Se busca un fijador (I) - Cuba

Se busca un fijador (I)

 

Autor:

Yailin Orta Rivera

La inconstancia o poca durabilidad de ciertos proyectos y servicios se ha convertido en una perniciosa carga que empaña la Cuba que soñamos

«Es más fácil descubrir el misterio del Triángulo de las Bermudas, que encontrar el “fijador” que mantenga la calidad y el entusiasmo de los primeros días en algunas de las iniciativas que emprendemos».

Así define el capitalino Raymundo González la inconstancia, un mal que aún no parece tener cura, y que se filtra con frecuencia hasta los tuétanos de la sociedad cubana.

El tema lo comentó uno de nuestros colegas en estas páginas, y repicó por esos días. Luego JR se interesó por los posibles signos y síntomas de dicha «enfermedad».

Aplicar su diagnóstico resulta aventurarse en la búsqueda de la aguja en el pajar. Uno de los entrevistados prefirió explicar en qué éramos capaces de ser constantes, porque de lo contrario, no podía precisar las horas que le tomaría responder semejante indagación.

El rosario de ejemplos de inconstancia o poca durabilidad de algunos proyectos y servicios abundó en un sondeo de opinión de este diario entre unas 200 personas.

El Tren Francés dejó de ser el mejor ejemplo de transporte ferroviario.

El Tren Francés fue uno de los casos mencionados. Un servicio especial que tuvo su apertura en 2001 y que le aseguraba a los ciudadanos la indemnización del pago del pasaje en caso de llegar retrasado a su destino (cubre el trayecto Habana-Santiago de Cuba), además de ofrecer confort.

«Con esta nueva opción, durante algunos años sentimos el alivio de los fatigosos retrasos de los demás trenes, de los malos olores de sus baños y del lamentable estado de los coches... pero como expresa el dicho: “La felicidad en casa del pobre, dura poco”», expresa Raúl Álvarez, del municipio de San Miguel del Padrón.

La impuntualidad de los viajes comenzó a ser tan frecuente, que a sus tempranos cinco años de explotación dejó de ser ejemplo de viaje ferroviario, y la retribución por las molestias ocasionadas con las demoras tuvo que ser invalidada.

Raysa Vega, de la provincia de La Habana, afirma que otro de los desaguisados fue el de las «taquerías», donde se ofertaban las célebres tortillas mexicanas. Aparecieron en varias arterias de la capital y ya no se encuentra ni una.

Yuselys Silveira, de Playa, expresa una frase que siempre le viene a la mente: «Vamos a ver cuánto dura». Ella se ha decepcionado con ciertas reparaciones de edificios, a cuya rehabilitación el país ha dedicado grandes esfuerzos, y en corto tiempo vuelven a presentar problemas.

Coinciden los entrevistados en que no se trata de construir o reparar y ya, sino de cuidar y darle mantenimiento a todo lo que hacemos.

«Los ves muy lindos por fuera, con pintura vistosa, pero cuando te fijas en detalles constructivos, te das cuenta de los malos trabajos, de las incontables chapucerías. Tampoco se trata de construir o reparar y ya, sino de darle mantenimiento a todo lo que hacemos. No debemos esperar a que los problemas sean críticos, porque la inversión será mayor», añade Orlando Gómez.

Y otra que se cuestiona asuntos semejantes es Gladys Cruz, vecina de Centro Habana, quien se sorprende ante la repetida reparación de la fachada de su edificio en solo un año. Cree que aunque el mar sea muy corrosivo para las construcciones, es impensable que destruya lo hecho en tan corto tiempo.

La escasez de baños públicos fue otra de las preocupaciones durante el sondeo, así como la insuficiente venta de tarjetas telefónicas prepagadas (moneda nacional) en los minipuntos u oficinas comerciales de ETECSA, lo que antes no sucedía.

La poca variedad de ofertas en los agromercados y la disminución de productos industriales en las ferias también salieron mencionadas en la investigación.

