El bloqueo cultural persiste en la política gubernamental estadounidense

Tiene una influencia mayor cuando se trata de la prohibición de mostrar en suelo norteamericano lo mejor de la creación cubana

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Foto: Roberto Suárez La ceremonia de los famosos Grammys Latinos, premios otorgados por la Academia Fonográfica norteamericana para destacar la discografía del continente —a tono con la fuerte población hispana en su suelo—, exhibe nexos de complacencia cada año con una política negada a apreciar el talento por encima de absurdas leyes.

Son conocidos los ejemplos de agrupaciones cubanas como Van Van y el grupo de Compay Segundo, a las que el Departamento de Estado norteño ha denegado visas para asistir a la premiación, por el simple hecho de vivir en la Isla. Los ejemplos se suceden en otras manifestaciones del arte.

Así lo corrobora a Juventud Rebelde Fernando Rojas, viceministro de Cultura.

El alto funcionario, al hacer un repaso por las relaciones culturales entre ambos países en la actualidad, valora que existe un vínculo histórico e intenso. «Somos naciones signadas por influencias múltiples de una cultura en la otra: la música popular cubana influyó en la creación musical norteamericana, lo mismo que el jazz lo hace en la nuestra.

«En Cuba se conoce la música norteamericana y se está al tanto su literatura. Se ha publicado muchísimo a los grandes autores y consta el hecho particular de que Ernest Hemingway residió acá. Es una huella de la que nos sentimos orgullosos, porque hizo gran parte de su obra en la Isla.

«Hay una relación de respeto entre ambos pueblos, de comprensión, de necesidad de conocernos y de que esas relaciones continúen profundizándose. Conocidos allá son el Ballet Nacional, la propia Alicia Alonso, que ha sido una figura importante en los escenarios de ese país, y la música popular más reciente. Son elementos cautivantes para el público estadounidense. Estas interdependencias nos han enriquecido. Lo que hay que lamentar es, sencillamente, que el bloqueo impida que florezcan más y se cultiven esas relaciones».

—En materia de afectaciones monetarias al sector en este año, ¿en cuánto puede estimarse los efectos del bloqueo?

—Algunas tienen que ver con los ingresos. No se percibe nada por exportaciones de bienes y servicios hacia el mercado norteamericano, ni tampoco por negociaciones con terceros países, como consecuencia del bloqueo. Eso está cuantificado.

«Por concepto de participación en eventos y específicamente, los del libro —así como congresos académicos—, hemos estimado que al estar ausentes de esos espacios no se vendió ni comercializó y, por tanto, se dejó de ingresar 70 000 dólares. En tanto, en el comercio cotidiano de la literatura se ha dejado de percibir 80 000 dólares. Las afectaciones a los pagos de derecho de autor al no poder exportar hacia ese mercado, están apreciadas en un 30 por ciento del conjunto de los desembolsos por ese concepto.

«En la discografía, otro rubro importante teniendo en cuenta el interés por nuestra música, se cuantifican alrededor 300 000 dólares en el caso de Bismusic, el sello discográfico perteneciente a ARTEX. En el caso de la EGREM, la cifra se aproxima al millón de dólares. La suma indica 1 300 000 dólares por no poder exportar nuestros discos —así sucede con las artes plásticas: no han podido entrar en EE.UU. obras cubanas por un valor de 800 000 dólares.

«Existen ejemplos que muestran los gastos adicionales en los que incurrimos por reubicar exportaciones en otros mercados. Al no poder expedir hacia allí, tienes que buscar otros espacios y se estima que en el caso de la discografía se ha incrementado en un 20 por ciento de todos los gastos.

«Por esa misma causa se producen diferencias de precio que incrementan el volumen de las importaciones, y el efecto económico negativo que, por ejemplo, se ha calculado para el caso de ARTEX es de 107 000 dólares.

