Llamaradas imprudentes

A pesar de los esfuerzos por prevenir los incendios forestales, muchas entidades e individuos violan las medidas establecidas para evitarlos

Autor:

Juventud Rebelde

Marzo 31 de 2007. 11:20 horas. En Los Arroyotes, un lugar ubicado entre el terraplén de Santo Tomás y el de San Lázaro, Ciénaga de Zapata, se detecta un incendio forestal que por las condiciones climáticas amenaza con extenderse rápidamente.

La humedad relativa en ese momento, de un 75 por ciento, así como los vientos erráticos, con velocidades de hasta 35 kilómetros por hora, y el abundante material combustible, resultado de la sequía, se convierten en una bomba de tiempo.

El incendio forestal de La Criolla, como se le conoce, se mantuvo activo durante 45 días, afectando a 5 320 hectáreas, de estas 3 920 de bosque. La evaluación de un equipo multidisciplinario integrado por especialistas de los ministerios de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y de la Agricultura, y el Cuerpo de Guardabosques, del Ministerio del Interior, situó los daños en casi dos millones de pesos y más de seiscientos mil pesos convertibles. Sin embargo, un impacto mucho mayor tuvo en la ecología y el medio ambiente.

Los suelos de las áreas incendiadas sufrieron severas afectaciones. Las aguas del lugar, durante las posteriores lluvias intensas a mediados de junio, aumentaron un 20 por ciento el escurrimiento desde las zonas quemadas, arrastrando consigo grandes volúmenes de ceniza y de material en solución, a través de conductos cársicos, drenajes naturales y canales, hacia áreas marinas adyacentes.

La vegetación se vio impactada seriamente, no solo por la quema directa de muchas especies, sino porque en la regeneración natural se estima que tenga lugar una colonización del área por especies invasoras. Además se perdió la posibilidad de tener semillas y ejemplares de alta calidad en estos bosques.

También se afectó el hábitat de numerosas aves, como sijú platanero, tocororo, pedorrera, carpintero jabado, bobito chico, pitirre guatíbere, totí y tomeguín de la tierra. Además, como la fecha del siniestro coincidió con la época de nidificación de la gran mayoría de las especies de aves cubanas de bosques, se calcula que hubo una pérdida grande de individuos jóvenes en las áreas carbonizadas. Anfibios y reptiles igualmente murieron por el fuego, o perdieron el lugar donde vivían.

Lo curioso es que las investigaciones sobre el incendio forestal de La Criolla, uno de los más grandes ocurridos en Cuba durante 2007, indican que se inició en un trillo que conduce hacia una laguna cercana, transitado por pescadores y cazadores furtivos, y que tuvo un solo foco, lo cual permitió a los especialistas llegar a la conclusión de que su causa fue la negligencia.

Cenizas costosas

 

 

 

 

 

 

Durante el período enero-junio de 2006 se reportaron en Cuba 314 incendios forestales que afectaron a 10 408 hectáreas. Al 93 por ciento se le determinó su origen, y de estos el 88 por ciento se debió a causas humanas, fundamentalmente negligencias (74 por ciento) e intencionalidad (14), mientras que solo un cinco por ciento se desató por causas naturales.

Increíblemente, a pesar de las diversas campañas de comunicación y educación ambiental lideradas por el Cuerpo de Guardabosques de Cuba, así como por entidades del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y de Educación, todavía es poca la conciencia del peligro que puede significar una llama para los bosques.

La vigilancia constante de las áreas boscosas, por parte del Cuerpo de Guardabosques de Cuba, ayuda a detectar tempranamente muchos incendios. Millones de pesos se pierden cada año por quemas irresponsables de desechos agropecuarios, de potreros y lugares donde se quiere desbrozar el suelo para sembrar, e incluso como resultado de la acción irresponsable de fumadores. Solo en 2006 los estimados llegaron a 3 540 587 pesos de pérdidas directas y 9 932 225 pesos de pérdidas indirectas, para un total de 13 472 812.