Para Reynaldo Pérez, de Centro Habana, las casas especializadas en la venta de té, queso, miel, entre otras delicias, pasaron ya su «racha». Cuando empezaron todo estaba muy bien, pero ahora ya es cosa del pasado.

Así, Sonia Ramírez recuerda con nostalgia los productos de salvado de trigo y las hamburguesas que en cierta ocasión abundaron. Y Carlos López, de la capital, trae a la conversación los desafortunados proyectos de aquellos establecimientos que vendían refrescos, cocteles y platos preparados con frutas tropicales, los llamados FrutiCuba.

«Yo no sé cuál es el meollo del asunto

—reflexiona Carmen López—, pero el caso es que la inconstancia es una constante. Hasta los mismos productos en CUC (peso convertible) que tienen alta demanda, de pronto desaparecen».

También quedaron empolvados numerosos proyectos para el empleo de la zeolita en diferentes sectores, apunta el holguinero Jorge Sánchez. Ha pasado el tiempo y las esperanzas que avivó en él la utilización del llamado mineral del siglo parecen fenecer. A ese paso este mineral tan alabado y santificado en otros momentos estaría por convertirse en el gran ignorado de la centuria.

¿A la medida del cubano?

En este céntrico minipunto de ETECSA, las tarjetas prepagadas en moneda nacional están ausentes de la venta desde hace no poco tiempo.

Un popular refrán sentencia que «lo que mal empieza, mal acaba»; sin embargo, varias personas, ante la inauguración o el restablecimiento de algunos servicios, le hacen sus aportes al adagio al afirmar que «lo que bien empieza... también mal acaba».

De la muestra de personas consultadas, solo tres consideraron que era posible mantener eficientemente producciones, servicios... después de su impulso o desarrollo.

Más de 150 encuestados sostuvieron que somos inconstantes. No podían entender, además, aquellos resortes que hacen tan difícil que lo bien planeado, concebido y proyectado, no pueda conservarse.

Alfonso Gutiérrez, de la Isla de la Juventud, asegura que hablar de nuestra inconstancia es igual a hablar de nuestra falta de sistematicidad, voluntad, entusiasmo y frescura en mantener lo que con tanto ánimo creamos.

«A veces nos trazamos metas, pero no se alimentan con suficiente creatividad día tras día», agrega Gutiérrez.

Apunta, por añadidura, que es un fenómeno muy complejo y multifactorial. Muchas veces no somos sistemáticos porque no desarrollamos los proyectos después de pensarlos bien y madurar las ideas hacia el futuro.

«Si fuera una regla, se cumple bastante bien entre nosotros; por supuesto con sus excepciones. Lo importante no es rescatar un lugar o un proyecto, sino conservarlo. Que llegue para quedarse», destaca Hugo Ramírez.

Rolando Chirino considera que esta inestabilidad es una manifestación socioeconómica, demográfica, cultural y política, asociada directamente a las diversas condiciones objetivas y subjetivas que tiene el ser humano en su entorno, y que repercuten en su escenario de desarrollo individual.

Y la estudiante capitalina Mónica Díaz define la inconstancia como un fenómeno social, determinado por el contexto sociohistórico concreto, y que se manifiesta en las irregularidades del proceso productivo y en los servicios. Se expresa como la pérdida del control de la calidad y la eficacia.

Piensa, además, que no es una cualidad del cubano, sino que se relaciona directamente con procesos de socialización en tiempos económicos y políticos diferentes, que determinan el sentir y el actuar de la población.

«No creo que sea exclusivo del cubano, pero supongo que nuestra forma de ser tiende a la inestabilidad y a la irregularidad, quizá porque nos falta diseñar otras maneras que favorezcan la constancia. Pero también hay que ser muy cuidadosos con esto, ya que no podemos solucionar dificultades generando problemas más graves», señala Leticia Suárez, también de Ciudad de La Habana.