«Las afectaciones a la producción se evidencian cuando no podemos contratar servicios de producción con empresas norteamericanas. Las consecuencias del bloqueo se ilustran en el incremento del nivel de gastos en fletes y seguros. Estimaciones como las hechas para la empresa que vende los libros, Ediciones Cubanas, indican 160 000 dólares por tal motivo, para el caso de ARTEX, la cifra es de 178 000, mientras en la plástica es de 20 000.

«Constituyen limitantes las afectaciones monetarias y financieras. Un banco que tiene su casa matriz en territorio norteamericano no puede tramitar cobros con los de aquí, lo cual, en la parte editorial (libros y publicaciones), ha producido pérdidas por un valor de 100 000 dólares».

—Usted hablaba de cifras que son sumamente necesarias, pero ¿cómo medir en términos culturales los daños del bloqueo?

—Eso es lo más importante. Mucho más significativo que las afectaciones reales y cuantificadas, resulta lo que estamos perdiendo el público norteamericano y nosotros. Sin embargo, pienso que ellos se están perdiendo más, porque en la Isla siempre hacemos un esfuerzo por dar a conocer las mejores creaciones de todas las culturas, aunque contamos con otro problema: a veces no exhibimos lo más representativo de la producción de la industria cultural norteamericana. Es una cosa que tenemos que resolver.

«Pero no caben dudas de que se omite al público norteamericano un extraordinario tesoro, una riqueza cultural. Ese es el principal efecto del bloqueo para la cultura: la tremenda dificultad que existe para que nos conozcamos mejor y disfrutemos de las mutuas creaciones artísticas».

—¿Qué impacto tiene la política de Washington en el intercambio cultural de los dos países? ¿Qué grupos, artistas, personalidades e instituciones se han visto afectados recientemente?

—La negativa de visas ha perjudicado a artistas como Digna Guerra, una gran cantante y directora de coros. También se ha apreciado con investigadores de distintos ámbitos y jóvenes miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Tampoco han asistido cineastas cubanos al Havana Film Festival de Nueva York, un importantísimo evento del séptimo arte.

«Algo similar ha pasado cuando se han negado visas a artistas de la plástica o a escritores para participar en la Feria del Libro de Puerto Rico, documentos que, como es sabido, tiene que concederlos el Departamento de Estado. Igualmente, ha sucedido con compañeros del Consejo de Patrimonio, quienes han tratado de asistir a reuniones en Estados Unidos, relacionadas con la conservación del legado de Ernest Hemingway, obstaculizándose el convenio firmado para la protección del mismo.

«Resumiendo este aspecto, podemos decir que la concesión de las visas fue decreciendo, año tras año, hasta situarse actualmente en cero.

«En el informe presentado por el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, podrán encontrar situaciones inauditas como la no publicación allá de textos de José Lezama Lima y Virgilio Piñera, sencillamente por ser cubanos. Como si esos autores, después de muertos, pudieran significar algún peligro en términos políticos para Estados Unidos (no hay forma de pagar y de obtener una licencia por parte de universidades y revistas). Esas situaciones limitan la relación entre nuestros artistas, investigadores y estudiosos».

—¿La extraterritorialidad de estas leyes puede ser un elemento sustancial para alejar la presentación de artistas extranjeros en la Isla?

—En efecto. Y hay ejemplos precisos de intenciones que no han podido ser. Una filmación de un proyecto de Hemingway no se ha podido concretar por esa razón. Steven Soderbergh (Sexo, mentiras y cintas de video, Traffic, Erin Brockovich), el gran cineasta, realiza ahora una película sobre el Che y ha tenido limitaciones para poder desarrollar su trabajo acá. Michael Moore, como se sabe públicamente, ha sido sometido a un proceso investigativo por haber filmado en Cuba.

«Es bastante común la restricción para viajar hacia Estados Unidos y los riesgos que tiene que afrontar el que viene acá. De hecho, cuando una persona amiga visita la Isla, hay que manejar con cuidado las noticias sobre su presencia, de manera tal que se conserve la discreción y eso ya es algo incómodo.