Son muchas las entidades involucradas en el cuidado de los bosques y áreas verdes, y no obstante el trabajo realizado aún no es suficiente, afirman especialistas del Cuerpo de Guardabosques, quienes combaten directamente cientos de fuegos forestales cada año.

El aumento de estos sucesos tiene múltiples causas. Por un lado están las condiciones climatológicas a nivel mundial y regional, que han favorecido los procesos de sequía. Pero además en los últimos años han influido también las consecuencias que dejaron a su paso los huracanes ocurridos en el 2005.

Tanto Arlene (junio), Dennis (julio), Katrina (agosto), Rita (septiembre), como Wilma (octubre), derribaron árboles y ramas, los cuales, con la falta de lluvia, se convirtieron en material combustible.

Así, se sabía que en regiones como Granma, la parte oriental de la Ciénaga de Zapata, en Matanzas, y el norte de la provincia de Pinar del Río, existían condiciones propicias para la ocurrencia de fuegos. Y aun con la vigilancia estricta de guardabosques y otros colaboradores, decenas de ellos no pudieron evitarse.

Quemas controladas

Los incendios forestales, según su tipo, pueden clasificarse como superficiales, subterráneos o de copas. Además, varían en sus manifestaciones de acuerdo con el lugar del país, las condiciones climatológicas y las especies vegetales que predominen.

Aun cuando los especialistas consideren que en determinado momento los incendios pueden tener un efecto positivo, cuando estos quedan fuera de control los daños a veces son irreparables.

Para evitar esto en muchas ocasiones se hacen quemas controladas, ya sea para eliminar residuos de cosechas, preparar sitios para siembra, mitigar plagas y enfermedades, manejo del hábitat, producción de carbón, mejoramiento de pastos y forrajes, eliminación de malezas o para evitar otros incendios forestales.

Igualmente está dispuesto por la Ley No. 85 de julio de 1988, o Ley Forestal, que cada poseedor de tierras debe adoptar una serie de medidas preventivas de los fuegos, especialmente si se encuentran cerca de bosques, como circundar estos con fajas limpias, líneas cortafuego o mineralizadas, así como áreas verdes y trochas desbrozadas.

A esto se une la obligación de que los transportes automotores circulen con matachispas, la prohibición de fumar y la necesidad de solicitar permisos al Cuerpo de Guardabosques para hacer uso del fuego en áreas de bosques y colindantes.

Sin embargo, poco de esto se cumple correctamente, e incluso se viola cotidianamente. Así se evidencia en las inspecciones realizadas por el Cuerpo de Guardabosques, en las que se multa a los infractores con cuantías que van desde los 50 hasta los 500 pesos.

Estas multas, si bien sirven como elemento de disuasión, no son ni remotamente iguales a las pérdidas que causan los incendios, e incluso se quedan muy por debajo para castigar las negligencias, causa número uno de estos desastres.

Cuba, que ha visto aumentar en los últimos años su superficie boscosa, podría verla reducirse por los cambios climáticos que traerán eventos cada vez más extremos, como ciclones o sequías, máxime si después de estos, un fósforo lanzado al azar causa un pandemonium de fuego.

Gases nocivos En el recuadro, humo del incendio en La Criolla, en 2002.

En Cuba el promedio de hectáreas quemadas en incendios forestales para el período 1961 a 2006 es de 6 128 ha. Esto significa un 60 por ciento de las emisiones de gases a la atmósfera que anualmente lanza el país. Si a esto se le une que las emisiones por la quema del suelo se calculan en otro 20 por ciento, el total de gases emitidos por las quemas forestales ascenderían a un 80 por ciento. Como resultado de esto, en 2006 se vertieron a la atmósfera 26 335 t de dióxido de carbono, 14 499 t de monóxido de carbono y 1 860 t de hidrocarburos y partículas.

La vigilancia constante de las áreas boscosas, por parte del Cuerpo de Guardabosques de Cuba, ayuda a detectar tempranamente muchos incendios.

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