Nueva sustancia en el ajiaco

Para Ángela González existen componentes culturales relacionados con el origen del cubano, con el ajiaco del que hablaba el doctor Fernando Ortiz y también con la cultura caribeña, que influyen en que seamos así. Primero mucho ímpetu, y luego este se disipa.

«Prácticamente es parte de la psicología del cubano. Y esto ha influido, por ejemplo, en la costumbre de acaparamiento. Cuando vemos que se está ofertando algo bueno, enseguida lo compramos, porque nos acostumbramos a que no se mantenga una venta sistemática de los productos», expresa Yolanda Cobo, de Las Tunas.

«Hasta en los pregones se manifiesta. Son muchos los vendedores que lo que dicen es: “Cómprelo, se acaba... Es el último que me queda...”», agrega Yolanda.

«Esta inestabilidad forma parte quizá del momento histórico. Hay diversas prioridades, y lo que puede ser importante hoy, mañana puede no serlo. Muchas veces se le da prioridad a lo del momento, sin pensar a largo plazo. Es propio del cubano, somos así, nos relajamos», opina Yordanka Gámez.

Más allá va Rayma Machado, quien cree que la inestabilidad no es privativa del cubano. No son solo razones culturales las causas del fenómeno, sino quizá la falta de planificación, organización y control por parte de las personas involucradas. No se trata de que sea exclusiva de los que vivimos en este lugar, sino de factores objetivos y subjetivos que lo ocasionan, y que deben entonces analizarse individualmente en cada sector donde ocurra.

Paradójica inconstancia

Otros valoraron como paradójicas y contrastantes las increíbles proezas que los cubanos hemos logrado durante casi medio siglo, y las innumerables brechas que también se han abierto en la constancia de diferentes proyectos.

Para Natalia Morejón, residente en la Isla de la Juventud, resulta contraproducente que se exprese este hecho en muchas esferas de la vida, cuando hemos dado sobradas pruebas de ingenio y creatividad hasta en los momentos más difíciles. Se resiste a creer que sea una medida del cubano.

La mayoría de los encuestados manifestaron que donde más subyace la inconstancia es en los servicios, porque con solo nombrar los significativos hechos que conforman la historia de la nación, sobraría ese etiquetado en los cubanos. Y hasta existen experiencias en el sector más aludido por este fenómeno que demuestran que es posible despojarnos de tales tendencias.

La capitalina Mercedes Bendicho considera que deberían extenderse ciertas fórmulas y experiencias en los servicios que se aplican en otras provincias, ya que en visitas reiteradas a Bayamo (Granma) ha podido disfrutar de la buena calidad y excelente trato en diferentes establecimientos, los que a pesar del tiempo de inaugurados permanecen con iguales bríos.

También a Hansel Pérez le motiva que se estén manteniendo después de un tiempo restaurados los establecimientos gastronómicos de la céntrica 23 en el capitalino barrio del Vedado. «Ojalá y no bajen nunca la guardia los colectivos», señala.

Otro de los territorios referidos fue la ciudad avileña. Esther Hernández quedó admirada con el servicio de sus restaurantes. Y manifiesta que si ahí se logra en el resto del país también puede hacerse.

El capitalino Luis Monzón Ferrer, como otros muchos encuestados, se refiere a los constantes avances que hemos logrado en el campo de la biotecnología, en el campo de la salud, la educación y el deporte. Luis habla de estos grandes empeños persistentes que han hecho de Cuba una abanderada y de su pueblo un paradigma.

Es indiscutible —afirma el entrevistado— que el país a lo largo de todos estos años ha demostrado con creces que muchos sueños pueden hacerse realidad con las ganas, la voluntad, el trabajo y hasta con el corazón. Cuba muestra índices en diferentes terrenos comparados con países desarrollados.

«Pero, es también esta tendencia a la inestabilidad una realidad que nos mortifica y que se sufre cotidianamente. Y es increíble que suceda, cuando hay incontables razones y ejemplos de las hazañas que se han logrado a lo largo de estos años», sostiene Ferrer.

