, decana de la Facultad de Enfermería del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, máster en Educación y aspirante a Doctora en Enfermería.

«Ya no somos auxiliares, sino verdaderos profesionales y científicos. Surgimos como ayudantes del médico en el cuidado del enfermo o del herido. Pero han pasado ya cientos de años, y ahora ejercemos una ciencia.

La graduación es uno de los momentos más emotivos en la vida de los futuros enfermeros. Foto: Calixto N. Llanes

«Nuestra especialidad nació de una investigadora: Florence Nightingale, ejemplo de abnegación, madre de la enfermería moderna, y fundadora de la primera escuela de enfermería del mundo. Ella, en la Guerra de Crimea fue la primera gran administradora de hospitales. Creó la enfermería profesional. Fue y sigue siendo un modelo de inspiración para los valientes y nobles hombres y mujeres que han decidido dedicar sus vidas al cuidado de enfermos.

«Somos realmente la columna vertebral de la inmensa mayoría de los equipos de atención de salud en el mundo entero. Trabajamos con médicos, ingenieros, técnicos, paramédicos, para resolver el problema del enfermo o del accidentado.

«Laboramos con el galeno, el psicólogo, el terapeuta, el fisioterapeuta, y con otros profesionales. Cada uno en su área de competencia enfrenta el grupo de cuidados que tiene que ejecutar para curar o aliviar a la persona que sufre. Pero nosotros en verdad estamos con el enfermo las 24 horas del día.

«Al final el que siente dolor o tiene una enfermedad, encuentra en nosotros mucha confianza. Nuestro acercamiento a la persona que cuidamos va más allá del malestar que puede sentir en alguno de sus órganos. Se dirige mucho a los sentimientos, al cómo está, al cómo se siente.

«Ese acercamiento no tiene lugar tanto con el médico, cuya tarea esencial —cuando no está de guardia— es pasar visita, después de lo cual se va de la sala y regresa al otro día. Eso es una gran diferencia con nuestro trabajo, sin demeritar el de ellos, por supuesto».

Un quinquenio extraordinario

El último quinquenio ha sido extraordinariamente importante para la enfermería en Cuba. En 1999 comenzó la Maestría en Enfermería y a partir de 2001 surgieron tres especialidades: Atención al paciente crítico, Atención primaria de salud (o Enfermería comunitaria) y Enfermería Materno Infantil o Neonatología pediátrica y ginecobstétrica.

A finales de este año tendremos los primeros graduados en estas especialidades. Dos más van a ser aprobadas: Enfermería de la Salud Mental y Enfermería Médico Quirúrgica. Es decir que por primera vez en la historia vamos a contar también con licenciados en Enfermería que, a la vez serán especialistas en una función propia de la profesión.

Ahora bien, ¿qué piensan los jóvenes que se inician en esta profesión?, ¿cuál ha sido su experiencia?, ¿por qué se interesan por la Enfermería?, ¿se sienten estimulados?

Daysi Berdayes Martínez, decana de la Facultad de Enfermería del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana.

«Debemos utilizar las más avanzadas tecnologías, pero sin perder el sentido humanitario de la atención directa a las personas. Esa es la tarea esencial y la razón de ser de la enfermería cubana», nos dijo el joven licenciado Maikel Ruballo Dickenson, ubicado en una de las modernas ambulancias del Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM) en la provincia de Sancti Spíritus.

Y agrega: «El empleo de los “aparatos” más sofisticados con que contamos en Cuba, no interfiere en las acciones que se le ofrecen a la persona enferma, accidentada o que simplemente sufre algún tipo de malestar».

Joel Leyva Rodríguez, enfermero de Terapia Intensiva del Cardiocentro del William Soler, refiere que «los enfermeros están las 24 horas del día con las personas ingresadas, lo mismo en una posta médica en la punta de una loma, en un hospital rural, en uno urbano, en un consultorio del médico de la familia, en un instituto de investigación o dentro de una ambulancia. Su mano, su mente, su corazón deben latir al compás del familiar de la persona que atendemos y cuidamos. Si no es así, no es un profesional de ley».

Silvio Ernesto Socorregut, enfermero del Salón de Operaciones de la Clínica Central Cira García, en la capital, estima que «en todo enfermero la conciencia es lo principal, además del conocimiento. Uno puede contar con la última tecnología a mano, pero si no tiene el interés real de entregar los cuidados con esmero, amor y eficiencia, como el prójimo se merece, el trabajo es prácticamente nulo».

Pedestal de la medicina cubana

Juleiky García Beracierto, licenciado en Enfermería, quien ocupa el cargo de vicedirector docente de la dirección provincial del SIUM en la provincia de Ciego de Ávila, dice que «el enfermero juega un rol importantísimo, mucho más de lo que algunos piensan. Previene la afección en el ser humano sano, y cuida al que ha contraído cualquier enfermedad. Él es en realidad el fundamento, la base, el pedestal de la medicina en Cuba. Los enfermeros estamos insertados en todos los programas de salud del MINSAP. Hay quien dice que es la mano derecha del médico. Otros que es la izquierda también».

Pero no basta solo con pensar que los enfermeros son el pedestal, hay que asumirlo así todos los días. Por ello, es tan importante, como reconoce Noel Viera Valdés, no solo que el enfermero sea cada vez más cuidadoso con el que necesita de él, sino que ese trabajador de la salud tenga las mejores condiciones de trabajo.

Así piensa este joven que trabaja en el pediátrico Juan Manuel Márquez, en Marianao, en Ciudad de La Habana.

Oneida Torres Mendoza, vicedirectora de Enfermería de Pinar del Río, una enfermera de gran experiencia en terapia intensiva neonatal, confiesa que «en nuestras filas está el enfermero o enfermera neonatóloga, generalmente mujer. Es la que se pone los guantes y con el corazón latiendo al galope, introduce sus manos en la incubadora y cuida, alimenta y vela por los signos vitales de la criatura, sin preguntar a qué se dedica su papá o su mamá.

«En asuntos de amor fraterno, de ayudar a los desvalidos y de consolar a los tristes, no esperes que te lo pidan, no pienses que das más de lo que recibes, confiesa. El que consuela a un corazón triste, realmente recibe más de lo que da».

Ahora mismo son muchos los jóvenes y menos jóvenes que desde la profesión de enfermeros le bajan la fiebre a un niño o velan el sueño a un paciente en terapia intensiva. Y de mucho sirven para ello los conocimientos adquiridos durante los años de estudio y la superación constante, pero no es suficiente.

Al decir del espirituano Maikel Ruballo Dickenson, «la parte más noble del ser humano no es el corazón, como se piensa, sino el hombro. No obstante todo lo que hacemos por salvar la vida del prójimo, se nos puede morir una persona que está bajo nuestro cuidado, pero su familiar va a llorar precisamente apoyado en nuestro hombro, convencido de que tratamos de impedirlo».

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