«Realmente venir acá se convierte en un acto de valentía y es percibido allá como un acto hostil. El intercambio entre artistas y el de creadores con el público es considerado un acto discrepante. Suena absurdo, pero es así lamentablemente».

—¿De qué modo incide el bloqueo en la enseñanza artística cubana y su programa internacionalista de otorgamiento de becas?

Foto: Albert Perera Castro —El impacto interno del bloqueo ha limitado al máximo la enseñanza artística y el desarrollo de nuestros profesores y estudiantes no solo económicamente, sino también en lo referido al propio talento artístico, debido al déficit de materiales, equipos, accesorios... Hemos tenido que buscar alternativas y soluciones para adquirirlos a costos muy superiores en terceros países, en muchas ocasiones, y en otros casos hemos contado con la solidaridad de personas, grupos, instituciones y organismos no gubernamentales que, desinteresadamente, nos los han aportado a través de donaciones, lo cual es altamente valorado por estos centros educacionales y por la dirección del país.

«Otro de los aspectos negativos es la constante incitación a nuestros profesores, estudiantes y representantes en general, de las diferentes instituciones de la enseñanza artística, a la emigración y fuga de talentos, haciéndoles propuestas sumamente ventajosas como el otorgamiento de becas, y prebendas económicas con el fin de debilitar el sistema y desprestigiar a nuestra Revolución.

«A pesar de esa adversa situación, no se ha detenido el desarrollo de la enseñanza artística, para la cual se ha destinado y priorizado el presupuesto, para que nuestros estudiantes reciban todo lo necesario para su formación como futuros profesionales de la cultura cubana. Algo que también se evidencia en el apoyo que brindamos al movimiento de jóvenes talentos, la participación en eventos, talleres y concursos internacionales, donde el nombre de nuestro país se ha puesto bien en alto; y ejemplo de ello lo constituyen los múltiples premios obtenidos a nivel internacional por los diferentes centros e instituciones que pertenecen al Sistema de la Enseñanza Artística».

—¿Es la cultura cubana un producto atrayente para el sector empresarial estadounidense?

—Sin lugar a dudas. Y existen intereses y deseos de trabajar juntos, pero sucede lo mismo: la presión sobre la gente y la dificultad para iniciar un proceso de aproximación a nuestra industria cultural, tiende a desestimular, no ya la formalización de una relación que hoy es absolutamente imposible por la Ley, sino la propia manifestación del interés.

—¿Qué puntos de la cultura del país se beneficiarían con el levantamiento del bloqueo?

—Creo que en todos. Lo primero es que nos conoceríamos e intercambiaríamos mucho mejor sobre importantes creaciones. Eso es lo esencial. Habría más capacidad para acercarnos. Y después, por supuesto, habría oportunidades de importar y exportar con el acceso a ese mercado geográficamente tan cercano, pues hay demandas de la música, danza y cine cubanos.

«Hay millones de personas en Estados Unidos que hablan español y esto lo convierte en un mercado natural. Se resolverían problemas como el de los fletes que explicaba anteriormente y los vinculados con las transacciones financieras. Tendríamos muchas ventajas».

—Existe una realidad: la cultura de la Isla ha encontrado antídotos contra las proscripciones yanquis. ¿Cómo establecemos nuestra estrategia a otras partes del mundo a pesar de las presiones?

—Tenemos la vocación de tratar con todos los países y pueblos. Está en la raíz misma de la formación de la cultura cubana, en nuestro internacionalismo y en la manera en que hacemos la política exterior —sostenemos relaciones diplomáticas con la mayoría de los países.

«En la esencia de lo nacional está la diversidad, algo que hemos convertido en una práctica cotidiana y promovemos el disfrute del arte local y universal. Practicamos una política de amplio razonamiento y reciprocidad. De ahí que cada vez tengamos más festivales y semanas de la cultura tanto aquí como nuestras en otros países, a la vez que enviamos delegaciones a otras naciones del mundo».

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