Volteando La Moneda

Durante la investigación decidimos visitar algunos de los llamados «sitios sin fijador» en busca de los posibles factores que han motivado estos estados de opinión.

Hacía solo unos días que el Tren Francés había sufrido uno de sus grandes retrasos cuando llegamos a la Estación Central de Ferrocarriles. Por dificultades técnicas se vio obligado a postergar su salida hasta altas horas de la madrugada.

Milagros Borrego, quien es actualmente jefa de turno y labora en el lugar desde hace casi dos décadas, explica que el «especial» ha dejado de funcionar establemente porque sus coches-planta comenzaron a presentar deficiencias.

«En los primeros días teníamos dos formaciones de coches, pero los años de explotación fueron deteriorándolas, y ahora solo contamos con una», señala la jefa de turno.

La representante del Tren Francés, Yanela Ramos, argumenta que hubo que disminuirle la velocidad a 70 kilómetros por hora, por los problemas en las vías y por el mismo deterioro técnico que fue sufriendo con el tiempo. Ahora, en vez de llegar en 12 horas a su destino, debe llegar en 16.

La especialista Moraima Luis reafirma que los mayores problemas que presenta este destino son el deterioro del equipamiento y la falta de piezas de repuesto.

En la Agencia Última Hora de la terminal La Coubre, donde se venden pasajes interprovinciales de lista de espera, su directora, Lázara Rodríguez, explica que se está valorando la posibilidad de aumentar las taquillas, ante las constantes sugerencias de personas que muchas veces pasan más de tres horas solamente para anotarse.

Por su parte, Berglindes Herrera, jefa de gastronomía del Parque Almendares, refiere que los servicios habían cerrado temprano el día que frecuentamos el sitio porque tenían problemas con el agua. Y aseguró que ellos estaban ofreciendo hasta 12 productos, que no entendía cómo las personas podían decir que la oferta no era la misma.

En el mercado agropecuario El Arroyo, comentan sus directivos que los suministros que reciben han disminuido considerablemente, en comparación con los del año 2001, cuando se inauguró.

Algunas de las causas, según Marilyn Cubilla, jefa de almacén, y René Soto, responsable del control de la calidad, son los problemas que han presentado con el transporte. Anteriormente tenían dos camiones y ahora solo uno, que para más desgracia, hace dos meses está roto.

También añadieron que su principal comercializadora de productos agropecuarios no tiene una oferta muy amplia.

En el mercado Plaza del Cerro, en la Ciudad Deportiva, Domingo Bravo explica que uno de los motivos por los que ha decaído la oferta de los primeros días, es la falta de vínculos entre los productores y el mercado. Igualmente refiere que no pueden variar los productos cárnicos, porque no tienen una cámara de congelación que permita mantener subproductos de cerdo.

El económico comenta que por problemas con el transporte no tienen mayores niveles de gestión. Tampoco pueden comprarles a los productores, por ejemplo, volúmenes de tomate, porque lo venden a precios muy elevados y ellos tienen que expenderlos con precios topados, debido a que uno de sus objetivos sociales es disminuir cada vez más los precios del «agro».

En el caso de la zeolita, la ingeniera Marilis Villena, del grupo empresarial GEOMINSAl, explica que hasta los años 90 se perfilaba un amplio desarrollo e introducción de aplicaciones de este mineral. Sin embargo, la crisis influyó desfavorablemente en ello por la aguda situación con el transporte y los combustibles.

«En la actualidad existen diferentes instituciones del Grupo Empresarial, como el Centro de Investigaciones para la Industria Minero Metalúrgica (CIPIMM), el Instituto de Geología y Paleontología (IGP), así como el Instituto de Suelos y el de Ciencia Animal, entre otras, que acumulan un considerable volumen de resultados, de los cuales solamente se han introducido en la práctica productiva una cantidad limitada», comenta la especialista.

No es mayor —argumenta— por dificultades en los canales de distribución de los productos de zeolita (incluyendo el transporte) y la promoción de su uso, entre otros factores.

«Agricultores, productores y dirigentes de las empresas agropecuarias del país, y de otras ramas de utilización del mineral, conocen y tienen referencias de las bondades de este; sin embargo, no existe la infraestructura logística necesaria para dar respuesta a la demanda», sostiene.

Como puede verse, en cada lugar existe una explicación «objetiva» que «justifica» el paulatino deterioro de lo que un día comenzó con ímpetu. Solo habría que explorar en el inmenso agujero negro de la subjetividad que también acompaña este fenómeno.

Cosas y causas

En el sondeo de opinión que aplicó nuestro diario, casi el 50 por ciento de los encuestados destacó como posibles causas de la inconstancia la falta de seguimiento, organización y supervisión de los proyectos, y el interés de algunos de quienes allí trabajan por satisfacer —con los recursos a su disposición— sus problemas personales.

La oferta deficitaria, la falta de correspondencia de los salarios con las exigencias económicas, la apatía del personal en mantener un buen servicio y la escasez de una «mano dura» por parte de directivos e inspectores, fueron otros de los puntos neurálgicos que preponderaron en la pesquisa.

El estudio arrojó que realmente el país está sometido a un bloqueo económico que nos sume en innumerables carencias materiales, pero que tampoco puede convertirse este hecho concreto en excusa para justificar desatenciones, maltratos, la mala calidad de lo que se expende o las enrevesadas gestiones que determinadas oficinas obligan a efectuar.

Varios entrevistados coincidieron en que algunas personas también se amparan en los terribles daños que ocasionan los ciclones, para sumarle su lista de deficiencias al evento meteorológico.

Más de la mitad de los interrogados argumentó que las instalaciones que se inauguran comienzan color rosa, y que esto solo dura unos meses, o con mejor suerte un par de años.

«El relajamiento señorea entre los trabajadores. Y algunos directivos parecen quedarse postrados detrás de su buró, sin escuchar ni dar respuesta a las quejas de los clientes», comenta Jesús de Armas.

«Otro punto importante es que algunas personas a veces no están capacitadas para realizar las funciones que desempeñan. Hay quienes ya no quieren ni quejarse, y se conforman. Uno paga un servicio y sin embargo te hacen sentir que están haciéndote un favor, cuando este es su contenido de trabajo», agrega Leonel Montejo.

Para Felicia Martínez, vecina de Pinar del Río, la inconstancia es la gran piedra en el zapato que tiene nuestra sociedad.

«Se pierde el engranaje que facilita el desarrollo armónico de las cosas, lo mismo desde el resquebrajamiento del colectivo, que desde los administradores o los superiores. Luego, cuando queremos recuperarlo, la pérdida es tal que habría que someterlo a reparación capital. Uno es cubano y conoce las implicaciones que esto tiene en nuestra economía; por eso hay que conservar y cuidar más lo que tenemos», acentúa.

Hugo Ramírez, de Alamar, piensa que las indisciplinas sociales, junto a la falta de control de las administraciones, incrementan nuestra estrechez económica.

La mayoría de los encuestados coincidió en que no somos pocos los que en vez de arreglar, clausuramos; en vez de mantener, deterioramos, y en vez de actuar, esperamos y esperamos por la iniciativa de otros...

La inconstancia, creciendo como el marabú, nos nubla la Cuba que soñamos, cuando ha sido precisamente su contrario, la tenacidad y perseverancia, por lo que se ha caracterizado el proceso revolucionario cubano desde 1868. Un único proceso que nunca ha claudicado en el ideal de tener una nación con independencia nacional y justicia social.

Pero si ha habido firmeza centenaria en el horizonte histórico de nuestra patria, en las ideas y principios, algo por lo que somos reconocidos en el mundo, ¿vamos a dejar que la constancia en propósitos que dan cuerpo y fuerza a ese empeño mayor se desvanezca en casa?

(Agradecemos a Sara Cotarelo y Elayna L. Espina, del equipo de Investigación de JR, su apoyo en la realización de este trabajo.)

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